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Una voz por el medio del plato

 

El cubano Felo Ramírez, uno de los grandes narradores y comentaristas deportivos de todos los tiempos, murió el lunes en Miami a la edad de 94 años.
En memoria suya, repito aquí la entrevista, “Una voz por el medio del plato”, que le hice en marzo de 2011 para El Nuevo Día.

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La voz de trueno es inconfundible, lo mismo que su saludo habitual detrás del micrófono: “Gentiles amigos nuestros…”.
Durante décadas, Felo Ramírez ha sido sinónimo de béisbol, deporte que ha narrado y comentado en todos sus niveles -incluyendo 31 series mundiales- desde hace 65 años, después de un humilde comienzo como narrador a través de altoparlantes en su ciudad natal de Bayamo, en Cuba.
Hoy en día, a los 89 años de edad, Felo, quien se mudó a Miami a principios de los años noventa después de haber residido en la Isla desde comienzos de los años sesenta, está activo nuevamente como narrador de los juegos de los Marlins de Florida, novena de la Liga Nacional para la que ha narrado desde que esta nació en 1993.
Poco a poco, mientras tanto, ha venido coleccionando logros: en el 2001 recibió el premio Ford C. Frick, el más alto galardón concedido a los narradores de béisbol por el Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown y, el próximo año, se inaugurará la calle Felo Ramírez cuando se inaugure también el fastuoso nuevo estadio de los Marlins en Miami.
Pero en esta entrevista con El Nuevo Día, Felo, quien visitó la Isla en marzo, también recuerda el pasado: su insuperable amistad con el legendario narrador de béisbol y boxeo de origen argentino Buck Canel, con quien compartió cabina durante casi tres décadas entre los años cincuenta y setenta y, por encima de todo, a su esposa Luisa, apodada cariñosamente por muchos como ‘Fela’, quien murió en el 2004.
Y terminó, naturalmente, soñando despierto con la posibilidad de algún día volver a narrar un juego de béisbol perteneciente a la desaparecida liga profesional de Cuba.

¿Desde cuándo estás viviendo en Miami?
Desde el 92, ya a punto de iniciarse la presencia permanente allí de los Marlins, que fue en el 93, y desde entonces yo he transmitido todas las temporadas.

Perdóname que te recuerde esto, pero ¿cuándo murió tu esposa?
(La voz más apagada): ella murió el 13 de agosto de 2004. Ya tiene más de seis años. Mi vida ahora… (se detiene). Mi vida es muy atropellada desde que falta mi esposa. Un matrimonio de 55 años… realmente es maravilloso. Pensé en un momento determinado que no iba a poder superar la crisis, pero Dios es muy grande y lo ayuda a uno. Estoy viviendo solo, rodeado de algunos familiares… y la infinidad de amigos. Es importante eso.

En esta última etapa de la larga carrera tuya se te identifica con los Marlins, ya que se te conoce como la voz de los Marlins. También tengo entendido que hace poco allá se bautizó una calle con tu nombre.
Bueno, eso fue un acuerdo de los comisionados de Miami, por unanimidad. Un honor enormemente grande para mí y una sorpresa… Pero eso va a ocurrir con la inauguración del estadio. Una de las calles va a llevar mi nombre, otra se va a llamar Bobby Maduro… otra no me acuerdo con qué nombre de otra de esas personalidades conocidas.
La calle mía es la 6, donde la suerte es que todo el mundo va a tener que pasar por ella, porque esa conduce al estacionamiento del estadio.
Todo está en construcción todavía. Lo anunció el mismo alcalde de la ciudad.

Otro honor más, de los que parece que estás coleccionando. Aquí en Puerto Rico, hace poco incluyeron tu estatua en el Museo del Deporte.
Sí, fue otro honor tremendo. Cuando hubo la ceremonia, en la que también estuvieron otros exaltados, me di cuenta de que, por suerte, mi estatua fue una de las que mejor quedó.

Y ahora da la casualidad de que hay un puertorriqueño, Edwin Rodríguez, dirigiendo al equipo de Miami. Y antes hubo un cubano, Fredi González.
Con Fredi se cometió algo injusto, pero esas son cosas internas y yo no me meto en ellas. Pero qué bueno… ha sido una bendición lo de Edwin. Porque todos esos muchachos que él tiene ahora en el roster de los Marlins han pasado por sus manos, estuvieron con él en liga menor y él sabe hasta qué punto puede extraer lo mejor de ellos. Y hasta ahora creo que le va muy bien. Todos los movimientos que ha hecho han sido los más acertados. Así que yo creo que es una lotería que se sacaron los Marlins, encontrándolo a él.

