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Papi, no me quiero ir

Sentí el corazón latir en el estómago cuando mi hijo de siete años me manifestó, de la nada, que no quería mudarse a Orlando a donde esta empresa me destaca como corresponsal. “Papi, ¿por qué no mandan a otra persona?  Si me voy, mis amigos me van a extrañar mucho y amo mi colegio”, me dijo mientras me disponía a sacar el auto de la marquesina aquel domingo.

Su declaración estuvo acompañada por lágrimas. Se colgó de mi cintura y apretó fuerte. También lo abracé. “Todo va a estar bien. Allá nos vamos a divertir mucho”, se me ocurrió decir. “Si papá, pero voy a extrañar mi casa”, me respondió. “Lo sé querido. Lo sé”, le dije.

Tendrá siete añitos, pero mi hijo está pendiente a todo lo que ocurre en su entorno, como un radar Doppler. El montón de cajas que vamos llenando a diario, los bártulos que hemos donado y regalado y la casa que va desarmándose poco a poco son una clara señal de la magnitud de este cambio.

Por ello no me dio risa cuando en un viaje reciente a Culebra hizo lo indecible por no salir de la playa, ni siquiera para comer: “Papa, no volveré a ver este mar”, me dijo como para justificarse. Tampoco me resultó gracioso cuando, al regresar a casa de este paseo,  corrió a abrazar una columna de la vivienda.

El proceso de dejar tu país, tu entorno familiar implica una pérdida y mi hijo ha sido muy elocuente manifestando la incertidumbre que vive, me explica la doctora Frances Boulon, expresidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico y profesora en psicología educativa en varias universidades.

Miles de boricuas que han emigrado ya han pasado por esto y para los que piensan cruzar el charco aquí algunas recomendaciones que la doctora Boulon compartió conmigo:

  • Explícale a tu hijo que los objetos materiales que se dejan, venden o pierden en una mudanza se pueden sustituir pero que el amor de la familia y amigos continuará a pesar de la distancia.
  • Asegúrese de que se lleve recuerdos de las personas, cosas o lugares que más ama. Pueden ser fotografías que pueda mirar y eventualmente mostrar con orgullo a sus nuevos amigos.
  • Planifique viajes futuros en fechas particulares como Navidad, despedida de año.
  • Apueste a la tecnología: las aplicaciones que permiten videoconferencias ayudan a mantener un contacto cercano, pero procure que esos contactos se coordinen en momentos particulares (una vez a la semana, cada dos semanas) ya que los niños necesitan estructura, algo predecible. Lo impredecible les produce ansiedad.
  • Destaque lo positivo de las experiencias que se avecina: conocer lugares nuevos, gente nueva, etc.
  • Si es posible, y según la madurez de su hijo o hija, involúcrelo en el proceso de búsqueda de nueva vivienda. Le ayudará en su autoestima si siente que lo estamos tomando en cuenta en este proceso.
  • Llévelo a conocer los alrededores de la nueva escuela y en cuando el plantel esté disponible, llévelo a conocer sus instalaciones.
  • No le anticipe sobre dificultades relacionadas con el discrimen y el prejuicio para evitar que cree una expectativa negativa de que tales acciones pueden ocurrir. Mejor coméntele algo así: “Esta será tu nueva escuela. Habrá gente buena y estaremos pendientes de todo. Si algo que no te gusta ocurre, mamá y papá estaremos aquí para resolverlo”.

 

– “Extrañaré tanto a mi maestra”, me dijo.

-“Lo sé hijo mío, pero recuerda que pasaste de grado y como quiera ibas a tener nueva maestra si te quedabas en tu colegio – le respondí.

-“También extrañaré Puerto Rico papi”-

-“Lo sé, pero estaremos cerquita. Mira, más se tarda un auto de Fajardo a Mayagüez que un avión de Orlando a San Juan-

– “¿Vamos a volver a casa?” – continuó.

-“Sí, Dieguito. Estaremos yendo y viniendo. Además,  siempre, siempre, siempre se regresa a casa”. –

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