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El tiempo le dio la razón a Whitefish Energy

La controversia sobre supuestas irregularidades en la contratación de la corporación Whitefish Energy Holdings llegó a su fin. Luego del perjuicio causado y el desprestigio, la prensa no dedica el mismo tiempo para aclarar que no hay evidencia ni cargos formales contra esta corporación privada ni contra los funcionarios de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y del gobierno central. El daño ya está hecho.

La cancelación del contrato a Whitefish atrasó los trabajos de reparación de la infraestructura de transmisión y distribución de energía. Los mismos que difamaron y provocaron la retirada de las brigadas de trabajadores, luego se dedicaron a demonizar al gobierno federal y estatal, por no restaurar el servicio de energía eléctrica con prontitud y por las muertes asociadas a la falta del servicio.

Es irónico que se hable sobre el estudio de la Universidad de Harvard que reporta un estimado de 4645 muertes asociadas al huracán María, pero se omita que la prensa, los politiqueros y todos los que se dedicaron a difamar contribuyeron a que la emergencia se extendiera y a que muchas personas no recibieran la atención médica adecuada.

Nadie quiere la culpa ni la responsabilidad. Sin embargo, para realizar acusaciones sin evidencia, abundan los voluntarios.

Esta controversia fabricada motivó la renuncia del director de la AEE, Ricardo Ramos, en un momento crítico. Contribuyó al atraso. También sirvió para demonizar al presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, al cual vincularon de forma indirecta y mediante especulaciones.

La campaña del “We’re Dying” y la promoción de la idea de un gobierno federal y estatal negligente, que deliberadamente atrasaba los procesos de recuperación, resultó ser falsa. Carmen Yulín Cruz debería reconocer públicamente su error y parar la demagogia de responsabilizar a sus adversarios políticos por las muertes posMaría.

Yesmín Valdivieso, contralora de Puerto Rico (PR), reporta que no halló evidencia de actos de corrupción ni hay señalamientos relacionados con la contratación a Whitefish. Ninguna entidad estatal o federal reporta irregularidades ni refiere a otra entidad de justicia y fiscalía para que se sometan cargos. Este caso sirve de ejemplo sobre cómo hoy día se opera públicamente con presunción de culpabilidad. Primero juzgan, declaran culpable ante la opinión pública, y luego investigan formalmente.

Ramos y el gobernador de PR, Ricardo Rosselló, declararon la verdad ante el Congreso. La razón por la cual se contrató a Whitefish, a pesar de su corta experiencia, fue porque no solicitó un adelanto en pagos y estuvo dispuesta a movilizar sus brigadas de inmediato. La AEE no tenía la liquidez suficiente para emitir pagos en ese momento. Whitefish solicitó financiación privada y se arriesgó. Estuvo dispuesta a cumplir con esos dos criterios establecidos por la AEE. De esto se trata el hacer negocios: se compite por los contratos, se incurre en riesgos y se hace el trabajo.

El sector privado ofreció algo que no pudo hacer el sector público, su movilización inmediata, usar su crédito y tomar una decisión financiera riesgosa.

La corporación que financió las operaciones de Whitefish en PR fue HBC Investments. Debido a que es una corporación fundada por Joe Colonnetta, un donante a la campaña primarista de Trump, a un comité de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) a favor de Trump y al Comité Nacional Republicano (RNC, por sus siglas en inglés), los medios de prensa estatales y nacionales forzaron la relación para insinuar que Trump y el Partido Republicano dieron el visto bueno al contrato de Whitefish. Colonnetta solo es un fundador, no fue quien tomó la decisión de financiar a Whitefish, sus donaciones son en cantidades legales y no hay ningún vínculo entre HBC Investments y Trump, ni entre Whitefish y Trump.

Los empresarios en EEUU suelen donar a campañas políticas de un partido o de otro. Lo que hicieron los medios de prensa fue forzar una relación mediante la especulación y una extrema desconfianza. La agenda antiTrump ha minado la credibilidad de muchos medios. Se desesperan, se agarran de cualquier clavo caliente y disparan sin reparos.

Hay varias lecciones que se pueden aprender de este caso: no debemos confiar ciegamente de lo que se reporta ni repetir como el papagayo; hay que respetar la presunción de inocencia; el odio y la oposición a un político adversario no debe guiar el entendimiento; entre otras. Veremos quiénes prestan atención.

 

 

 

 

 

 

 

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