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El problema de la migración en su origen

En Reino Unido venció el Brexit, que avivó a otros movimientos y partidos emergentes de estados miembros de la Unión Europea. Los colombianos votaron mayoritariamente en contra del “acuerdo de paz” con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos (EEUU) y activó un movimiento patriótico de reconstrucción económica, política y constitucional. Estos casos tienen en común la defensa del interés nacional, el respeto por el orden constitucional, el rechazo a la injerencia de organismos supranacionales en asuntos domésticos y la preocupación por la seguridad ante el problema del terrorismo.

Hay dos visiones de mundo que se contraponen: los globalistas y progresistas internacionales —como Angela Merkel, canciller de Alemania, y Barack Obama, expresidente de EEUU— favorecen abrir las fronteras y ceder la autoridad de los estados a organismos supranacionales, como la Unión Europea (UE) o la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Por otra parte, los soberanistas y nacionalistas pragmáticos quieren mejorar la seguridad fronteriza, controlar la inmigración, defender la soberanía nacional y evitar la injerencia supranacional.

El EEUU de Trump adopta posturas de corte nacionalista pragmático. La cultura política y económica americana a la que Trump alienta defiende la primera y la segunda enmienda constitucional (la libertad de expresión y de culto y la portación de armas) y el interés de los ciudadanos de EEUU.

Los globalistas intentaron minar estas libertades mediante organismos internacionales; fracasaron. En cuanto a los empleos, favorecieron que las industrias y empresas en general se desplazaran libremente en busca de mano de obra barata en perjuicio de los trabajadores. Trump les cambió las reglas de juego; las empresas son libres de perseguir mano de obra barata, pero serán gravadas al ingresar sus productos a EEUU.

Esto es parte de la “política migratoria” de Trump. No solo migran las personas, también lo hacen las empresas y las mercancías. El “mercado libre globalista” es retado por un “mercado libre y justo” que pone el interés nacional primero.

Trump trata al gobierno como una empresa privada y establece como regla administrativa negociar todo contrato a favor del interés público: busca reducir gastos en contratos y lograr mayor eficiencia sin fraude, sin sobrefacturación y con responsabilidad fiscal. No opera desde la izquierda ni desde la derecha; por esto, tiene enemigos en todos los partidos.

El globalista se enfoca en un “mercado libre” que viabiliza el desplazamiento desregulado de las corporaciones y es flexible a conveniencia con la migración poblacional, pero lo hace sin considerar el deterioro económico de la clase media y de bajos ingresos. Se conforma con aceptar una “economía de la pobreza” para unos y riquezas para otros. Este elitismo mediocre sucumbe ante el surgimiento del nacionalismo pragmático.

Los que denuncian que Trump es un enemigo del mercado libre pierden de perspectiva que los globalistas defendieron el interés de una élite político económica en nombre del mercado libre. Omiten que el “trikle down economics” no se manifiesta como se teoriza; el globalismo no posibilita un proceso natural u orgánico de redistribución de las riquezas; por el contrario, hubo mucha corrupción, privilegios, irresponsabilidad fiscal del gobierno y del sector privado. El problema del desempleo, de los impuestos regresivos, de la falta de poder adquisitivo y del debilitamiento de la clase media se incrementó.

Con el globalismo, las personas migran en búsqueda de empleo y las corporaciones migran en búsqueda de mano de obra barata. Lo que persigue el nacionalismo pragmático es retener empleos y atraer inversión de vuelta, además de controlar el flujo poblacional de personas y empresas.

¿A quién libera el llamado “mercado libre globalista”? El globalismo usó la libertad como máscara. Los ciudadanos no son más libres cediendo soberanía ante organismos supranacionales ni desplazándose entre estados y arriesgando su vida para conseguir un empleo. Desde la pobreza y sin poder adquisitivo, endeudados, no hay libertad.

 

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