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“Las ‘Naciones Unidas’ es un club para pasarla bien”

Donald Trump no es partidario de que Estados Unidos (EEUU) corra con la mayoría de los gastos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Condiciona la asignación de fondos y la permanencia de EEUU en este organismo a que los estados miembros asignen fondos proporcionalmente. También, espera que no se aprueben resoluciones que perjudiquen a los EEUU. Es decir, la función de la ONU como entidad mediadora no debe ser tomar partido ni adelantar los intereses de un estado en perjuicio de otro. Una cosa es asistir en procesos de negociación y otra es inclinarse a favor de la agenda de una de las partes.

Algo que caracteriza a Trump es su pragmatismo y su énfasis en la (re)negociación. La Resolución 2334 del 23 de diciembre de 2016, aprobada por el Comité de Seguridad de la ONU, reta el modo de operar de Trump. Obama sabe que abstenerse de esta votación pondría al nuevo presidente de EEUU en una posición incómoda. Fue una movida que deterioró las relaciones entre Israel y la ONU y, por consiguiente, afectará las relaciones de EEUU con esta organización. El presidente Obama va de salida; su enfoque de liderar desde la retaguardia y de negociar sin precondiciones acaba el 20 de enero de 2017 cuando juramenta Trump como nuevo presidente.

La ONU tomó postura a favor de los intereses de Palestina en perjuicio de Israel. Llamó a que Israel suspenda la construcción de edificaciones en “territorio palestino”; esto incluye el este de Jerusalén. El lenguaje de la Resolución 2334 implica que son “territorios ocupados” ilegalmente por Israel. Para los grupos de interés en Palestina, como Hamás, esta es una victoria simbólica. Sin embargo, del lado de Israel domina la interpretación de que son “territorios en disputa”.

Irrespectivamente de la decisión de la ONU, existe una disputa real entre Palestina e Israel. La negación de la realidad no hace que deje de existir. Por el contrario, se exacerbó el conflicto.

Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, ordenó no asignar fondos a varios comités de la ONU. Ted Cruz, senador federal por el estado de Texas y exprecandidato presidencial, propone que EEUU no asigne fondos a la ONU hasta que se revierta esta decisión. Esta postura converge con la de Trump.

EEUU es el país que más aporta a la ONU. La Resolución 2334 puso en jaque la existencia de esta organización. Fue una imprudencia y demostró un sesgo evidente. Lejos de mediar, el Comité de Seguridad de la ONU, creó condiciones para conflictos armados. Le dio oxígeno a Hamás; le ayuda a reclutar y a extender su dominio político hacia Cisjordania. Hamás controla la Franja de Gaza y comienza a ganar apoyo en comunidades religiosas de “la otra Palestina” (Judea y Samaria). Esta organización no reconoce al estado de Israel; tiene un brazo armado que realiza atentados terroristas. Esto aleja a Israel y a Palestina de un acuerdo o solución de dos estados.

Palestina está más lejos que nunca de ser un estado y a la vez más cerca. Si la ONU continúa su marcha unilateral de reconocer a Palestina como un estado, a cuchillo de palo, podría llegar a serlo, pero a un costo alto; podría provocar una guerra formal entre dos estados. Si la Resolución 2334 no se revierte, Israel no negociará con Palestina y se deteriorarán las relaciones.

Hamás es el único ganador en este enredo. Su agenda es impedir acuerdos con Israel. El brazo político de Hamás no se divorcia de su brazo armado. No descarta el uso de tácticas terroristas y no está dispuesto a coexistir pacíficamente con Israel. La Autoridad Palestina se debilita y no queda un ente político fuerte dispuesto a negociar.

Este acto autodestructivo de la ONU motiva a Trump a considerarla “un club para pasarla bien”. Ignorar al Congreso de EEUU, dominado por republicanos, y al nuevo presidente fue un acto irresponsable. No es secreto que Trump no confía en la utilidad de la ONU. Durante la campaña presidencial se expresó a favor de exigir que las naciones miembros aporten más fondos. Ha hecho varios comentarios críticos en contra de la ONU.

No se sabe con certeza cuáles fueron las agendas ocultas que motivaron a los estados que votaron a favor de la Resolución 2334. Lo que sí se sabe es que si la ONU quiere ser relevante y recuperar el prestigio perdido, deberá reconsiderar esta decisión. Hasta el momento la postura de Trump es firme. La tendencia es a unir fuerzas con el Congreso y con Israel para ejercer presión o cambiar de rumbo e ignorar a la ONU.

No se logrará pacíficamente un acuerdo entre Israel y Palestina con medidas unilaterales. Ese mensaje debe quedar claro. Hamás lo sabe; le conviene que no haya paz; Israel lo entiende, por eso le indigna la aprobación de la Resolución; queda por ver si el Comité de Seguridad de la ONU capta el mensaje o si esta fue su intención.

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