¿Has compartido con él frecuentemente?
Sí… bueno, él es una persona encantadora en ese sentido. Atiende a todo el mundo… pero independientemente de que él es cordial con todo el mundo y atiende a todo el mundo, tiene su carácter en el momento preciso cuando está dirigiendo. O sea, que tiene las condiciones excepcionales que hacen falta para ser un buen manager.

¿Tiene un equipo bueno este año?
Bueno, tiene un equipo más joven. Un equipo lleno de gente de poca edad. La presencia de (Omar) Infante, la presencia de Javier Vázquez como pitcher… muy experimentados. Creo que le va a ayudar grandemente.

Pero el equipo está en una etapa de reconstrucción actualmente.
Claro. Hay algunas cosas que son una incógnita. Pero tienen a un Mike Stanton, que yo digo y lo digo en voz alta, para que quede ahí: ese, si no tiene inconvenientes en lo sucesivo, y no los va a tener, creo yo, va a ser el nuevo Mickey Mantle. Pegarle a la bola más duro que él, imposible. Los jonrones no caen nunca.

¿Ya no viajas cuando el equipo juega de visitante?
Bueno, eso fue el año pasado, donde nos decían que solo podía viajar uno (de los narradores), pero ya este año voy a volver a viajar.
El caso mío es que yo disfruto muchísimo, enormemente el trabajo mío. Me gusta llegar tres horas antes al estadio, bajar al terreno, entrar al clubhouse, hablar con el manager y los peloteros. Porque eso me permite tener autoridad para hablar de lo que está ocurriendo.

Bueno, estás viviendo en Miami, conoces de lleno otra vez toda esa comunidad cubana y latinoamericana…
Para mí es encantador, porque yo he estado en casi todos los países (que tienen población en Miami). Yo trabajé en Nicaragua, estuve hasta en Honduras, en un Torneo de la Amistad que hubo hace unos años, en República Dominicana, Venezuela, México… toda esa es gente que por lo menos ha oído hablar de que yo existo, con las transmisiones, esos treinta y pico de años de la Cabalgata Deportiva con Buck Canel que fueron, para mí, la gloria.
Tanto es así que cuando conocí a Buck Canel, yo era el fanático más grande que él tenía. Yo estaba en Bayamo (Cuba) y lo oía…

¿Cómo se conocieron?
Entonces comenzó la televisión en Cuba, con (el empresario) Gaspar Pumarejo, y yo tenía un programa los domingos que se llamaba la Cabalgata Deportiva Gillette. Un día, uno de esos domingos, un señor que estaba sentado en el estudio, se paró. Él resultó ser el hombre que estaba a cargo de todas las transmisiones en español desde Boston, boxeo, todo. Y me pregunta: ‘¿Le gustaría ir el sábado que viene a compartir una transmisión con Buck Canel?’.
Lo único que me faltó decir fue: ‘Dígame a quién hay que matar’.

¿Recuerdas ese primer juego?
¡Cómo lo voy a olvidar! Hicimos un juego en Boston. Jugaban los Yankees. Lanzaba Frank Shea, un pitcher de mucha velocidad de los Yankees. En el primer turno, fue la primera vez que vi a Ted Williams hacerle swing a una bola alta. Y se ponchó. Después lo vi durante tanto tiempo y nunca lo volvió a hacer.
Y en el siguiente turno, con tres a bordo, la sacó de línea por los 420 pies del center field. Y eso sí no lo voy a olvidar jamás. Porque en esa época, un jonrón de 420 pies era primera plana de cualquier periódico, con la bola de trapo de esa época. Porque ahora viene cualquier enano y la saca por los 500 pies, porque la bola es muy viva.
Y me acuerdo que cuando iba Williams por segunda le iba haciendo gestos a la prensa… porque él siempre estaba enojado con la prensa. Y hasta escupió y todo.

Y ahora estás en el Salón de la Fama, igual que él.
No hay nada más alto que eso, me parece a mí. Pero yo vivo muy, muy orgulloso de lo que ha ocurrido conmigo en Puerto Rico. Claro que a Venezuela le agradezco infinitamente, ya que ha sido un pueblo divino conmigo. Pero en Puerto Rico, con el hit 3,000 de Clemente, y el haber estado aquí… en esos viajes que hacíamos con Ramiro a todos los parques de Grandes Ligas. Esos tiempos los disfrutamos enormemente.
En gran medida se lo debo a Jack Buck, el que fue el gran narrador de los Cardenales de San Luis -él murió hace unos años. Jack Buck se pasaba diciendo que yo debía estar en el Salón hasta que por fin se hizo realidad.Él había escuchado una grabación mía: las últimas cuatro entradas y media del juego perfecto de Don Larsen en la Serie Mundial de 1956, que también está en Cooperstown. Y ahora que yo puedo votar, estuve nominando en los últimos cinco años al narrador de los Marlins, Dave Van Horne, quien por fin fue escogido el año pasado.

