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Más allá del diploma

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Las dos preguntas sencillas que te acercarán a tu visión

Suena fácil. Bonito. Incluso hasta sencillo.

Cuando lees sobre la trayectoria de personas reconocidas o escuchas charlas de personas que han logrado un éxito deseado—sea personal o profesional—la mayoría comienzan con un primer paso en común: Crea tu visión.

¿Pero—qué exactamente significa esto?

Si la palabra visión significa tener la capacidad de observar, el acto de crear tu visión sería el arte de ver lo invisible. Se trata de visualizar tu potencial.

Esta visualización se puede practicar de distintas formas: Algunos sueñan despierto, otros juntan imágenes de aquello que aspiran a alcanzar para crear el famoso “vision board”. Otros—me incluyo—simplemente redactan una lista de metas a corto y largo plazo.

Ahora, para visualizar efectivamente se requiere de un recurso que es cada vez más escaso: El tiempo.

Hay que armarse de pausa para darle la bienvenida la contemplación. Cualquier acción masiva debería ser producto de una gran introspección. Solo así podrás contestar dos preguntas esenciales.

¿Qué sueño o meta absurda quieres lograr?

 Y más importante… ¿Por qué?

Hace dos años fui a una actividad donde el orador nos dio 20 minutos para completar una tarea sencilla. Teníamos que confesarle a un extraño cerca de nuestra vecindad que sueño o meta absurda teníamos, y para colmo, explicar el por qué.

Recuerdo el momento perfectamente. Estaba sudando en las manos bárbaramente y sentía el corazón palpitando a millón. Mi profesión es enfocada en los números—pues soy contador—pero mi curiosidad siempre ha perseguido las letras. Llevaba años visualizando al oscuro este sueño sin compartirle a un alma lo que quería porque sentía que no me lo merecía.

Cuando de repente por fin me toca contestar la pregunta:

¿Qué meta absurda quería lograr?

A lo que yo por fin confesé: Escribir un libro.

Ufff. Cuando por fin confesé mi sueño a otro ser viviente sentí que arrojé al hermano de King Kong de encima. Esta fue la primera vez que me atreví a soñar despierto. Sin preocupaciones, sin opiniones, sin considerar cómo, ni cuándo, y si podría monetizarlo. ¡Sentí un alivio real!

La segunda pregunta… ¿Y Por qué?  

A lo que yo expliqué: “Primero, encuentro que escribir es un proceso que para mí es súper placentero y satisfactorio. También creo fielmente que los libros son el intercambio de valor más profundo que existe. Uno que permite impactar a un sinnúmero personas sin límites geográficos”.

Este simple ejercicio de contestar estas dos preguntas lamentablemente es ignorado por la gran parte de la población. En bares, reuniones y conversando con los pares y colegas, las quejas siempre son las mismas: ¡No tengo tiempo!”

Entre el ajetreo de la rutina, los numerosos exámenes, las infinitas tareas asignadas por el jefe, los reclamos de nuestros clientes y las necesidades de nuestros padres o hijos, se nos resulta casi imposible pausar a pensar en el qué y su por qué.

Siendo parte de la nación americana, es fácil comprender este fenómeno. Estudios indican que la cultura americana idealiza estar ocupado. Hoy día prácticamente se ha convertido en un estatus social. Mientras más ocupado uno está, más solicitado, y por ende pareciera estar más cerca de aquello que la sociedad tanto valora: más dinero.

Esta mentalidad para mí era más prevalente en la Universidad, cuando junto a la mayoría de mis compañeros, compartiamos la misma ambición: ¿cuál es la forma más rápida de hacer dinero?

En aquel tiempo el plan estaba delineado. Primero sacabas buenas notas. Luego asegurabas el internado. Si lograbas realizar una buena impresión capturabas esa primera oferta de trabajo, idealmente en tu campo estudiado. Sencillo. Misión cumplida.

No fue hasta casi acabando mi bachillerato que en una clase de inglés comercial la profesora nos preguntó algo similar: ¿Qué quieres lograr de aquí a 5 años? ¿Y, por qué?

