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Nuestro norte económico en 2019

Al pasar revista sobre el 2018, aun con sus altas y sus bajas, muchos puertorriqueños coincidimos en que su saldo, sin duda, ha sido positivo.
Claro está, que tras los mortíferos vientos que trajo consigo aquel nefasto 2017, el 2018 tuvo desde su inicio una significativa ventaja en esa encomiable tarea de superar a su antecesor.

En la última edición del año de la Revista Negocios de El Nuevo Día, expertos y líderes del sector privado entrevistados por nuestros periodistas reflexionan sobre el desempeño de la economía durante este año que ahora culmina.

Si bien muchos coinciden en que la inyección de fondos federales tras el paso del huracán María le dio un respiro a la economía local, también alertan sobre el hecho de que estos impulsos son temporeros.

Precisamente por ese punto es que Puerto Rico no se puede dar el lujo de embelesarse, embriagado por los millones que comienzan a llegar y los que faltan por entrar. Las manadas de carros amontonándose en los centros comerciales, los restaurantes llenos de comensales, los hoteles descorchando botellas a todo tren, así como ese chinchorreo intenso durante los fines de semana, pueden distraer y dar la sensación de que realmente “estamos bien”.

Pero, ojo. Esa ilusión de bienestar puede durar el equivalente a los 3 minutos y medio que dura la canción de Bad Bunny. Lo billetes de cien no siempre van a llover. Al menos para la mayor parte de la población.
Mientras el país festeja, queda latente al inicio del 2019 las tareas inconclusas de una isla que aún intenta levantarse.

Quedan pendientes las grandes interrogantes sobre la restructuración de la deuda, la viabilidad de los sistemas de Retiro, el bienestar fiscal de nuestro sistema de salud, la restauración de nuestras quebrantadas carreteras y la iluminación de miles de semáforos que parecen operar en intermitencia perenne.

Dicho esto, Puerto Rico debe aprovechar esta momentánea “lluvia” de fondos, para usar el dinero de manera sabia, ágil y equitativa, para restaurar las grietas que nos provocó María y, al mismo tiempo, trabajar en las reformas verdaderas que por años nos hemos negado a implementar.

Si bien previo a septiembre de 2017, María era algo inimaginable, también lo era recibir la cantidad de fondos que ahora están supuestas a llegar. No podemos permitir que factores exógenos que no controlamos, como una catástrofe o un Congreso en el que no tenemos representación, sigan definiendo nuestro futuro.

Es hora de tomar lo que nos dejó María y usarlo a nuestro favor de manera estratégica e inteligente para crecer. Más allá de ser nuestro mayor deseo para el 2019, ese debe ser nuestro norte.

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