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Las Patronas en Puerto Rico

Las conozco, admiro y sigo desde hace años. Por mucho tiempo soñé con la posibilidad de llegar hasta su comunidad en Veracruz, México donde por más de veinte años han ayudado a los inmigrantes que viajan en el tren conocido como La Bestia.

Lo que nunca pensé era que mi encuentro con ellas sería aquí en mi propia tierra. Se trata de Las Patronas,  doce  mujeres que ya son conocidas en el mundo por la obra humanitaria que realizan para alimentar a cientos de migrantes  los trescientos sesenta y cinco días del año. Su coordinadora Norma Romero Vásquez fue invitada por REDES de la Diócesis de Caguas. Tuve la oportunidad de escuchar a Norma en las facilidades del Semanario Evangélico de Rio Piedras. Se dirigió a los presentes con una espontaneidad cargada de profunda sabiduría y de un amor inexplicable hacia esta misión ante la que han sido llamadas en más una ocasión ‘locas’ por quienes no comprenden cómo es posible dedicarse a atender a quienes son considerados ilegales, criminales, delincuentes por su aspiración de una mejor vida.

Fue esperanzador escuchar a Norma expresarse sobre los orígenes y la trayectoria de esta misión humanista realizada por mujeres de pueblo sin mayor preparación académica. Mujeres cuyo profundo compromiso ha traspasado fronteras ante el valiente acto de pararse al lado de los rieles de un tren en movimiento para lanzar alimentos y agua a casi 600 pasajeros ilegales que a diario pasan por su comunidad rumbo a los Estados Unidos.

Un proyecto que surgió cuando una mañana dos de las Patronas fueron a comprar pan para sus familias y desde el tren en marcha un joven les gritó: “madre regálanos tu pan, tenemos hambre”. Estas regalaron su pan a los viajeros del tren y desde entonces no han dejado de hacerlo. Esa sola frase detonó un efecto en cadena que hizo que las doce mujeres se fueran organizando para ir creando las condiciones para obtener, preparar, empacar los alimentos y hacerlos llegar a los viajeros que en ocasiones llevan semanas de recorrido desde sus países en Honduras, Salvador, Guatemala y México en búsqueda de un  frontera que cada vez les queda más lejos.

Norma narró sobre los accidentes en la Bestia y como les toca atender a los heridos que en ocasiones incluso pierden extremidades. Habló sobre los muertos que han enterrado en su comunidad sin saber quiénes son. Cómo han tenido que irse educando sobre derechos humanos para ser voz de los  migrantes que incluyen hombres, mujeres y niños que viajan hacia un destino incierto donde son asaltados, humillados, explotados. Enfatizaba Norma que nunca en veinte años han sido maltratadas o humilladas por ningún migrante.

Las Patronas poseen profunda fe y religiosidad. Sienten que ha sido su fe la que ha abierto las puertas para que puedan cumplir con la tarea que Dios les ha pedido que realicen y para que más personas se unan, donen alimentos y dinero. La Patrona también se llama el pueblo donde residen y nombre que a su vez les han puesto los propios migrantes para quienes la Virgen de la Guadalupe es su patrona y estas mujeres al igual que la Virgen se han convertido en sus protectoras.

Creer en el ser humano, sentir que todos tienen derecho a una vida digna, hacer la parte que toca para ayudar a los que necesitan sin esperar por el gobierno, son sus consignas y la manera como creen que el mundo cambiará. Los que allí estuvimos salimos llenos de esas enseñanzas tan necesarias para nuestros propios retos migratorios y la realidad de injusticia que sigue creciendo en nuestro terruño.

 

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