Obviamente, ahora Roberto Alomar acaba de ser elegido. ¿Quién crees que pudiera ser el próximo puertorriqueño? ¿Igor González? ¿O simplemente la duda que hay sobre el uso de esteroides es demasiado fuerte?
Eso. Primero hay que resolver lo de los esteroides. Si algún día lograra aclararse eso…

¿Iván Rodríguez?
Definitivamente. Para mí es, sin duda, uno de los tres mejores receptores que ha tenido el béisbol. ¿El primero? Johnny Bench es clase aparte. Ese hombre cacheaba con una sola mano.

No se puede hablar con Felo Ramírez sin hablar de Roberto Clemente, ni del hit 3,000.
Bueno… siempre recuerdo que, después de pegar el 2,999, Roberto cayó en una mala racha tremenda. Finalmente, en el juego de la noche anterior, él conectó un roletazo por el medio que el fildeador no pudo atrapar, pero que todo el mundo creía que era un hit. Bueno, tan es así, que hasta el árbitro de primera base vino y le dio la mano a Roberto, para felicitarlo.
En el camerino, después del juego, Roberto no le dio importancia, y entonces nos dijo que no importaba, que al día siguiente lo daría, y que sería un hit limpio, para que no hubiera dudas.
Fue por eso que, cuando conectó aquel doble, yo dije eso de ‘¡Limpio, como él quería!’.
Mucho se ha hablado de que, en lo personal, Clemente no era muy simpático que digamos.
Él tenía su carácter y había veces que era muy reservado. Pero Roberto sabía escoger a sus amigos. Conmigo siempre fue más que cordial… no recuerdo la cantidad de veces que él mismo fue a recogerme en el aeropuerto.

¿De qué año a qué año estuviste viviendo en Puerto Rico?
Yo salí de Cuba en el 61 hacia Venezuela, pero a los cinco o seis meses ya yo estaba en Puerto Rico. Claro que compartiendo con todas partes. Imagínate que hubo un momento en que yo narraba (béisbol) en Puerto Rico martes, miércoles y jueves, y viernes, sábado y domingo lo hacía en Venezuela. Salía en avión: me estaban esperando para ir para Maracaibo, para Barquisimeto… para cualquier lado.
O sea, que era un trajín tremendo. No sé si es por eso que me he mantenido con más salud, porque el trabajo es bueno.

Obviamente, siempre te destacaste, además de como narrador de los juegos de béisbol, como narrador de boxeo. También es obvio que sigues siendo un apasionado del béisbol. ¿Y del boxeo?
Fíjate, es curioso, porque yo siempre he creído que incluso era mejor narrando boxeo que béisbol y tengo unos recuerdos inolvidables. No sé cuántas peleas de Ali narré, desde principios de su carrera, por ejemplo.
Pero tengo que decir que estoy completamente desconectado del boxeo ya. Ni lo sigo. Sé que sigue habiendo grandes campeones, pero no es lo mismo. Y, para mí, el mejor de todos los tiempos, sin duda alguna, fue Sugar Ray Robinson. Leonard trató de imitarlo, pero no tenía esa pegada.

Esa voz tan característica tuya… ¿alguna vez pensaste en cantar?
(Sonríe, sorprendido) ¡Pero si ese era mi sueño! Lo que pasa es que siempre fui tan desafinado… Una vez, aún en Cuba, Pumarejo hizo un programa especial en el que llevó a cantar a mucha gente que había sido cantante en alguna etapa de sus vidas, antes de seguir hacia otras carreras. Hubo una competencia… ¡y gané yo! Pero, claro está, cuando uno buscaba quién había sido el jurado, veía a El Caballero de París, La Marquesa, Bigote de Gato (tres figuras legendarias de las calles habaneras). Los demás participantes formaron un berrinche tremendo.

Cuando saliste de Cuba, fue por la situación política del país, ¿no?
Efectivamente. Yo saliendo, y prácticamente al día siguiente el gobierno se estaba quedando con todo lo que era mío… el esfuerzo de toda una vida.

¿Tienes familiares todavía en la Isla?
Sí, dos hermanas que aún viven en Bayamo. Pero están muy mal, solas, enfermas. Me paso enviándoles medicamentos. La verdad es que vivo muy preocupado por ellas.

Por último, en una vida como la tuya, tan llena de éxitos y de honores, ¿hay algo que no hayas podido lograr?
(No lo piensa por más de un segundo) Mi gran sueño es volver a estar un día en el Estadio del Cerro (en La Habana) y poder decir: ‘Señoras y señores, ante un lleno total, hoy se enfrentan el Almendares y el Cienfuegos’.

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela publicada, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge Prez

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