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Con Trump, se (re)negocia

La caricatura que han creado sobre Donald Trump sobre el hombre inestable, con temperamento incontrolable y capaz de provocar una guerra mundial no se sostiene. Sus dotes como empresario, en diversos sectores económicos, y su éxito internacional prueban lo contrario. El ejercicio de reunirse con funcionarios de gobierno de alta jerarquía y de sentarse a negociar es común para el magnate. Si algo lo caracteriza es su pragmatismo y su capacidad para sacar el mayor beneficio posible.

El gobierno mexicano se resistió inicialmente a los llamados de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). También, se opuso a la construcción de un muro que abarque la frontera entre México y Estados Unidos (EEUU). Poco a poco, Trump influyó para que cambiara de postura. Se reunió con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, durante la campaña presidencial de EEUU, logró establecer lazos diplomáticos y construir la percepción de que se convertiría en el próximo presidente de EEUU.

A solo días de anunciarse la victoria presidencial de Trump, México y Canadá solicitaron reunirse para renegociar NAFTA. Además, México mostró disposición para negociar la construcción del muro fronterizo. Incluso, se reportó en varios medios de prensa que una cementera mexicana se ofrece para construir el muro de Trump. Así, el gobierno y el sector privado mexicano se alinean con la agenda trazada por EEUU.

Cuba debe prepararse para sentarse a la mesa. La muerte de Fidel Castro y la presidencia de Trump son la combinación perfecta para cambios políticos en la Isla. El actual presidente de EEUU, Barack Obama, mantuvo el principio de negociar sin precondiciones; ayudó a los Castro a dar un salto económico sin tener que hacer concesiones políticas. Eso se acaba con la política de “EEUU primero” y con el entendimiento de Trump sobre lo que implica negociar: siempre hay condiciones y se deben lograr unos objetivos. Las primeras palabras de Trump luego de anunciarse la muerte de Fidel comunican que su administración hará todo lo que esté a su alcance para que el pueblo cubano goce de prosperidad y libertad. El colapso económico de la Unión Soviética y del Socialismo del Siglo XXI no deja a Cuba con muchas alternativas. La nueva transición económica debe estar acompañada de cambios políticos.

El espíritu negociador abarca a otras regiones del mundo. Trump se opuso al acuerdo nuclear con Irán y promete (re)negociarlo. Considera que es uno de los peores acuerdos en la historia de EEUU. Prácticamente, Obama no negocia, se reúne sin precondiciones, concede y pierde más de lo que “gana”. (Re)negociar implica negociar lo que nunca fue negociado o lo que fue una negociación mediocre.

Otro país que se prepara para reunirse con Trump, pero que juega a la ofensiva, es China. Le advierte a EEUU sobre los riesgos de una batalla sobre intercambios y tarifas. Aunque vaya a la ofensiva, reconoce que tendrá que establecer nuevos acuerdos comerciales. Uno de los objetivos de Trump es que China deje de devaluar su moneda y de llevar una competencia desproporcionada.

Las negociaciones se extienden a un escenario poco usual y tácito. La prensa comienza a “negociar” sus entrevistas y conferencias de prensa. Medios independientes, conservadores y libertarios, como Breitbart, se posicionan como nuevas potencias mediáticas y periodísticas. Otros medios, como The New York Times, batallan internamente y con Trump para moderar sus ataques en contra de quien será el nuevo presidente de EEUU. Publican artículos en los cuales reconocen que la línea editorial durante la campaña presidencial fue dura en contra de Trump. El juego político entre el ejecutivo y el cuarto poder promete ser interesante.

Hay corporaciones que se comunican con Trump para anunciar que mantendrán su producción en EEUU. Según lo informa Trump en las redes sociales, Bill Ford le comunicó que mantendrá abierta la planta de Lincoln en Kentucky.

Trump discute las funciones de la Reserva Federal, negocia los puestos de su gabinete con los distintos sectores del Partido Republicano y reconoce el derecho a la libre determinación de Puerto Rico. Da espacio para que se revise lo hasta ahora establecido, incluso la permanencia de EEUU en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Revisará el plan de salud “Obamacare” (el Patient Protection Affordable Care Act-PPACA), la política tributaria y las políticas sobre inmigración.

El pragmatismo será el marco filosófico que guiará a Trump en su complicada “revolución” de acuerdos, alianzas, leyes, prácticas y relaciones de poder. Lo que motiva a quienes esperan que EEUU se recupere del deterioro político, económico y moral en el que se encuentra es que Trump promete defender la Constitución y devolver la grandeza que alguna vez tuvo.

Nota del autor: Pueden seguirme en Twitter.

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