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Las pistolas y el béisbol

 

Durante años, se ha hablado de que la pistola para medir la velocidad que utilizan los escuchas del béisbol son un engaño, pero de todos modos es raro que una figura respetada del béisbol de Grandes Ligas lance un ataque tan devastador como el que lanzó hace poco Leo Mazzone.
Mazzone, quien se caracterizaba por mecerse una y otra vez mientras estaba sentado en el ‘dugout’ viendo tirar a sus serpentineros, fue el ‘coach’ de lanzadores durante la época de gloria de los Bravos de Atlanta bajo Bobby Cox, teniendo en sus manos un ‘staff’ encabezado por tres Hall of Famers, Greg Maddux, Tom Glavine y John Smoltz.
Y él aseguró recientemente no solo que las pistolas de velocidad no son confiables.
Incluso, dijo, le están haciendo un daño irreparable a los brazos jóvenes y, si estuviera en sus manos, él las eliminaría por completo.

 

Mazzone hizo sus expresiones al figurar como invitado en la caseta de transmisión de los Bravos en un juego contra los Marlins de Florida en el Sun Trust Park y, mientras lo escuchaba sentado en mi butaca, yo juro que, invadido de una melosa sensación de nostalgia, me mecía hacia adelante y hacia atrás.
“Uno ve a esos muchachos jóvenes que están subiendo ahora y lo primero que hacen después de un lanzamiento es mirar a la pizarra para ver cuál fue la velocidad de su último lanzamiento”, dijo. “Están más pendientes de eso que de cualquier otra cosa”.
Según él, es natural que sea así: “Desde que están en las categorías juveniles los que les dicen todo el tiempo es que tienen que alcanzar un número tal en sus lanzamientos para que los firmen o les den un beca, y lo que les está pasando es que están tirando más duro de lo que pueden y por eso a muchos se les están explotando los brazos incluso antes de firmar, o poco después de firmar”.

 

Enseguida decidí consultar a otro gran conocedor del béisbol que tampoco tiene pelos en la lengua, Jorge Posada, hoy en día escucha de los Gigantes de San Francisco.
Jorge concordó con lo de la fijación con las pizarras -‘eso es verdad”- pero no con el argumento de que el esfuerzo por tirar más duro es responsable de la gran cantidad de lesiones que se ven hoy en día entre los lanzadores.
“Nah”, dijo, “es que ya no están los esteroides anabólicos”.
Otro comentario de Mazzone tuvo que ver con la efectividad de las famosas pistolas.
“Si uno ve que una recta es de 98 millas por hora, réstele cinco”, dijo. “Eso está más cerca de la realidad”.
“Me río cuando el bateador conecta sólido hacia el center-left o el center-right contra una supuesta recta de 98. La verdadera velocidad te la dicen los bateadores y la forma que reaccionan ante los lanzamientos”.

 

Posada aceptó que las pistolas nunca han sido infalibles.
“Hace 30 años, te medían la velocidad hacia abajo: menos de lo que el lanzador estaba tirando en realidad”, dijo. “Hace 20, era al revés. Medían por encima”.
“Pero hace poco salieron unas pistolas nuevas que son más exactas y no hay que estar cargando tanto”, dijo. “No son perfectas, pero no fallan tanto como dice Mazzone. Si acaso, dan como dos millas por encima de la realidad”.
“Es decir, si miden “96 millas”, el lanzamiento debe haber sido de 94”.
En fin, Mazzone comentó que el énfasis en la velocidad ha provocado que los jóvenes solo se esmeren en tirar duro, y no en aprender a lanzar.

 

“Está probado que ser ‘sneaky quick’ -es decir, tirar sorpresivamente duro entre lanzamientos de menor velocidad- es más efectivo que tratar de ser abrumador (‘overpowering’) con la recta todo el tiempo”, dijo.
“El bateador se adapta a la velocidad constante, pero ante una recta sorpresiva suele irse hacia el frente, perdiendo el balance”.
Entretanto, el exlanzador de los Bravos, Paul Byrd, quien pertenece al equipo de narración de los Bravos, recordó٠en la misma transmisión que Mazzone fue el primer ‘coach’ de ‘pitcheo’ que le habló una vez de quitarle un poco de velocidad a sus lanzamientos.
Posada, nuevamente, concordó en parte.
“Sí se enfatiza la velocidad todo el tiempo, pero por una razֶón: si tú tiras a 100 millas por hora, te firman por $10 millones. Si tiras a 80… no te firman”.
“Hay cosas como el brazo suelto, la estatura y la condición física que tienen que ver con la velocidad, pero la velocidad es algo que se tiene o no se tiene”, agregó. “Todo lo demás lo aprendes: el cambio, la curva. Pero la velocidad no”.

 

Mazzone, sin embargo, pareció tener un punto decisivo al señalar que tal vez hoy en día, Maddux y Glavine, que raras veces pasaban de las 90 millas y dependían del cambio de velocidad y del control, por encima de todo, probablemente no hubiesen sido firmados por ninguna organización de Grandes Ligas.
Y terminaron ganando más de 300 juegos cada uno.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela publicada, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge Prez

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