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Ricardo Rosselló resbala

Enseña el que sabe. Dirige el que sabe y puede.  El que bien dirige un equipo de baloncesto o de béisbol puede muy bien dirigir cualquier empresa y aun al gobierno de Puerto Rico.  La dinámica es la misma; lo que varía es la temática. Gobernar un país es más complicado porque además de requerir conocimientos de distintas disciplinas conlleva responsabilidades de mayor importancia que ganar un partido o un campeonato y suman millones las personas afectadas por las decisiones que toma el que dirige.

Basta con comparar la enorme responsabilidad que pesa sobre los hombros de un Donald Trump con la que siente y sufre un dirigente en un partido de serie mundial.  Un error de juicio de Trump puede ocasionar una crisis económica para millones de seres humanos dentro y fuera de los Estados Unidos y en el peor de los casos una tercera Guerra Mundial.

El gobernador de Puerto Rico es un joven de treinta y ocho años.  La juventud y el entusiasmo de Ricardo Rosselló lo ha inducido a desafiar el código de la experiencia en su gestión gubernamental.

Inteligente y bien intencionado en su mandato, el Gobernador ha comenzado a flaquear dado primeramente a errores de juicio que se reflejan en los nombramientos de jefes de agencias y miembros de un gabinete que parece más una fraternidad de colegiales que un grupo de experimentados profesionales de administración pública.  Si algo le falta a un gobernador de treinta ocho años y a jóvenes asesores de su misma generación es la MALICIA de un cincuentón con un expediente que muy bien certifica sus conocimientos.

Una empresa de la magnitud e importancia de gobernar a una nación exige que su dirigente, gobernador o presidente cuente con un asesoramiento inteligente, obviamente honrado y comprometido con el proyecto de procurarle calidad de vida y felicidad a quienes lo eligieron.  En el asunto de Whitefish, Rosselló no pudo anticipar que se trataba de un contrato leonino, pero, lo que es peor, sus abogados aparentemente ni siquiera se tomaron la molestia de leerlo y estudiarlo como requerían las circunstancias.  Error monumental. ¿Malicia o maroma?

Los politólogos anexionistas, tratando de librar de toda culpa al Gobernador, andan por ahí alborotados vendiendo la tesis de que LA PRENSA se ha ensañado en contra de Rosselló con el propósito de acusarlo a él y a su equipo de trabajo como corruptos. Obviamente exageran, pero ya pronto sabremos todo lo que trae el desastre de Whitefish.

No se trata de adjudicar culpas, se trata de FISCALIZAR al único gobierno que tenemos; al del PNP. Y obviamente a la persona que no solamente lidera ese partido, sino que también es gobernador de Puerto Rico. Soy prensa, pero ciertamente mis críticas son de buena fe y no las hago por desafectos con Ricky con cuya familia me unen lazos de amistad. Por eso y para empezar me consta su honradez. Ricardo Ramos sirve o no sirve, pero de lo que no hay dudas es de que metió las cuatro patas en el caso de Whitefish exponiéndose a críticas de incompetente o de corrupto. Y no es fácil explicar porque sigue como Director de la AEE.

La pelea de Ricky con Thomas Rivera Schatz la perdió 22 a 0. Y esta otra metida de pata exige la evaluación de la competencia de su asesor legal (abogado). No hay nada de conspiración mediática en ambos asuntos. La Prensa hace su trabajo de informar y por supuesto de criticar conductas equivocadas y hasta irresponsables.

El “don’t push it” de Ricky contra la Junta de Control Fiscal le valió aplausos de todos, incluyendo a muchos de sus correligionarios. Pero ese forcejeo entre su mandato democrático y la sindicatura fascista continua. ¿Hasta cuándo? Ya veremos, diría el filósofo de Radio Isla.

Mientras el PNP se divide en tribus y culipandea, el Partido Popular ningunea y Carmen Yulín ventea la indignación de un Pueblo abusado por los gajes del colonialismo ganándose el respeto de los invasores, los puertorriqueños, entre las penumbras, se preguntan:

WHO THE HELL IS IN CHARGE?

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