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Bernier y nuestros viejos

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No es un secreto que el elemento demográfico en nuestro país ha cambiado dramáticamente en los últimos 10 años. Nuestra población envejece y la expectativa de vida aumenta, la gente se casa menos, las parejas quieren tener menos hijos o no tenerlos, los nacimientos se reducen, los jóvenes están migrando, la pirámide poblacional se ha invertido. En el futuro, tendremos comunidades con una gran cantidad de adultos mayores de 65 años, a quienes alguna vez y todavía muchos, respecto de nuestros padres, llamamos cariñosamente nuestros viejos.

La reducción poblacional que experimenta Puerto Rico y que ronda las 500 mil personas y la emigración constante de nuestros jóvenes y profesionales ha dibujado un nuevo escenario social. Los efectos, al igual que el fenómeno migratorio en la década del 50’, marcarán el destino de la patria en las próximas décadas.

De inmediato, hay una población que se ha visto directamente afectada, tanto por estos datos demográficos, pero también, y sobre todo, por la crisis económica que atravesamos: se trata de nuestros viejos. En este diario se ha publicado anteriormente que más del 40% de la población de adultos mayores tiene ingresos que los ubican bajo el umbral de pobreza establecido por el Negociado del Censo de los Estados Unidos. La misma nota señala que más de 500 mil adultos mayores se encuentran fuera de la fuerza laboral, empeorando ya una situación de pobreza extrema en que dicha población tiene que subsistir con apenas $5 mil dólares al año. A ello se suma un elevado costo de vida que requiere que un adulto mayor tenga que invertir $1,200.00 mensuales para cubrir sus necesidades básicas como lo son la salud, alimentación, trasportación, pago de agua y luz, entre otros servicios.

La crisis no es solamente el descalabro de la normalidad y la cotidianidad económica de un país. Significa también, y sobre todo en nuestro caso, la imposición de una nueva realidad con la que hay que lidiar. Para David Bernier es prioritario enfrentar la nueva realidad puertorriqueña y comenzar a proponer soluciones dirigidas a mejorar la calidad de vida de esos más de 500 mil adultos mayores que todavía necesitan trabajar, como también de aquellos que todavía sienten que pueden aportar a la recuperación y desarrollo económico del país.

El gobierno, en este escenario, debe garantizar dos aspectos fundamentales: 1) la defensa de los derechos adquiridos de esta población, como lo son las pensiones, el seguro social y los accesos a los servicios de salud; y 2) propiciar un ambiente favorable para que aquellas personas adultas mayores que deseen y necesiten entrar a la fuerza laboral lo puedan hacer.

En el primer caso, David Bernier, contrario a Ricardo Rosselló quien confía todo a la quimera de la estadidad, ha sido categórico y consistente en defender las pensiones de nuestros retirados ante la Junta de Control Fiscal (JCF). El gobierno de David Bernier no va a tolerar la reducción de las pensiones. Para ello, ha insistido Bernier, que se debe renegociar y apostar por la reestructuración de la deuda. En este caso, Rosselló representa un peligro real para nuestros pensionados: ¿Cómo podría Rosselló, hijo, defender al pensionado ante una JCF cuyo presidente es donante activo de su campaña y del PNP?

En el segundo caso, el gobierno debe concebirse como un ente que facilite la superación de la extrema pobreza que aqueja a más del 40% de esa población. La clave se encuentra en fomentar que el adulto mayor, que así lo desee y necesite, se inserte en la fuerza laboral. Para ello, Bernier se ha trazado crear desde su gobierno: 1) incentivos salariales y descuentos contributivos para aquellas empresas comprometidas con Puerto Rico que retengan y puedan crear nuevas oportunidades de empleo para adultos mayores. Esto no solamente vela por el que esta población penetre en el mercado laboral, sino que estimulará el desarrollo económico del país y ampliará las oportunidades del sector privado; y 2) la promoción de legislación que permita la participación activa del adulto mayor en la fuerza laboral, de acuerdo a su interés y capacidad bajo los siguientes aspectos: flexibilidad de trabajar en el hogar; flexibilidad en los horarios de trabajo; flexibilidad entre modalidades de tiempo parcial, según el interés del empleado; y la provisión de oportunidades de re-adiestramiento en el uso de nueva tecnología o destrezas para ser más competitivo sin importar la edad.

Realmente se trata de la creación de un nuevo paradigma respecto a cómo desde la sociedad puertorriqueña entendemos el rol de nuestra población de adultos mayores. Necesitamos, ciertamente, cubrir todas aquellas necesidades y servicios que, por las condiciones económicas aquí descritas, el adulto mayor necesita. Pero al mismo tiempo necesitamos superar esa visión que entiende al adulto mayor como un mero recipiente pasivo de servicios. Lo cierto es que no podemos limitar la participación activa de esta población en la actividad económica, social, cultural y política. Esto es parte fundamental de nuestra nueva realidad: nuestros viejos son y deben ser un sujeto integral-activo en la recuperación económica, política y moral de nuestra Isla.

DESCARGA AQUI el Plan Estratégico para Puerto Rico de David Bernier

Twitter: @ReynaldoAlegria

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