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El país de las maravillas

Los días recientes, aciagos para Puerto Rico por la guerra abierta que se han declarado el gobierno de Ricardo Rosselló Nevares y la Junta de Supervisión Fiscal, nos han traído también un sentimiento de indignación colectiva.

Nos gustaría pensar que la mayoría de los ciudadanos vio con buenos ojos la decisión de Rosselló Nevares de demandar a la Junta en relación al presupuesto operacional del año fiscal que comenzó el 1 de julio. No porque estemos de acuerdo, o no, con la distribución presupuestaria hecha por el gobernador y su Legislatura, sino porque disgustan las acciones del organismo federal.

Pero entonces ocurren cosas que nos descolocan.

El gobernador se va de paseo a Moscú, para presenciar en directo la final del Mundial de Fútbol. Es cierto que el viaje de Rosselló Nevares y su esposa no nos costó, pero sus escoltas nos dejaron una factura oficial de $26,000.

Y ahora, cuando todavía dura el disgusto colectivo por el viaje, nos enteramos de que la Fortaleza compró una guagua blindada que costó $245,000 para el uso del gobernador.

No sabemos cuándo, tal vez al enterarse en algún momento de la compra, o quizás como reacción a la filtración de la acción absurda de su oficina, pero el gobernador ordenó que la guagua fuera transferida a la Policía, que ciertamente no necesita un vehículo de semejantes atributos.

¿En qué país vive esta gente? Por un lado reclaman autoridad para decidir sobre el uso del presupuesto, mientras por otro le dan la razón a la Junta Fiscal, que está convencida de que el gobierno malgasta los escasos fondos que recauda. Maravilloso.

En el caso del viaje a Rusia no ha habido consecuencias, aunque debería haberlas. Pero en el de la guagua, no es suficiente que el secretario de Asuntos Públicos, Ramón Rosario, se dé golpes de pecho asegurando que su jefe no tuvo nada que ver con la decisión de comprar el vehículo blindado.

Habla mal del gobernador que no sepa lo que hacen sus subalternos en sus narices, en la propia Fortaleza. Y peor que su solución al escándalo sea traspasarle la guagua precisamente al funcionario que propuso comprarla, el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera.

Queremos ver qué uso se le va a dar a la guagua, tan llamativa por su gran tamaño y expuesta ya ante el país como tanque de guerra improvisado.

Y queremos ver coherencia en las acciones del gobierno. Que no se pueden reclamar poderes para incurrir en gastos alegres. Alegres por el malgasto, aunque en realidad no dén nada de gracia.

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