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¡Qué bueno es estar vivo!

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Los ticketazos agrandados y los “no anunciados”

Julio amaneció con aumentos en las multas de muchas violaciones de tránsito. La razón se repite como el pie forzado de nuestras décimas campesinas, ya que los aumentos son para: “cuadrar el descuadre que hay aquí”.

El cómo llegamos a la pesadilla económica que vivimos y sus consecuencias inmediatas, es harto conocido. No voy a jamaquear el avispero porque ese análisis le corresponde a los expertos en economía, quiebras y los efectos políticos y sociales que causan. Sobre las multas agrandadas, que los policías y la coronela organicen talleres para aclarar cómo una patrulla destartalada puede alcanzar un vehículo que corre a más de 100 millas por hora para espetarle al conductor una multa de $1,000.

Lo que todavía no sabemos en blanco y negro son las multas que pudieran entrar en vigencia a partir del 1ro. de septiembre, cuando comienza el año fiscal federal. Es que si para esa fecha, los “bonistas” -que no son necesariamente “buenistas”- deciden que el gobierno de Puerto Rico no se ha rascado el bolsillo lo suficiente como para engordar los de ellos, todos no quedaremos más desbolsillados de lo que ya estamos.

El viernes 31 de mayo -un día antes de ser implementadas las multas agrandadas- acudí a una cita médica. El tema principal que discutían los pacientes impacientes que nos encontrábamos en la desesperante sala de espera, era precisamente el aumento en los costos de las multas que emitiría la Policía de Puerto Rico a partir del otro día, y la confusión que imperaba por el desconocimiento.

Una amiga me había enviado esa mañana un mensaje de texto con la nueva lista de infracciones y multas. Le agradecí el gesto porque los medios de comunicación andan censurando -o echando al zafacón- algunas informaciones de interés general.

Para no dejar datos en el tintero, metí las manos por las profundidades de mi bulto/cartera y desenfundé el que ha sido mi “moderno celular” desde hace varios años. Entré a la aplicación de WhatsApp y le empecé a recitar las infracciones y las multas de mayor interés para los pacientes-impacientes allí cautivos.

Todos estuvieron de acuerdo en que se duplicara de $500 a $1,000 la multa por aparcar sin la debida identificación  los espacios rotulados como “Estacionamiento de Impedidos”.  Sin embargo, cuando critiqué el hecho de que muchos conductores que cuelgan el carnet de “impedidos” no cumplen con los requerimientos para ocupar los espacios destinados para personas que lo necesitan, algunos me viraron la cara con desprecio.

Condené a los que le prestan el carnet a familiares que se niegan a caminar unos pasos extra.

Sin dar tiempo a interrupciones, aproveché la tribuna para mandar al infierno a aquellos que dan falso testimonio sobre supuesto “milagro”  que experimentan aquellos que aparcan en “los estacionamientos azules”, se desmontan del carro cojeando, y varios pasos después salen caminando derechitos, sin la condición que minutos antes les motivara el dramón de “piernas tullidas”.

Tras percatarme del malestar de la audiencia, que obviamente había cometido esos pecadillos, me fijé en una doñita cara de lechuga que me miró lo peor que su ajado semblante pudo.

Un cambio en el enfoque del tema capturó la atención del grupo. Dieciocho pares de ojos me devolvieron miradas lujuriosas cuando dije que sería multado por $500 todo vehículo que obstruyera las rampas de las aceras. “¡Mínimamente tiene que ser de $1,000, y que conlleve la confiscación del vehículo, aunque sea un chongo viejo!”, dije como si hubiera estado en una tribuna horas antes de elecciones generales.

Mencionar otras dos multas me laceraron el alma porque son situaciones que no deben ocurrir: “No dar paso a una persona ciega identificada por su bastón o perro guía” y “No ceder el paso a vehículos de emergencia”. La primera infracción consiste en eliminar tres puntos a la licencia del conductor y una multa $100.00. Por la segunda, le quitan 3 puntos al conductor y lo multan por $200.

“¡Eso es poco!”, vociferó el ente humano que poco antes me viró la cara.

En ese momento, aproveché la oportunidad para “adelantarles” algunas de las multas que podrían estar vigentes a partir del 1ro. de septiembre, cuando la Juntilla Esquilmadora del Bolsillo del Pueblo confirme que no hay “cashito” para sus panas-buitres-bonistas-llorones que no vinieron a fiscalizar. Y comencé a detallar:

  1. “Los abusadores que ocupen ilegalmente estacionamientos designados para personas con impedimentos serán multados por $5,000 y obligados a dar 10 vueltas en el “tullido mode” alrededor de las instalaciones que fueron a visitar”.
  2. “Los médicos que emitan ‘certificados fraudulentos’…”

No alcancé a inventarme más de las supuestas “multas injustas” del 1ro. de septiembre en adelante porque la enfermera me interrumpió para tomarme los vitales, y de paso, aplacar (los vitales) del resto de los pacientes-impacientes, que a partir de ese momento cualificaban como alborotados.

Para evitar mi linchamiento, el médico me saltó del turno, me atendió y me sacó por la puerta de atrás. Tengo la impresión de que no le gustó la discusión.

Al fin de cuentas solamente estaba anticipando lo que se me ocurrió que pudiera hacer La Junta cuando vean que las multas agrandadas no les rindieron para satisfacer a los buitres.

Juntillos son muy creativos.

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