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Ir y Venir

Se ha hecho parte de la vida cotidiana de muchas familias boricuas.  El ir y venir que forma parte del proceso migratorio de la historia de Puerto Rico y que se ha agudizado en los últimos años de recesión y ahora post María.

Cada viaje a Estados Unidos por trabajo o pausa se ha convertido en una escuela de testimonios y vivencias sobre ese ir y venir. El viaje más reciente, hace unos días a Chicago,  me impregnó de conmovedores relatos sobre la realidad de lo que significa para tantas familias el ir y venir. Estar lejos de sus familias. Tener que aprender a lidiar con las separaciones, las despedidas, las esperas para volver a reunirse. Enfrentarse a lo incierto y abrirse paso en medio de otro idioma y otra cultura.

Los rostros en el aeropuerto dicen lo que las palabras no alcanzan. Niños viajando solos a encontrase con padres separados u otros familiares durante el verano. Viejos en sillas de rueda en las ya largas filas para entrar al avión, con la emoción y en algunos casos el miedo en las miradas. Lágrimas y abrazos al separarse de los que se quedan o los que se van.

En este viaje visitamos el barrio boricua en Chicago, lugar donde nació Emmanuel, mi esposo, y al que no había regresado desde la edad de tres años. Fuimos a su casa, en la que nació con partera. Allí derramó lágrimas, sonrió y contempló la vivienda buscando reconciliar su historia en la que también ha habido el ir y venir de su familia.

Caminamos por el paseo boricua donde las dos grandes banderas de Puerto Rico nos recibieron para mostrarnos el amor por la patria que allí se vive. Fue conmovedor  presenciar la cantidad de negocios con nombres de nuestros pueblos, calles con nombres como el de “Sila María Calderón” y “Oscar Rivera”. Allá vive una gran cantidad de hermanos puertorriqueños que aman su país y también se han hecho parte del país que los ha recibido. Definitivamente no es lo mismo saber esta realidad, que sentirla al caminar por las calles del barrio.

Cenamos comida criolla en la “Bruquena” donde hasta una rumba presenciamos de música de nuestros compositores.  Visitamos la escuela Roberto Clemente y estuvimos conversando con algunos compatriotas. Unos desean regresar y otros ya no, pues allá están sus hijos, nietos, trabajos etc. Realidades de una emigración centenaria de quienes buscan las oportunidades que su país les niega y que son parte de la nación norteamericana aun en medio de las grandes contradicciones que vivimos alrededor de nuestra relación política con ella.

Somos emigrantes, definitivamente lo somos, con todas las realidades del ir y venir. Compartimos como tantos otros migrantes el dolor de los que se van de su tierra queriendo quedarse, de los que dejan familias y tantas cosas  en búsqueda de una mejor vida. De los que sueñan con que el ir y venir se convierta en un regresar a casa para quedarse en la tierra donde las raíces siempre esperan.

Mi admiración por todos los puertorriqueños que al igual que muchos otros migrantes de distintos países, han hecho de su casa esa otra que un amigo llama la patria extendida. En esta visita al barrio pude comprender mejor lo que siente el que se va y lo mucho que aporta a la economía de los EU la comunidad hispana. Me parece que cualquier gobernante de esa nación que gobierne de espaldas a esta realidad terminará cavando su propia derrota.

 

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