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Alt-right e izquierda reaccionaria: dos caras de la misma moneda

El presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, es objeto de críticas por parte de la prensa liberal nuevamente. Abandonaron el asunto del supuesto vínculo de Rusia y la campaña de Trump para acusarlo falsamente de promover a grupos supremacistas blancos. La nueva controversia responde a la protesta y contraprotesta que ocurrió en Charlottesville, Virginia, del 11 al 12 de agosto de 2017.

Un juez federal autorizó una protesta en contra de la remoción de un monumento en honor al General Robert E. Lee, símbolo del ejército Confederado de la Guerra Civil de EEUU. A esta protesta asistieron personas identificadas como nacionalistas blancos, miembros del Ku Klux Klan (KKK), neoNazis, miembros de League from The South, personas identificadas con la “derecha alternativa” (alt-right), entre otros grupos e individuos. El propósito de la protesta titulada Unite the Right es defender los símbolos Confederados, aspectos de la historia de EEUU y la memoria y orgullo blanco. La protesta es legal y está protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU.

Por otro lado, se organizó una contraprotesta a la cual asistieron personas identificadas como “guerreros por la ‘justicia social'”, miembros de Black Lives Matter (BLM), miembros de la organización de izquierda Antifa o antifascismo, personas que se pueden asociar con la “izquierda alternativa” (alt-left) y la “izquierda reaccionaria”, entre otros grupos e individuos opuestos a la manifestación. Algunas de sus tácticas consistieron de bloquear la vía de acceso y confrontar a los manifestantes.

Ambos bandos tuvieron grupos e individuos armados con cuchillas, pepper spray, armas de fuego, palos, entre otros objetos. Los manifestantes del evento Unite the Right respondieron a la confrontación y se formaron varios motines. La situación escaló a tal punto que uno de los manifestantes arrolló con un vehículo Dodge Challenger a veinte personas; una de las contramanifestantes murió. Antifa usó tácticas agresivas como lanzar heces fecales y orina a los manifestantes. Hubo mucha violencia y agresiones de parte y parte.

La prensa liberal no perdió tiempo en criticar y responsabilizar a Trump, a pesar de que el Presidente de EEUU denunció la violencia de todas las partes y luego fue específico al hacer mención de organizaciones como el KKK, los neoNazis y los nacionalistas blancos. Esto no fue suficiente para sacarse las críticas de encima. Hay una tendencia a justificar las acciones violentas y racistas de BLM y Antifa, y exigir que solo se denuncie a los supremacistas blancos.

Tanto los supremacistas blancos como la “izquierda reaccionaria” son intolerantes, racistas, xenófobos, antisemitas, antisionistas, terroristas, sediciosos, violentos, autoritarios y colectivistas. El neonazismo o el nuevo nacional socialismo, el fascismo, el socialismo, el KKK, Antifa y BLM tienen en común la influencia de la izquierda. Sin embargo, se le suele asociar al nazismo y al fascismo con la derecha, quizá por ser sistemas híbridos. También, se asocia erróneamente al KKK con el Partido Republicano y la derecha; se omite la larga historia del KKK con el Partido Demócrata.

En el espectro izquierda-derecha se halla un problema conceptual. Si se considera al nacional socialismo (nazismo) como parte de la derecha y a los socialismos nacionalistas —la Revolución Cubana (el castrismo), el stalinismo, el maoísmo, entre otros— como de izquierda, de derecha a izquierda lo que tendríamos son autoritarios, colectivistas, defensores de un gobierno central y socialistas. ¿Dónde quedan los liberales clásicos y los libertarios en este espectro? ¿Es acaso el centro los más armonioso y libre que se puede ser? La libertad individual es el pilar y la unidad básica que distingue el proyecto americano. Los individuos, antes que miembros de grupos y de identidades fabricadas, son libres de asociarse y desafiliarse, de expresarse y de pensar como deseen.

El problema de las confrontaciones en Charlottesville no es la expresión de odio en sí misma, sino el pasar la línea roja de la expresión libre a la agresión, del manifestarse a impedir que otros se manifiesten, de denunciar opresión a oprimir e irrespetar los derechos del otro. Los supremacistas blancos y la “izquierda reaccionaria” operan como dos caras de una misma moneda. Los autoritarios de derecha a izquierda se encuentran como si se tratara de una esfera en la cual no hay principio ni fin ni lados; los extremos son igual de autoritarios y se confunden. No hay derecha ni izquierda.

Es necesario abandonar el identity politics que persigue clasificar y segregar a la población en grupos raciales, de género, orientación sexual, origen étnico-nacional, entre otros. El multiculturalismo puede ser sustituido por un proyecto nacional americano, el “todos somos americanos”, sin caer en chauvinismos ni en la negación del origen cultural y la ascendencia de cada individuo. Se debe respetar la historia y las biografías personales y comunitarias. No hay que borrar ni reescribir la historia con el fin de invisibilizar a nadie. Aquellas organizaciones que incurran en delitos, atentados terroristas o actos sediciosos deben ser identificadas, los individuos procesados y la organización denunciada.

Culpar o responsabilizar al presidente de EEUU es echar leña al fuego. El camino de los que persiguen armonizar, la convivencia y el mantener el orden constitucional americano puede incluir la crítica, no la frivolidad, la reflexión y el análisis, no la propaganda de terror y de división, y formas de contrarrestar la intolerancia, no posturas a favor de bandos igual de autoritarios.

 

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