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Lecciones desde una lavandería

Lavar ropa en una pileta, no como lavamos en Puerto Rico donde zumbamos la ropa a nuestras máquinas lavadora-secadoras y en un abrir y cerrar de ojos queda lista, sino lavar a mano doblando el lomo hasta casi meterme adentro de una pileta que parecía no tener fondo.

Mi salvación fue Mirna, una campesina que también participaba del Taller al que asistí en Guatemala en el que estuvimos varios días de silencio adentrándonos en lo más íntimo de nuestro ser.  Ese día –de los pocos que hubo sol- me di a la tarea de lavar ropa. Al llegar al área de la lavandería me quedé unos cuantos minutos frente a la pileta de tres espacios grandes y profundos tratando de ver por dónde comenzar  la tarea. De momento apareció Mirna quien con gran maestría y determinación le entró al proceso y me observaba con una sonrisa que decía más que las palabras.

Literalmente me copié de Mirna, al igual que ella me acomodé frente la pileta, me subí las mangas de la blusa, saqué mollero y comencé a restregar.  Mientras realizaba la tarea pensaba en el significado que para mí tenía aquel lugar donde se debatían mis esquemas de comodidad y de lo fácil versus mi deseo de querer entender y vivir lo que viven millones de mujeres no solo en Guatemala. Mujeres que a puro mollero lavan ropa en piletas y en ríos, cargan en sus cabezas  con equilibrio perfecto canastas llenas de todo tipo de mercancías. Llevan en  sus espaldas cientos de historias de injusticia y opresión.

Mujeres como Mirna cuyo marido se fue para el norte hace once años y le ha tocado criar sola a cuatro hijos, atender los animales y la siembra olvidándose de sí misma. Para llegar al Taller viajó sola por diez horas en un bus muy estropeado –según me narró- proveniente de un pueblo del interior del país. Ha enfrentado rateros y toda clase de abusos en su historia. Aunque no lee ni escribe, posee una sabiduría admirable gracias a su  relación con la tierra y lo humano.

Mediante la Escuela de Formación en Humanidad Política y Ciudadana de la Universidad Landívar – que me llevó hasta Guatemala- Mirna ha encontrado un nuevo sentido a su vida. Ha descubierto su valor como ser humano y ha comenzado una transformación interior y en su vecindario dirigida a crear nuevos tejidos sociales desde la solidaridad y el bien común.

Hay que lavar en pileta-me decía a mí misma mientras estregaba la ropa- hay que caminar junto a mujeres como Mirna y aprender esas nuevas lecciones que la vida nos quiere dar.  Sin decir palabra durante diez días esta mujer me mostró no solo cómo lavar ropa en pileta, me mostró de lo que se trata la solidaridad, el cuidado de lo ecológico, la praxis de una vida de sencillez. Solo con el lenguaje de su mirada y su sonrisa que encerraban el testimonio de una vida de  lucha y  superación que invitaba a ser emulada.

Terminé la lavada con cierto dolor en la espalda pero eché a un lado la queja y acogí la lección que  confrontó mis paradigmas y que  estoy segura me ayudará a seguir con la tarea de desaprender lo que se nos ha hecho creer que necesitamos para vivir bien y que nos limita vivir desde esa fuerza interior que se aprende de seres como Mirna que  se convierten en maestras del caminar.

lortiz@csifpr.org

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