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Más allá del diploma

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Cómo combatir el frío olímpico

¿Por qué lo piensas tanto?

Lo sé. Te entiendo. El análisis es importante.

Las decisiones más cruciales de tu vida van a requerir un espacio para que consideres todos los riesgos y escenarios que pueden imposibilitar tu éxito.

Ahora, hablando entre tú y yo, ¿llevas pensando en lanzar ese negocio hace cuánto ya?

A lo mejor siempre quisiste perseguir esa carrera artística. Quizás escribir el próximo Premio Nobel. Sabes que tienes el talento, la disposición para aprender. Incluso comenzaste a estudiar el tema y hasta averiguaste cuales serían los próximos pasos.

De momento, a la hora de arrancar… te arropa el frío olímpico.

Este término popular se le dice cuando uno se congela a la hora de ejecutar un reto.

Yo también he sido víctima. Siempre soñé con tener mi propia columna, pero siempre dudaba de mí capacidad. Incluso cuando comencé a escribir esporádicamente hace tres años jamás visualizaba tener un blog. No estaba listo. No era mi tiempo.

Luego de que me publicaran varias columnas, toqué varias puertas, conocí a los editores… Se me dio. ¡Mi propio blog!

¿Y que ocurrió después? Nada. Pasaron casi seis meses, seis meses que cuestioné, seis meses que dudé, seis meses que me congelé.

Este frío malévolo tiene tres ataques primordiales. Primero comienza la inseguridad, que al penetrar tu subconsciente te empieza a cuestionar: ¿Podré lograr esto? ¿Tendré el tiempo? ¿Los recursos? Te frustras porque no tienes la experiencia. Te sientes solo.

Luego empiezas a analizar qué dirán tus familiares, tus amigos y colegas. Te preocupas de que te veas estúpido (a) y que te critiquen o ridiculicen a tus espaldas.

Finalmente, comienzas a descubrir lo difícil e incómodo que sería realizarlo. ¿Cuántas horas adicionales tendría que invertir? ¿Sacrifico tiempo con familia y amistades?

Entonces decides que esa meta no es para ti. Permites que el frío olímpico congele efectivamente tus sueños para que descansen eternamente en el purgatorio de tu subconsciente.

Así opera el frío olímpico. Hasta que tomas una decisión. En mi caso, por poco me quito antes de empezar, pero desperté. ¿Qué cambió? Aquí les comparto 4 aspectos que tuve que ajustar para derrotar el frío olímpico.

La actitud

Imagínate cuán distinto sería la conversación sobre nuestros sueños si todo el mundo partiera de la premisa que todo, literalmente todo, lo que uno quisiera lograr se pudiera alcanzar, si estás dispuesto a pagar el precio.

Si en vez de juzgar basándonos en probabilidades de éxito, cada cual pudiera reforzar la idea que se puede, habría menos miedo, menos análisis y más acción.  Si algo estoy agradecido de mis padres, y de vez pudiera enseñarle a mi hijo y a ustedes, es que cualquier reto lo puedes conquistar si estás dispuesto. ¿Por qué no? La diferencia más marcada entre las personas que admiras y aquellos que solo critican es que quienes admiramos adoptaron esa actitud, esa mentalidad de que todo se puede antes temprano en el juego.

La seguridad

¿Alguna vez has conocido personas sumamente talentosas que constantemente cuestionan sus méritos aun cuando han tenido un historial de triunfo?

Pues no es anormal. Los doctores Pauline R. Clance & Suzanne A. Imes lo catalogaron como el “síndrome del impostor”. Por más capacitado que la persona esté, se siente como un fraude. Como si no perteneciera.

Para ser exitoso es necesario creer en ti. Nadie más lo va hacer por ti. Ahora, nada te dará más seguridad que la práctica. Hay personas más seguras que otras, pero cuando logras comenzar, practicar, perfeccionar y mejorar tu producto, servicio, talento, vas adquiriendo mayor seguridad.

Lleva un diario, documenta con fotos y mide tu progreso. Refuerza positivamente con lectura cuál es tu meta para que puedas transmutar tu sueño del inconsciente a la ejecutoria en el consciente.

La autenticidad

El emprendedor Gary Vaynerchuk dice que una de las claves al éxito es la importancia de estar bien consciente de quién tú eres, conocer tus fortalezas y debilidades para así enfocarte en tus talentos en vez de ser cómplice de que otros esperan de ti.

Esto lo recalca porque por mucho tiempo nosotros vivimos tomando decisiones para complacer a alguien más: para complacer a tus padres, impresionar a tus amigos, para competir con tu hermano o hasta para enamorar a una pareja.

Aristóteles una vez dijo que “la mejor manera de evadir críticas es diciendo nada, haciendo nada y siendo nada”. Es imposible complacer a todo el mundo. ¿Qué te complace a ti? Deja de preocuparte por la opinión de los demás y lograrás ver que es posible vivir una vida que tu quieres.

La disponibilidad de pagar el precio

El precio es simplemente el sacrificio, la incomodidad, la resistencia que tuviéramos que sobrepasar para poder alcanzar esa meta.

Puedes rebajar, si estás dispuesto a sacrificar los dulces y comienzas a sacar una hora al día para sudar.

Puedes graduarte con honores si estás dispuesto a estudiar con anticipación y sacrificar algunas salidas.

Puedes ser un artista reconocido si estás dispuesto pulir tus destrezas.

Puedes retirarte para viajar el mundo si comienzas a ahorrar desde temprano.

Puedes ser buen padre o madre si estás enfocado y dedicas tu completa atención a tus hijos.

Puedes ser exitoso si estás dispuesto a aguantar críticas y rebotar de fracasos.

Lamento informarte que no importa lo que ocurra el frío olímpico siempre existirá. Ahora, tienes dos opciones. Puedes permitir que te derrote, congelando tus deseos de progresar. O puedes entrenarte a derrotarlo mediante la práctica consciente y consistente.

¿Qué prefieres?

Es normal titubear, pero nunca empezar es ya una derrota. Así que, no lo pienses tanto. Comienza intentando aquello que tanto te aterroriza.

Solo toma un día, un momento, una decisión. Intenta. Fracasa. Repite. Insiste. Eventualmente, ganas, o en el peor de los casos, mejoras.

Se puede.

Sobre el autor:

Soy CPA, Escritor, Conferenciante y Pasado Presidente del Capítulo Profesional de ALPFA Puerto Rico. Como eterno optimista, mi meta es compartir historias, que logren inspirar, motivar y ayudar a mi generación puertorriqueña para que juntos podamos contribuir activamente al renacimiento de nuestra Isla.

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