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La gran jugada de Mikey García

El 16 de marzo de 2019, en el AT&T Stadium de Arlington, Texas, Mikey García, el invicto campeón mundial en cuatro categorías distintas, estará ‘cometiendo suicidio’, como dicen algunos.
Bueno, no literalmente, pero casi-casi.
Porque, esa noche, García (39-0 y 30 nocauts), californiano de ascendencia mexicana, estará saltando de las 135 libras a las 147 para retar por el cetro welter de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) a Errol Spence, Jr. (24-0 y 21), el tejano radicado ahora en Nueva York.
Y no se trata del; caso clásico del peleador estelar que, para conquistar un título en una categoría superior, termina buscándose a uno de los muchos campeones de pacotilla -o por lo menos de poco renombre- que siempre hay por ahí.

Spence no es solo un campeón welter, sino que es un campeón de verdad, reconocido incluso por algunos como el mejor de la categoría, incluso por encima del venerado Terence Crawford.
¿Y qué hace Mikey, que a lo último reinaba como campeón peso ligero de la FIB después de haber reinado antes en las 126, 130 y 140 libras, buscando bulla frente a un gran peleador que, entre otras cosas, está en su apogeo y le aventaja por casi cuatro pulgadas en estatura (5’ 9 ½” a 5’6”)?
Por lo menos él lo ha explicado con elocuencia.
“Ya tenía unos meses hablando de que quería la pelea con Spence”, dijo García recientemente en una entrevista con ESPN.com. “Estaba buscando esta pelea porque quiero dejar un legado, quiero dejar mi nombre en la historia del boxeo, por eso estuve buscando esta pelea, por fin llegó y estoy muy contento”.
“Es algo que suena a locura, pero tengo confianza en mis habilidades como boxeador, mi técnica, mi estrategia con mi papá y mi hermano, la experiencia que tienen ellos como entrenadores”, agregó, refiriéndose a su padre, Eduardo, quien cobró fama como entrenador de Fernando Vargas, y a su hermano mayor y excampeón mundial Roberto, reconocido como uno de los grandes entrenadores de la actualidad.\

 

Pero lo cierto es que García (39-0 y 30), pese a que lleva años reinando, nunca ha logrado establecerse como una de las grandes estrellas del deporte, obteniendo las bolsas multimillonarias correspondientes a la inmensidad de su talento, aunque parecía reunir todas las cualidades necesarias para convertirse en otro Oscar de la Hoya.
Tal vez en ese aspecto le resultaron bastante perjudiciales los casi dos años y medio de inactividad que tuvo entre enero de 2014 y julio de 2016 cuando se peleó con su promotor, Bob Arum, y prefirió esperar a que se acabara su contrato antes de volver a pelear para él.
Para desgracia suya, la pelea natural que más le convenía en estos momentos era con Vasyl Lomachenko, quien tiene una trayectoria similar con campeonatos en tres categorías y también reina actualmente en el peso ligero, pero Lomachenko está con Arum y Arum, con algunas excepciones, nunca se ha caracterizado por ser el tipo de promotor que arriesga a sus estrellas frente a peleadores que no controla y que, por el contrario, pueden valerse de una victoria para beneficio de algún promotor rival.

Quizás Arum aprendió definitivamente esa lección cuando arriesgó a su Golden Boy, De la Hoya, frente a Tito Trinidad y Don King allá para 1999, en la llamada Pelea del Milenio.
Pero aquella era una pelea que tenía el aliciente de producir unos ingresos inusitados de ‘pay-per-view’, y García vs. Lomachenko indudablemente ni se acercaría a ese nivel todavía.
Así que Mikey, quien parece ser un peleador que goza de un criterio independiente y no teme nadar en contra de la corriente, prefirió jugarse una carta inesperada: en vez de seguir coleccionando títulos y haciendo peleas frente a rivales de poco reconocimiento, está dispuesto a apostarlo todo a una gran pelea con Spence.

 

No solo se trata de una pelea ‘grande’, la más grande sin duda de su carrera, sino de una en la que una victoria podría catapultarlo de la noche a la mañana al superestrellato.
Sin duda fue una decisión bien pensada: según se ha especulado, Mikey y su grupo de trabajo se convencieron de que la pelea con Spence era ganable después de ver a este en su defensa ante Lamont Peterson, a quien noqueó en siete asaltos en su penúltima defensa titular en enero pasado.
Al parecer, detectaron que Spence, aparte de que no parece ser un gran noqueador, es torpe de piernas y no se desplaza bien, por lo que Mikey se cree capacitado para controlarlo con su mayor velocidad y mejor boxeo.

 

El propio Spence, que tampoco ha conseguido todavía el nivel de superestrellato que algunos creen que merece y sufre la desdicha de que Crawford, su gran rival natural, también está atado a Bob Arum,, parece estar consciente de la maniobra de García, aunque probablemente le rinda la bolsa más alta de su carrera, le ha dejado en una posición incómoda.
“Si pierdo, todo el mundo va a querer pelear conmigo”, dijo, “y, si gano, no me van a dar el crédito”.
Mikey, por el contrario, podría incluso salir agrandado aún si perdiera, si ofrece al menos una actuación meritoria.
En fin, yo diría que Mikey tiene un gran futuro… como promotor, inclusive.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad y de la novela El último kamikaze, ganadora del certamen del Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2016.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, en Facebook, Jorge L. Prez

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