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Más que una isla

Puerto Rico no mide 100 x 35. Tampoco es una isla  sin recursos naturales y económicos como nos enseñaron en la escuela. No la considero “la menor de las Antillas mayores”. Puerto Rico es un país que trasciende la extensión de sus coordenadas geográficas.

Poco después de que el destructivo huracán María tocara tierra en la isla, la diáspora puertorriqueña tomó rápida acción para el socorro. Incluso antes de que el gobierno federal se moviera para suspender temporeramente las leyes de cabotaje, los puertorriqueños en el exterior ensayaban modos de asistir a nuestros damnificados. Casi al unísono una movilización solidaria se desplazó desde las afectadas Houston y Florida hasta Atlanta, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, entre otros.

Como muchos boricuas en Estados Unidos, estuve días sin comunicación con mis familiares. Pasaron siete interminables días antes de supiera de mi papá y su esposa, quienes viven en Arecibo. Escuché aterrada que el huracán había salido cerca de esa zona. Las primeras imágenes sobre los destrozos eran impresionantes.

Así me encontré en las redes sociales con otros como yo que buscaban información sobre sus seres queridos y sus municipios y barrios. Me solidaricé muchísimo con personas desconocidas mediante los foros boricuas online. Las redes sociales por primera vez me parecieron útiles y gracias a ellas pude establecer contacto con mi familia. Viví horas colmadas de incertidumbre y ansiedad por mis parientes y por los de otros que ni siquiera conozco. Experimenté la euforia de aquellos que tomaron acción inmediatamente e iniciaron chats en los que se divulgaban todo tipo de eventos de recaudación de fondos y recursos para socorrer a la isla a la mayor brevedad posible. La creatividad, ante la necesidad isleña, se desbordó en conciertos, obras de teatro, tertulias y ecokits. Todos compartíamos el sentimiento de impotencia y frustración de no poder estar allí.

Mientras tanto, la vida sigue y uno se codea con gente que ignora la situación. En mi universidad, recibí más apoyo durante el huracán Irma porque como afectó la Florida la gente acá estuvo mejor informada. En el caso de María, solo unos cuantos reconocieron mi malestar y rabia ante la total devastación de Puerto Rico. Y no fuimos pocos los que sentimos ese desapego de otros ante el sufrimiento de nuestro país, en especial de las autoridades que se supone prestaran pronta ayuda.

Pero eso no desalentó a la diáspora. Todo lo contrario. Ello se convirtió en motivo para demostrar que sí sabemos lo que significa “autogestión” y que no lo aprendimos en los libros, sino que lo venimos cultivando desde siempre. Porque, siendo primero colonia de España y luego de Estados Unidos, conocemos perfectamente lo que es ser un territorio olvidado. Porque en el olvido se ensayan proyectos de construcción basados en valores de solidaridad y compañerismo. Porque esos valores persisten y se fortifican en estos momentos de crisis.

Claro que, uno se indigna al ver al Presidente de la metrópoli lanzar rollos de papel toalla en una conferencia de prensa en la isla mientras reclamaba el costo económico a su presupuesto. También indigna que se atreva a echarnos la culpa de todo el desastre posterior; que subestime el número de muertes a causa de la catástrofe; que enfatice la labor del ejército norteamericano y las supuestas ayudas que nunca llegaron o que, si lo hicieron, fueron a destiempo. Indigna que muy pocos medios cubrieran la noticia real: la ausencia de recursos básicos en municipios y zonas incomunicadas.

Sin embargo, la indignación también puede ser un paso para construir y avanzar escenarios de progreso. Contrario a la imagen pública que se divulga internacionalmente, nosotros no dependemos exclusivamente de ayudas federales. Y porque siempre hemos sospechado de éstas, la diáspora se organizó para brindar ayuda eficientemente con celeridad y compromiso.

Porque tanto el boricua que se fue de la isla, así como el que nació por acá, se sienten plenamente puertorriqueños. Porque sabemos cómo se bate el cobre en la colonia, sabemos también protegernos y apoyarnos.

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