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Bernier, criminalidad y Mano Dura: apostando a la comunidad

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“Mucho se ha hablado de la iniciativa de “Mano Dura Contra el Crimen”. Sin embargo, no se ha destacado uno de los componentes que ha contribuido significativamente al éxito de esta iniciativa… [e]n la unión está la clave del éxito”.

Pedro Pierluisi (El Nuevo Día, 5 de octubre de 1996)

 

¡Cuánto se equivocaba entonces el ahora Comisionado Residente, al igual que se vuelve a equivocar al endosar a Ricardo Rosselló quien propone resucitar la vieja y nefasta “Mano Dura Contra el Crimen”! Es razonable que tras el aumento repentino de asesinatos en los últimos meses, luego de varios años de un descenso sostenido en dicho renglón, el problema de la criminalidad vuelva a ocupar parte del imaginario social y político de nuestra Isla. Por ello, vale la pena apelar a la memoria. No podemos permitirnos regresar a estrategias fallidas y discriminatorias que terminaron costando miles de vidas y millones de dólares. En ese mismo periodo al que Pierluisi hacía referencia, el momento más álgido de la Mano Dura (1993-2000), se registró uno de los periodos más violentos en nuestra historia moderna con 6,318 asesinatos.

Lejos de ser un factor determinante en el descenso de la actividad criminal, particularmente la asociada a la tasa de asesinatos, la Mano Dura fue la pólvora que encendió la pradera de la violencia asociada al narcotráfico. La Mano Dura también es el origen de una política pública en nuestro país que terminó haciéndole mucho daño a la imagen a la Policía de Puerto Rico. Por un lado, no olvidemos que en el mismo periodo que imperó la Mano Dura vimos la dolorosa partida de muchos policías muertos mientras cumplían con su deber. Al igual que las guerras, la autoridad y mando sobre la policía debe asumir la responsabilidad histórica de aquellos conflictos que amenazan la armonía social y las estrategias que se diseñan para enfrentarlos. Por otro lado, no olvidemos el proceso de sindicatura y reestructuración en que se encuentra la Policía tras ser intervenida por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. La Policía de Puerto Rico, como resultado de la Mano Dura, institucionalizó la violación de los derechos durante la década de los 90’ y durante el gobierno de Luis Fortuño (2009-2013).

La Mano Dura también tiene víctimas y esas víctimas tienen rostro. Un estudio, encomendado por la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico en 1999, determinó que la política de la Mano Dura, entre otras cosas, instauró “…prácticas institucionalizadas de racismo en el Sistema de Justicia” en el país. Concluyó también el estudio que: “[e]n Puerto Rico está demostrada la sobrerepresentación de los pobres en los arrestos […]. Este proceso de persecución de las áreas pobres se ha pronunciado a partir de 1993 con la movilización de la Policía y de la Guardia Nacional para ocupar los residenciales públicos”.

Por último, no olvidemos que la política de la Mano Dura fue responsable de dar origen a toda una generación. Como se ha reseñado en este medio, hoy día muchos de los homicidas, ligados al narcotráfico, son – ha dicho la distinguida profesora y jurista Dora Nevares Muñiz – “hijos de la mano dura”. Esto es, toda una clase de personas que fueron excluidas de las iniciativas educativas, preventivas y de rehabilitación. Fueron, en última instancia, privadas de su derecho a vivir en comunidad. Regresando al citado estudio de la Comisión de Derechos Civiles: “en la segunda mitad de este siglo se ha dado un proceso de “sincronización” entre pobreza, desempleo y negritud, todos concentrados precisamente en las mismas áreas urbanas. Por lo cual, perseguir exageradamente a los residenciales públicos se convierte indirectamente en un mecanismo de asociación de lo negro con el crimen [énfasis mío]”.

En contraste, el Plan Estratégico a ser implantado por el gobierno de David Bernier se propone desarrollar una visión integral que sea salubrista, por un lado, y que responda debidamente a los retos y necesidades de nuestros policías en pleno siglo XXI. Ese enfoque salubrista debe entender a la comunidad como una entidad curativa y esencial en el desarrollo de una cultura de paz. El Plan de Seguridad de Bernier busca la incorporación activa de la comunidad mediante la participación directa de ésta en: 1) la “…elaboración de estrategias comunitarias que garanticen los servicios policiacos basados en sus necesidades específicas, para generar respeto mutuo y relaciones de confianza. Éstas se desarrollarán mediante programas existentes, tales como los Consejos Vecinales de Seguridad, el Programa de la Liga Atlética Policiaca, el Programa de Vuelta a la Vida, y el Programa de Juventud Voluntad Firme”; 2) instaurar el concepto del “Policía Comunitario”, donde nuestros agentes de orden público se integrarían en las comunidades apoyando a los residentes y líderes comunitarios en la identificación de las áreas y problemas que precisen mayor atención y la lucha contra el crimen; y 3) apoderar a la comunidad mediante la implantación de un modelo de gobierno participativo o de “Gobernanza Democrática”, para que las comunidades se inserten activamente en la solución de sus problemas y en la toma de decisiones sobre aquellos asuntos que les afectan, especialmente el problema de la criminalidad.

Recobrar aquellas estrategias que han sido efectivas y desechar de una vez y por todas esas otras estrategias que no lo han sido y que, en todo caso, han sido responsables del aumento del crimen, de la pérdida de miles de vidas y del despilfarro de millones de dólares, tiene que ser un objetivo del nuevo gobierno. A los Rosselló y a los Pierluisi de la casta, del privilegio y del dinero, la historia los juzgará.

 

DESCARGA AQUI el Plan Estratégico para Puerto Rico de David Bernier

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