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El gobierno permanente de la AEE

Tiene razón la comisionada residente Jenniffer González cuando dice que en la Autoridad de Energía Eléctrica hay un “gobierno permanente”, que es ese centro de poder que sigue vigente administración tras administración.

Pero no es tanto como lo plantea González, pues la fuerza de esa estructura administrativa “permanente” fluctúa según el color del gobierno del cuatrienio. Si es azul, mandan los azules, y si es rojo, los rojos. Eso sí, rojos y azules permanecen cuatrienio tras cuatrienio en puestos “de carrera” que se ganaron simplemente por su lealtad partidista, no por sus méritos.

La comisionada lo sabe bien, pues fue empleada de carrera de la AEE y retuvo su plaza siendo legisladora y hasta llegar a la presidencia cameral.

La AEE fue durante muchos años la joya de la corona del gobierno y, en gran medida, su administración se regía por el principio del mérito, una práctica en desuso desde hace tiempo que permitía reclutar, y mantener, al personal idóneo, el más capacitado, independientemente de sus creencias políticas. Se ofrecía examen para las distintas plazas que se adjudicaban según el resultado de la prueba.

Eso es ahora historia antigua. Y su desaparición como requisito para obtener empleo en la AEE tiene mucho que ver con el deterioro administrativo y fiscal de la corporación pública.

El problema de la politización en la AEE no es nuevo, como tampoco lo es su identificación como factor importante del problema. Ya en los informes de Lisa Donahue, la excontratista traída a un costo exorbitante por la administración de Alejandro García Padilla, se planteaba sin rubor alguno que había que erradicar el partidismo en el ente y se propusieron medidas específicas para hacerlo.

Donahue se fue, $45 millones y seis extensiones de contrato después de su llegada, y aunque nadie lo admita, su salida se debió en parte al mismo partidismo que proponía erradicar. La administración de Ricardo Rosselló Nevares marcó el regreso de los azules y le cerró la llave.

La reciente crisis de la cúpula de la AEE, que acaba de inaugurar su quinto director ejecutivo en año y medio, y el desastroso manejo del restablecimiento de la red eléctrica tras el paso del huracán María hace diez meses, devuelven ahora el foco federal hacia el problema de la politización.

Lamentablemente, para encontrar una solución, el presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara, Rob Bishop, pone al cabro a velar las lechugas y le encomienda a la comisionada González la búsqueda de opciones para despolitizar la corporación pública justo cuando comienzan a darse pasos concretos para privatizarla.

La gestión lleva todas las de fracasar. Primero, porque González ha recibido una misión imposible, un “catch-22”: enfrentarse a Rosselló Nevares, que ya dijo que es “absurda” la idea de despojarlo de su autoridad nominadora.

Y segundo, porque Bishop parece creer que quitándole al gobernador Rosselló Nevares el poder de nombrar a los miembros de la Junta de Gobierno se despolitiza a la AEE. La politización es profunda y radica precisamente en el gobierno permanente de rojos y azules, que abarca todas las capas de la entidad.

Paralelamente a la agenda congresional, el nuevo director ejecutivo, José Ortiz, ya ha anticipado sus propios planes para adelantar la privatización y para alcanzar acuerdos con los acreedores y ponerle fin al proceso de quiebra bajo el Título III de la ley PROMESA.

Con todo lo que se avecina, el fin del gobierno permanente podría estar cerca. O no.

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