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Tiempo de abrazar a tu niño interior

Este tiempo de preparación para la Navidad nos invita a detenernos a revisar el interior. La época navideña suele marcar incidencia en ansiedades y depresiones. Luego del paso del huracán María y un tiempo de tantos retos en Puerto Rico que a todos de alguna forma nos ha afectado, se hace necesario pausar.

Pausar para revisar cómo está nuestra alma, esa parte emocional y espiritual de la que dependen muchas de nuestras acciones. Preguntarnos qué razones o no tenemos para celebrar esta época que se asocia con la alegría y el amor del niño Jesús. Son diversas las personas que me han compartido su tristeza ante los familiares ausentes, las situaciones económicas, las ansiedades que viven en medio de la inestabilidad del país. Todas razones válidas para que haya angustia en el corazón.

Creo que lo principal es reconocer con honestidad cómo me siento, identificar cuán conectado estoy con el interior y lo que allí se mueve y cuánto ando buscando distractores para llenar vacíos que si no se atienden suelen salir de modo disfuncional afectando nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

En este tiempo ando invitando a que nos demos un espacio para conectar con la realidad emocional conocida como el niño interior herido. Esa parte de la personalidad donde habita la infancia, época en la que muchos vivimos experiencias tristes que nos marcaron profundamente. Cuando de niños vivimos en hogares donde había poca expresión de afectos, abuso emocional, físico o sexual, conductas cambiantes y contradictorias en los padres, inestabilidad por mudanzas, pobreza u otras, la persona aprende a vivir en desconexión con sus emociones.

El niño y posteriormente el adulto aprende a buscar en el exterior maneras de llenar la ausencia de amor y seguridad de la infancia. Siendo el origen en muchas ocasiones de relaciones codependientes, adicciones a la comida, trabajo, compras, bebidas, juego, jangueo etc.  A muchos la Navidad los arrastra  a un estado de tristeza que no comprenden y que se ha encontrado está asociado a las tristezas vividas por la persona en su infancia.

Aprender a abrazar el niño interior, no es otra cosa que desarrollar una actitud de amor propio. Con diversos ejercicio prácticos, la persona puede aprender a encontrase a sí mismo de niño e ir descubriendo el modo para abrazarse y poder darse ahora la atención y el afecto que no recibió de niño.

El pasado sábado compartí con un grupo de adultos un espacio en el que hubo juegos, lágrimas, risas, música. Donde juntos fuimos al encuentro de la infancia para empezar a abrazarnos y a relacionarnos de un modo nuevo con nuestra historia.

En Navidad se celebra el nacimiento del niño Jesús, acontecimiento misterioso que representa un antes y un después para la humanidad. Celebrar la Navidad tiene que ver con permitir que el amor crezca en nosotros. La Navidad nos invita a lanzarnos a vivir contra la corriente de un mundo egoísta y lleno de injusticias.

Es una llamada a encontrar en nuestro interior ese espíritu capaz de construir nuevas relaciones, nuevas condiciones para toda la humanidad. Es un grito de un niño pidiendo que el amor sea la respuesta. Pero ese amor solo puede ser una realidad si comienza con el abrazo a nuestro propio niño interior.

La autora de este blog es Trabajadora Social y Directora del Instituto a Para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré Inc. empresa social dedicada al ofrecimiento de talleres y vivenciales para propiciar el crecimiento y la sanación interior en personas que deseen ser gestoras de su propia historia y vivir plenamente.

https://www.crecimientoaplenitud.org/somos

lortiz@csifpr.org

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