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Las armas de fuego no son el problema

Cada vez que ocurre una masacre en los Estados Unidos (EEUU) aparecen los demagogos a usar de chivo expiatorio a las armas de fuego y a la Segunda Enmienda a la Constitución. Los motivos, la ideología y la salud mental del perpetrador pasan a segundo plano ante la agenda de los que persiguen hiper regular o prohibir la portación de armas. Los hechos y los datos son sacrificados en este altar político ideológico.

No se dice que las ciudades con mayor regulación de la portación de armas, como Chicago, son las que tienen mayor cantidad de homicidios cometidos con armas de fuego. Ni se menciona que hay una correlación negativa entre los estados con más personas portadoras de armas de fuego registradas y la cantidad de homicidios realizados con armas de fuego; es decir, hay menos homicidios cometidos con armas de fuego cuando la población esta armada, probablemente porque la portación sirve como forma de disuasión.

La portación de armas asiste a las fuerzas de seguridad y reduce el gasto público en este renglón. No puede haber un policía en cada propiedad pública o privada. Los ciudadanos tienen derecho a defenderse y no deben delegar toda la responsabilidad sobre la seguridad de su vida y propiedad al Gobierno. Hacer esto los vulnera.

Cuba, Venezuela y Corea del Norte son ejemplos de estados en los que la población está desarmada. Son dictaduras que sirven de modelo de lo que los padres fundadores de EEUU querían evitar con la Segunda Enmienda: quienes persiguen hiper regular la portación de armas promueven el autoritarismo y el sacrificio de la libertad individual.

Las “zonas libre de armas” son los puntos predilectos de quienes realizan atentados terroristas. Atacan escuelas, universidades, aeropuertos, discotecas y hasta bases militares que prohíben la portación de armas. La ironía de que una base militar sea blanco de ataques y de que los empleados estén desarmados debería servir de ejemplo sobre la vulnerabilidad de los ciudadanos ante la prohibición de portar armas.

Hay atentados terroristas realizados con aviones, camiones, carros, machetes, cuchillos, bates, ollas de presión, entre otros objetos utilizados como armas. No por ello vamos a prohibir el uso de estas tecnologías.

Un arma de fuego no se dispara sola, no es un individuo ni tiene intencionalidad. Quien debe estar bajo examen es quien realiza el acto de masacrar. Deberíamos plantear el problema sin buscar chivos expiatorios y sin forzar narrativas anti esto o anti lo otro. Conviene saber por qué ocurren estas masacres.

Un arma de fuego se puede conseguir ilegalmente. La prohibición lo que hace es incentivar el contrabando de armas. Quien va a cometer un delito o un acto terrorista puede conseguir armas no registradas. A quien se perjudica con la prohibición o regulación excesiva es a los ciudadanos responsables y respetuosos de la ley y el orden.

En Puerto Rico (PR), actualmente se discute el proyecto del Senado 439 para crear una nueva Ley de Armas atemperada al derecho constitucional que desregule o flexibilice el proceso y el costo para portar un arma de fuego. La regulación excesiva y el alto costo para portar un arma no redujo los homicidios ni los delitos cometidos con armas de fuego. El caso de PR es otro ejemplo de que hiper regular no funciona. La Policía y el Gobierno en general tienen problemas de presupuesto. No es momento para sobrecargar a las fuerzas de seguridad. Los ciudadanos pueden contribuir a su propia seguridad.

Los que alegan que en las escuelas no debe haber armas de fuego desconocen u omiten que hace 30 años en EEUU se permitía tener armas de fuego y se ofrecían clases de tiro y manejo responsable. No hubo masacres por décadas hasta que se estableció la “zona libre de armas”.

La causa o causas de la hiper violencia no son las armas de fuego. Hay que ser honestos intelectualmente si realmente se quiere atender el problema.

El caso más reciente de una masacre en escenario escolar muestra que no había maestros ni empleados armados. El ayudante del sheriff se quedó afuera de la escuela durante el ataque. Cuando llegó la Policía, había más de una decena de muertos. La Escuela Superior Marjory Stoneman Douglas de Parkland, Florida, como la mayoría de las escuelas públicas, es una “zona libre de armas”.

El ex estudiante que realizó la masacre, Nikolas Cruz, tenía una fijación en las armas de fuego y hacía expresiones en las redes y en la escuela que denotan su concepto distorsionado sobre las armas de fuego. No educar a los estudiantes sobre el uso responsable de las armas de fuego y descuidar casos como el de Cruz no ayuda a prevenir que ocurran este tipo de masacres. Los indicadores que mostraban que Cruz tiene problemas de salud mental no debían ser ignorados ni desatendidos. Se debe evitar la negligencia de no atender a tiempo estos casos.

Mientras dedicamos tiempo al debate sobre prohibir o no las armas de fuego, hay otra discusión que queda en el tintero y que necesita de nuestra inmediata atención: ¿cómo atenderemos los problemas de salud mental, contrarrestaremos las ideologías que promueven la violencia (como el islamismo radical) y retomaremos un orden moral que combata el relativismo?

Hay trabajo por hacer, pero debemos cuidarnos del autoengaño y dejar de sacrificar chivos.

 

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