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Trump atiende el problema del precio del petróleo

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) opera como un organismo que regula el precio del barril de petróleo, porque los miembros producen gran parte de la oferta global y poseen la mayoría de las reservas. En la actualidad, Irán y Venezuela afectan el precio del barril, debido a la crisis política, económica y otros problemas que limitan su producción. Ambos estados están en la mira de la Casa Blanca, no solo por el aumento del precio del barril, sino por sus regímenes autoritarios.

El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, contrarresta las políticas que perjudican los intereses de la Nación. Eso implica revisar tratados, renegociar acuerdos, proponer reformas en la política doméstica (como la reforma contributiva) y presionar a organismos supranacionales que toman decisiones que perjudican a EEUU. Por esto, Trump denuncia a la OPEP, por sus prácticas monopolísticas.

Este organismo compite con EEUU desde su creación. Entre sus cinco miembros fundadores está Irán y Venezuela, dos estados con regímenes cuyos marcos ideológicos se distancian de EEUU. Sin embargo, uno de estos cinco estados es un aliado en la actualidad: Arabia Saudí.

El príncipe heredero saudí, Mohámed bin Salmán, propone reformas significativas que coloquen a su país como potencia económica y líder regional. Se ha reunido con Trump en la Casa Blanca y guarda una relación estrecha. No debe sorprender que aceptara la recomendación de Trump sobre aumentar la producción de petróleo para bajar los precios y compensar por la baja en la producción de Irán y Venezuela.

Esta movida le resta fuerza a la OPEP y acerca a EEUU a Arabia Saudí. Irán es un enemigo común y hay otros intereses económicos y regionales que los acercan. Por ejemplo, bin Salmán reconoce la existencia del estado de Israel y se distancia de la perspectiva iraní y de otros estados, predominantemente musulmanes, que no aceptan la existencia del estado judío.

Un par de tuits publicados en la cuenta de Twitter de Trump informan sobre la solicitud a bin Salmán y sobre lo poco que hace la OPEP para reducir el precio del barril de petróleo. La OPEP vela por los intereses de sus miembros. EEUU no forma parte. Para Trump, es su deber presionar y lograr que baje el precio del barril.

EEUU aumentó su producción de barriles de petróleo en el 2018 y se acercó a su récord histórico de producción diaria, compitiendo por el segundo puesto como mayor productor de petróleo, que lo ocupa irónicamente Arabia Saudí. Es un modo de aumentar los empleos en el sector energético y ayudar al crecimiento económico del País. También, sirve para contrarrestar el acuerdo entre Rusia y la OPEP de reducir la producción global, para provocar una reducción de las reservas de los países y aumentar el precio.

Rusia y la OPEP, entre otros estados productores de barriles de petróleo, buscan que se agoten las reservas compradas a precios bajos, para luego aumentar la producción en el 2019 y beneficiarse del aumento en el precio en la actualidad.

El acuerdo verbal entre Trump y bin Salmán rompe con la reducción en la producción que lidera la OPEP.

Estas decisiones de Trump disgustan a los globalistas, a quienes defienden a organismos supranacionales y a quienes promueven reglas globales que apliquen a todos los estados. El principio trumpiano que coloca a “EEUU primero” no converge con el globalismo. No debe sorprender que los enemigos férreos de Trump sean los defensores de organismos como la ONU, la Unión Europea, la OTAN y la OPEP, además de los que promueven mantener acuerdos y tratados que comprometen la soberanía y el interés americano.

El romper con la tradición política supranacional que domina desde mediados del Siglo XX, contrarrestar monopolios y oligopolios, y poner los intereses nacionales primero, le ganó a Trump enemigos poderosos que no le sacarán el guante de la cara. Sin embargo, cada día demuestra que es posible contrarrestarlos, hacer alianzas y anteponer la soberanía nacional. Se esté o no de acuerdo con Trump, hay que reconocer que no sigue las “reglas” y principios que presidentes demócratas y republicanos no se atrevieron a cuestionar. Queda por ver sus resultados.

 

 

 

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