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Arbolito pequeño, pero repleto de bendiciones

Como familia, siempre habíamos salido a comprar el Árbol de Navidad el primer fin de semana de diciembre por dos razones; por mi empeño en no distraer las oraciones del almuerzo del Día de Acción de Gracias frente al plato de “loqui”, (lo que sea que nos dé la gana de almorzar ese día, que no tiene que ser pavo); y para no encender el “crismas espirit” antes de mi cumpleaños (el 30 de noviembre para los que me quieran regalar).

¿Y qué descubrimos como familia este diciembre?

Que mi amigo Toño (Nostradamus) Pérez-Serás tenía razón; que en Puerto Rico, donde la Navidad es más luenga que la de cualquier otra geografía del planeta, hay que comprar “El Árbol” tan pronto lleguen los primeros cargamentos de pinos canadienses.

Aunque el pino se seque a finales de diciembre y las agujas secas se rieguen en la sala y en el resto de la casa -enredadas entre las hebras de la escoba, o en la suela de los zapatos- el año que viene nos vamos a tener que unir a las filas de vehículos que transitan desde mediados de noviembre con los pobres pinos amarrados con redes plásticas sobre los techos de los carros.

No hay de otra. Me explico: este año no pudimos ir ni el 1ro. de diciembre, ni el 2, ni siquiera el 3 de diciembre. ¡Fuimos el 4 de diciembre, y ya quedaban poquísimos pinos!

“Estamos buscando un arbolito frondoso, pero flaco y alto, para que nadie tropiece”, le dije al muchacho, que se relamió del gusto al saber que había llegado la clienta perfecta para endilgarle uno de los que quedaban arrinconados por carecer de los atributos de los árboles espectaculares que todos buscan.

“Aquí está, misis. Frondosito, flaco y alto para que no se lo lleve enreda’o el primero que pase. Garantizado. No le van a romper las bolas”.

A pesar de que no adorno con bolas frágiles, me pareció interesante el argumento. Para mí era perfecto para llenarlo de bendiciones en forma de fotos, como he hecho desde hace tantos años.

Sin dudarlo, le tomé una foto al pinito y la envié con un mensaje de texto a Nuestro Hijo Favorito de los Menores, quien lo aprobó de inmediato. Hace un tiempito que por razones de estudio y trabajo no participa personalmente de momentos como éste.

Estoy segura que se habrá preguntado si el arbolito tendría suficientes ramas para acomodar las más de 500 fotos/bendiciones que guardo meticulosamente en cajas plásticas transparentes. Pero como no lo verbalizó, no comenté.

Cuando llegamos a casa, empezamos a conectarnos a la realidad. Bajo la carpa de ventas, parecía de un tamaño “no muy alto”, pero cuando lo acostamos para posicionarlo en la base, se caía. No importaba si se movía un chin a la izquierda, o un chin a la derecha, siempre terminaba en el piso.

Nuestro Hijo Favorito de los Mayores y su esposa descubrieron el misterio. Los clavitos que apretaban el tronco estaban diseñados para “ajustarse” a troncos de pinos tamaño Grande, Extra Grande y Extra Extra Grande. Y, con perdón al recién comprado, nunca habíamos tenido uno de tronco tan delgado.

Detectado el problema, ellos corrieron a buscar la solución. La “aventura” se extendió a varias tiendas debido a que ya no quedaban bases pequeñas para árboles de tronco flaco. Ellos resolvieron ese segundo problema con una base ajustable para arbolitos de troncos medianos, pequeños y pequeñines.

Ya en casa, se repitió el procedimiento: apretar el tronquito con los tres clavitos, volver a parar el arbolito, darle la vuelta (sin marearnos), hasta encontrarle el mejor ángulo.

Para que alcanzara altura, una amiga especial de la familia sugirió subirlo a una base de bloques de cemento.

El efecto fue dramático. Por lo chiquito, sólo necesitamos dos guirnaldas de luces. Tuvimos que reducir la cantidad de fotos de nuestra familia, abuelos, primos, tíos, ahijados y amigos que “visten” el pinito. Obviamente, no había suficientes ramas para tantas fotos.

Aunque no existe un árbol pequeño que limite nuestras bendiciones, si Dios lo permite, el próximo árbol llegará a casa más temprano, y de mayor volumen y altura.

Algo me dice que en el 2017 tendremos nuevas bendiciones en la familia y necesitaremos ramitas adicionales para sus fotos.

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Dos Notas: Queda en el tintero detallar el ritual de las Bendiciones. Los Duendes de La Redacción succionaron la publicación explicativa y no se la he podido sacar del buche a los muy imprudentes.

Mientras, recuerdo otra, relacionada al tema:

El arbolito imperfecto

 

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