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Celebrando el Aniversario #27

Gracias por la oportunidad de llegar a ustedes por este medio. Agradezco a El Nuevo Día porque de manera más íntima puedo contar mis anécdotas y como las he podido superar. Esta primera historia es de celebración y alegría y la comparto con ustedes.
Durante este mes de marzo mi esposo y yo cumplimos 27 años de matrimonio. Que recuerdos tan hermosos cuando apenas éramos unos jovencitos universitarios y decidimos tomar esta decisión.
Recuerdo el día que le informábamos a mis padres la noticia. Es una nota graciosa hoy día, pero ese momento fue muy intenso. Estábamos sentados frente a mis adorados padres con apenas 20 años y en nuestro segundo año de universidad. Yo estudiaba en la UPR de Río Piedras y mi novio en aquel entonces en la UPR de Mayagüez.
Recuerdo a Javi, mi esposo, notificando las intenciones de matrimonio a mis padres. La primera pregunta de mi papá fue: “¿Estás preñá?”. Le respondo: “no papi, me quiero casar porque lo amo.” La próxima pregunta a Javi fue: “¿y cómo la vas a mantener?”. Entonces, él contestó: “pues por el momento con la Beca Pell y estudio y trabajo”.
Como olvidar la cara de mis padres. Estaban asombrados, molestos e indignados. Pero decidieron darnos la bendición, con una sola condición, a la cual accedí y, por supuesto, me comprometí a no fallar. Era terminar mis estudios de bachillerato. Y fui más allá; no quedaría embarazada hasta tanto tuviéramos un trabajo estable. No obstante, esa conversación duro más de tres horas, ya que mis padres, con más de cuarenta años de matrimonio, nos querían dar los mejores consejos para que fuéramos felices y dejarnos saber que “no solo de amor vive el hombre”.
En tres meses, mi mamá nos organizó una boda sencilla, pero hermosa e inolvidable. Veintisiete años después tengo que reconocer y entender la preocupación de nuestros padres era totalmente lógica y comprensible. No puedo imaginar que una de mis hijas me diga que se quiere casar solo porque ama a su pareja, sin haber terminado sus estudios universitarios. Total, eso no garantiza la felicidad en el matrimonio. Lo que sí puedo decirles es que como pareja hemos pasado de todo.
Para llegar hasta este momento de nuestras vidas lo más importante es entender que cada uno de nosotros somos un ser independiente. Lo importante es compromiso, comunicación y tolerancia, sin llegar al maltrato en lo absoluto y amarse como pareja e individuo.
No hay fórmulas mágicas, pero algo que si funciona es pensar en la pareja y si vas a tomar desiciones importantes, contar con ella o con él. Es importante que siempre ambos busquen llenar y complacer al otro, sin ventajas, ni egoísmos. Mi experiencia me dicta que el amor es algo que va cambiando de matiz según va pasando el tiempo. Durante todos estos años, hay pruebas en el matrimonio, pero lo importante es saber manejarlas con madurez y compromiso.

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