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Los nicaragüenses se cansaron de Daniel Ortega

El socialismo del siglo XXI fracasa nuevamente. Cada vez que lo intentan ejecutar resulta en una dictadura y en deterioro económico. Los nicaragüenses son las víctimas más recientes de este sistema político-económico fallido. Cada día aumenta la represión del régimen de Daniel Ortega y mueren ciudadanos a manos de paramilitares y de fuerzas de seguridad del Estado.

La Casa Blanca no considera que deba intervenir militarmente. Sin embargo, el canciller de la dictadura socialista de Venezuela, Jorge Arreaza, ofreció a las fuerzas “revolucionarias” de su país para intervenir a favor del régimen de Ortega. Ambos estados recurren al discurso de un supuesto golpe de Estado planificado por la “derecha” y el gobierno de Estados Unidos (EEUU). Usan esa excusa fabricada para justificar asesinatos de opositores y secuestros.

Si EEUU interviene militarmente, le dará motivos a las dictaduras de Nicolás Maduro y de Daniel Ortega para denunciar que se viola la soberanía de sus estados. La doble vara y el uso de proyecciones psicológicas son mecanismos que usan los socialistas para atribuirle a otros sus propias acciones. Por tal razón, el presidente de EEUU, Donald Trump, ordenó imponer sanciones contra funcionarios del régimen orteguista. Es la misma medida que tomó contra el régimen madurista.

Hay muchas cosas en común entre ambos regímenes. Por ejemplo, usan el “diálogo” como forma de ganar tiempo, pero sin un compromiso real de llegar a acuerdos. Rechazan la mediación de El Vaticano y de la Iglesia católica local. Usan a los paramilitares para realizar el trabajo ilícito y violar derechos humanos; reprimen sin asumir la culpa; niegan y niegan, aunque haya evidencia. Permiten la entrada de agentes y de militares del régimen cubano, que asesoran a sus aliados socialistas y reprimen a los opositores. Realizan expropiaciones. Irrespetan el orden constitucional. Se perpetúan en el poder. Manipulan el proceso electoral. Están dispuestos a mantener condiciones de deterioro que lleven al desgaste de los opositores.

La mayoría de los más de 350 muertos, de los más de dos mil heridos y del número indeterminado de desaparecidos en Nicaragua son hombres jóvenes. Hay muchos universitarios. También, hay más de dos decenas de menores de edad que fueron asesinados por paramilitares. El perfil de los muertos en Nicaragua es similar al de los muertos por la represión del régimen venezolano. Los hombres en edad militar y laboral y los universitarios son el blanco principal.

Los jóvenes manifestantes realizan bloqueos de carreteras y usan resorteras, botellas, piedras y otras armas rudimentarias para defenderse. Se enfrentan a paramilitares y a fuerzas de choque que disparan con balas vivas. La mayoría de las ejecuciones son con disparos a la cabeza. Disparan a matar.

La Iglesia católica también es blanco de los ataques. Ortega acusa al obispo auxiliar de Managua, el Monseñor Silvio Báez, y a la Iglesia de golpista. El régimen de Ortega reprime a todo el que lo cuestione.

Tan obsesivo y autoritario es Ortega que ordenó asediar a Masaya, una ciudad opositora. Combinó fuerzas del ejército con paramilitares.

Los ciudadanos americanos que se mudaron a Nicaragua para gozar de su retiro no esperaban esta crisis política. Ortega cometería un grave error si llega a matar a extranjeros, sobre todo a ciudadanos americanos. El uso de paramilitares posibilita que esto pase, pues no se tiene el mismo control y disciplina.

El embajador de EEUU ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo, indicó que se haría todo lo posible para que Nicaragua regrese a la democracia. Cualquier movida torpe por parte de Ortega daría paso a mayor injerencia de EEUU.

La OEA votó a favor de que se adelanten las elecciones presidenciales de Nicaragua para el 2019. Ortega se negó. Esto demuestra que no está dispuesto a negociar. Clasifica a los opositores como golpistas y no acepta que pierde control del País.

Por el momento, no se escucha nada sobre Rubén Berrios, el líder vitalicio del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) que fue nombrado por Ortega como asesor. No se ha distanciado del régimen ni ha emitido ninguna declaración en la cual denuncie la violación a derechos humanos y la ausencia de democracia.

Son muchos los líderes de opinión que apoyaron al socialismo del siglo XXI, pero ahora hacen mutis. Si no hacen ni dicen nada, perderán la poca credibilidad que les queda.

 

 

 

 

 

 

 

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