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¿Conejillos de Indias?

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Los procesos de cambios históricos son inevitables y no los podemos detener. La política es y debe ser el instrumento para canalizar y darle vida a esos cambios. Y eso es válido tanto para las instituciones públicas, privadas, como también para los gobiernos, los partidos y aquellos que aspiran a gobernar. En este preciso momento hay una responsabilidad histórica que hay que entender: una crisis profunda provocada por los viejos estilos de la política, una deuda de 68 billones de dólares y una Junta de Control Fiscal con la que habrá que irremediablemente lidiar. A ello, y aquí gran parte del peso que recae sobre los hombros de nosotros los electores, se puede sumar un ingrediente capaz de acentuar el estado crítico en que nos encontramos, un ingrediente que se encuentra comprometido con los bonistas, que ha recibido miles de dólares en donativos políticos por parte del presidente de la JCF y que por ello no va a responder a las necesidades de la gente común. Ese elemento es Ricardo Rosselló.

Es por esa razón que no estamos para experimentos ni para asumir riesgos innecesarios en las próximas elecciones. Ese fue el llamado de David Bernier esta semana. Los analistas políticos han tenido razón en afirmar que en sus palabras había preocupación. El momento exige un voto estratégico que reduzca el riesgo que representa Rosselló. Y es una preocupación genuina. Es la misma preocupación que ocupa las voces y mentes como las de Hillary Clinton, Bernie Sanders, Elizabeth Warren, entre otros, tras la amenaza real que posa sobre el escenario estadounidense, y debo añadir en el mundo, ante una posible victoria de Donald Trump en la contienda presidencial de ese país. Los estadounidenses tampoco están para experimentos, pese a los méritos que puedan tener las candidaturas alternativas como las de Jill Stein, del Partido Verde, y Gary Johnson en el ala libertaria. Bernier ha reconocido el mérito y la valentía de los candidatos independientes en el panorama puertorriqueño. Sobre todo ha reconocido el factor social que funda tales candidaturas: el rechazo a nuestro establishment político. Por eso la candidatura de Bernier, sobre todo si se contrasta con la de Rosselló, no solamente representa un partido político, es también una candidatura que se presta como un espacio para canalizar un proceso de cambio político e histórico que ya comenzó.

Lo que nos debe ocupar el 8 de noviembre son dos cosas: 1) canalizar la molestia y el cambio social, histórico y político a través de una candidatura viable y sensata como la de David Bernier; y 2) evitar lo que a todas luces es el mal mayor: entregarle la gobernación a Ricardo Rosselló. La de Bernier es una candidatura que ha tenido la sensibilidad de reconocer incluso la crisis institucional por la que atraviesa su partido y el Estado Libre Asociado. No hay que inventar la rueda. La rueda de la historia ya comenzó a girar, nos guste o no. Nos toca darle dirección para no terminar, como Frankenstein, pillados bajo un experimento fallido.

 

DESCARGA AQUI el Plan Estratégico para Puerto Rico de David Bernier

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