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Manantial de amor

Es el que ha brotado del  corazón de cada hermano puertorriqueño luego del paso del feroz ciclón María. A casi dos semanas aún no resulta fácil captar la magnitud del desastre. La negación me quiere ganar, no es posible que mi patria tan herida tenga que atravesar esta nueva prueba que ha sacudido los cimientos de nuestras vidas. Busco y rebusco en las noticias aquellas que apacigüen la sensación que desde hace días se ha apoderado de mi pecho apretándolo fuertemente y que he tenido que atender como cada aspecto de la nueva vida post María.

Ha sido y es el amor más puro de tantas personas, lo que me ha llevado a concluir que Puerto Rico renacerá porque el amor existe.  Confirmo que el amor es el mejor antídoto para esta desolación que encuentro en cada esquina de nuestra querida isla. Tengo la certeza de que aunque todo lo Federal y Estatal que se está haciendo por el país nos ayudará a resurgir, será el alma boricua y su amor más profundo lo que no dejará que sucumbamos a la desesperanza.

Hemos visto toda clase de expresiones de ese manantial amor.  Ahora que lo material pasa a segundo plano y nos encontramos con la realidad de que la vida es lo más valioso que poseemos, surge lo mejor del ser humano para cuidarla por encima toda devastación. Resulta alentador ver tantos actos que van transformando en milagro el barro.

Yo por mi parte me he sentido tocada de muchas formas. Los vecinos llevan doce días pasándonos luz de su generador para poder preservar mi insulina. Hemos tenido diversas conversaciones con personas ofreciéndonos lo que poseen y lo que son ellos como seres humanos. Hoy un vecino se dirigía a llevar unas botellitas de agua que pudo enfriar para sus suegros y paró en nuestra casa  -que desde el huracán permanece con las puertas abiertas- y con una hermosa sonrisa nos ofreció dos botellas para que tomáramos agua fría.

El otro día cuando en medio de la autopista me entró la señal, comencé a  recibir mensajes de hermanos de otras tierras que son parte de mi caminar. Fue alentador leer los que alcancé y llenarme de sus expresiones de afecto y preocupación. Han sido impresionantes las muestras de solidaridad que hemos recibido y seguimos recibiendo como país de tantas personas y grupos fuera de Puerto Rico. Muestra del amor más puro que se expresa en tiempos de crisis.

Cada noche mi esposo y yo nos sentamos a contemplar el cielo estrellado, y a veces con lágrimas, otras con suspiros de esperanza compartimos las bendiciones de amor recibidas durante el día, las nuestras, y las que escuchamos o leemos en la prensa que muestran cómo el amor nos va dando su respuesta.

Puerto Rico se levantará porque el amor existe, y desde ese amor seremos capaces de llegar a todos aquellos que con urgencia necesitan pan y agua. Los gestos sencillos seguirán siendo la diferencia entre la vida y la muerte física, pero también nos salvará de la angustia que ronda el alma pero que no le ganará a nuestra férrea voluntad de ponernos en pie.

La autora es Trabajadora Social en los Centros Sor Isolina Ferré y dirige el Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud.

lortiz@csifpr.org

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