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Caminata en medio de la recesión

Cada domingo lo vemos caminando con sus zapatos deportivos y bolsa en mano. Solemos encontrarlo cuando nos dirigimos hacia la iglesia y él regresa de su caminata con la bolsa llena de latas -que a veces todavía sigue recogiendo- de la calle. Dedica los domingos a recoger latas, alimentar animalitos callejeros y atender su jardín. Agrónomo de profesión, se trata de nuestro vecino quien es salsero y siempre tiene una sonrisa en su rostro.

Al igual que a muchos, le preocupan las situaciones que atraviesa el país y las del vecindario donde ya vamos sufriendo los efectos de una recesión que parece no tener fin.  Casas abandonadas, vehículos que se van volviendo chatarra, falta de limpieza en los patios.

Este boricua hace su parte, mientras realiza sus caminatas se preocupa de reciclar las latas que otros dejan tiradas en la calle , de mantener los alrededores del vecindario limpio, de atender a los animales indefensos. No sé si asiste a la iglesia, pero me parece que vive la fe de un modo particular que nos da lecciones profundas de lo que es el amor. El otro día nos explicaba por qué decidió comenzar a alimentar a algunos gatos y gallinas del vecindario que estaban pasando hambre.  Así que no sólo los domingos, sino otros días en la semana sale a su caminata llevando alimentos que desde su conciencia solidaria ofrece a estos animales que no deben aparecer en la lista de afectados por la crisis.

El domingo cuando lo vi me quedé pensando en la lección de vida que este vecino nos ofrece, con esos sencillos actos de amor. Inicié mi semana pensando que no es complicado hacer algo por los demás y cuanto bien nos hace.

A pesar de que muchos boricuas tengamos el alma apretada con tantas malas noticias, es posible enfocar el pensamiento y las acciones hacia actos de bien -no importa si son grandes o pequeños- que nos hagan sentir que vamos poniendo nuestro aporte para escribir la nueva historia.

El bien que hacemos a los otros y al medio ambiente definitivamente nos regresa de vuelta, y más aún nos lleva vivir en la dirección del amor que es la mayor fuente de vitalidad. La humanidad se ha empobrecido no por falta de recursos si no por el egoísmo que nos ha llevado a olvidarnos de los demás.

Cabe preguntarnos qué podemos  hacer desde nuestra propia realidad para escribir los nuevos capítulos de la historia de nuestro país. Aún en medio de la desesperanza que nos ronda, al igual que nuestro vecino podemos caminar en medio de la recesión,  sonriendo, cantando y alimentando la vida que no debemos dejar que perezca.

 

 

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