Recuerdo que el silencio fue sepulcral. En mi caso, me abochornó pensar que habían transcurrido tantos años desde la última vez que me senté a analizarlo. En aquel momento realmente no estaba claro. No sabía. Solo sabía que tenía que hacer dinero.

Irónico considerando que de niño uno soñaba constantemente. Siempre que uno veía a los tíos, primos y abuelos, la pregunta era la misma. ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Todo, no importa cuán absurdo, estaba en juego.

De adolescente la conversación comienza a girar alrededor de “¿qué vas a trabajar?” o “¿qué profesión vas a ejercer?” Es aquí donde dejamos de soñar en las posibilidades para enfocarnos en las probabilidades. Le damos prioridad aquellos trabajos que nos proveen mayor estabilidad.

“Quiero ser abogado”. “Ingeniero”. “Contador”. “Empresario”. “Doctor””.

¡Súper!… pero… ¿por qué?

¿Cuál es tu fin? ¿Ganar dinero? A mis 30 años he aprendido el dinero no es una meta. Es un resultado.  Una herramienta que puede contribuir a tu visión.

Piénsalo. No voy a argumentar que ganar dinero no sea importante. Es esencial. El capital te da opciones y todos quisiéramos y pudiéramos tener más opciones.

Ahora, el dinero no debe ser la meta. Debe ser el resultado. Debe ser la herramienta.

Como una vez dijo William Shakespeare “Si el dinero va delante, todos los caminos se abren.”

Digo esto porque siempre podemos buscar y hacer más dinero. Primero quieres ganarte $50k. Luego $100k. Luego $200k. Luego el millón.

¿Ves la tendencia? Es un blanco en constante movimiento. No tiene fin.

Como dice el autor Robert Greene en su libro Mastery: “Basar las decisiones más importantes de tu vida alrededor exclusivamente en oportunidades que te traigan más dinero resultará ser una búsqueda frustrada y deprimente”. No puede ser tu única aspiración de laborar. El tiempo dedicado en el trabajo compone la gran mayoría de tiempo en vida. Debe haber un propósito. Un por qué.

Si la meta no es ganar dinero, entonces, ¿cuál es?  

La meta debe ser maximizar tu potencial para beneficiar un propósito mayor de ti mismo. Aquí es donde debemos girar nuestras conversaciones. Lograr exprimir lo mejor de ti. Convertirte en un maestro de tu industria. Alcanzar metas absurdas. Crecer. Mejorar. Proveer. Conseguir dinero (disculpa, herramientas) y destrezas, para que mejor puedas servir a los demás.

Piénsalo. En los momentos más orgullosos de tu vida ocurrieron una de estas dos cosas:

  • Lograste una meta que resultó en un crecimiento astronómico ó
  • Ayudaste y o serviste a otra persona

Por eso hay que retarse constantemente. Por eso hay que volver a soñar de manera absurda. Empujarse a maximizar su potencial no es una meta individual. Es la manera de contribuir a tu entorno. Tu deber.

Ahora… ¿Qué hace falta para que tú definas tu visión?

Necesitas poder regresar a soñar a mayor escala

Necesitas ser más honesto contigo mismo de antesala.

Necesitas más ser más vulnerable.

Más que todo necesitas tiempo para salir de la rutina y contestar estas dos preguntas esenciales.

¿Qué meta absurda quieres lograr? Y ¿por qué?

Dominar un oficio que logres una mejoría personal y que te permita servir un propósito mayor que ti mismo.

Curar una enfermedad. Salvar vidas. Guiar a tus clientes. Crear una obra de arte. Crear empleos. Mejorar tu isla.

Esa debe ser la visión.

Sobre el autor:

Soy CPA, Escritor, Conferenciante y Pasado Presidente del Capítulo Profesional de ALPFA Puerto Rico. Como eterno optimista, mi meta es compartir historias, que logren inspirar, motivar y ayudar a mi generación puertorriqueña para que juntos podamos contribuir activamente al renacimiento de nuestra Isla.

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