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Primera Partida

Muchos me preguntan por qué “La Mancha”. En verdad no lo sé con exactitud. Puede ser porque siendo muy pequeña mi abuelo me regaló un libro infantil sobre Don Quijote de la Mancha; porque me gusta pintar y donde quiera dejo una mancha de pintura, o, tal vez, por la mancha de plátano que todo boricua lleva dentro. Puedo hasta pensar que es por los borrones de tinta que hago al escribir para este blog. ¡Quién sabe!

Sí sé que todo boricua anhela o ha tenido, por obligación o necesidad, que explorar más allá de lo que fue su hogar.

Primera Partida:

No hace mucho por mi mente rondaba un recuerdo, un recuerdo de la primera vez que viajé al Estado de la Florida. Antes había venido, pero apenas tenía un año, por eso considero esta como mi primera partida, aunque es la segunda.

Todo comenzó porque mi mamá decidió llevarme al mundo mágico de Disney. Lo hizo, pero si me preguntas ahora por esa experiencia probablemente me quedaría pensando en pajaritos preñaos porque honestamente no sabría que contarte. Con un poco de más años encima, cinco para ser precisa, mi madre me trajo de vuelta a ese parque de diversiones. Ese mundo no lo entendía, solo sabía quién era Mickey Mouse. ¡Que a estas alturas de mi vida todavía me emociona verlo! En ese viaje llegué a ver cosas nuevas. Nuevas culturas, gente y cómo las personas socializaban. No había duda, me sentía bien jibara, como que acababa de llegar de Puerto Rico. ¡Gracias a Dios que solo andábamos turisteando!

Fuera de los parques todo era muy tranquilo. No se escuchaban los gritos de los vecinos, la música a todo volumen, ni el cantar del coquí o de los zorzales, ni el ruido de los gatos andariegos peleando detrás de la ventana, en fin, me faltaba todo lo que me hacía sentir como en casa.

Segunda Partida:

Años más tarde mami decide darse un mejor porvenir y decidió que nos mudáramos a Orlando. No me molesté en ese entonces, pues, en realidad era muy pequeña para saber lo que quería. No duramos mucho esa vez. Era sumamente difícil. Regresamos a nuestra isla y vivimos otro par de años en el humilde y hermoso pueblo de Cabo Rojo.

Ese regreso aún lo recuerdo como ayer. Montañas de tierra roja al entrar por la 100, hermosas vistas de la laguna de Joyuda y la bahía y su plaza de recreo que es descanso del prócer Dr. Ramón Emeterio Betances y mucho más.

Tercera Partida:

Siete años después regresé a Florida. Ya estaba lo suficientemente grande para saber lo que quería y le di una oportunidad a esta vida. No sé cuándo me acostumbré. Pues en PR siempre estaba, desde pequeña, haciendo trabajos de oficina con mis abuelos o andaba por la playa. Para poder ir a la playa aquí, tengo que guiar una hora y quince minutos. Todo queda demasiado lejos y a veces no me siento a gusto.

¿La escuela superior? No me gustaba para nada. No solo porque no tenía mucho conocimiento del inglés, sino por cómo me sentía en la escuela. Eran muchos factores y muchas las decisiones que tenía que tomar en corto tiempo. Empecé a darme cuenta del daño que me causaba el ir y venir de Puerto Rico a Florida. A fin de cuentas terminé graduándome de escuela superior en Cabo Rojo y comencé mi vida universitaria en la UPR de Ponce, de la cual estoy sumamente agradecida por el tratado y la amabilidad de los profesores y mis queridas amistades.

¿Que dónde estoy ahora? Terminé parando en Kissimmee, FL. No se distingue mucho de Puerto Rico ya que gran parte de la isla está aquí.

El estar aquí no me quita de dónde vengo. Ni aunque haya 1,167 millas de distancia entre mi Isla del Encanto y Florida, ni por donde ande, la mancha de plátano que llevo en mi corazón nunca se irá.

Pero tengo muchas cosas que contarles de la vida en Florida…Así que estén pendientes de mi blog.

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