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Tito perdió, pero ganó

 

Una anécdota que solía contar Skip Caray, quien durante décadas fue el popular comentarista de los juegos de los Bravos de Atlanta por TBS, estaba relacionada con la recta final de la temporada de 1991, cuando los Bravos, peleando a corazón partío con los Dodgers por el título divisional, vinieron de atrás en un partido crucial celebrado a altas horas de la noche en la costa Oeste, gracias a un cuadrangular de David Justice.
Según la anécdota, un fanático en Atlanta, entregado por completo a la emoción del momento a eso de las dos de la mañana, comenzó a vociferar: ‘¡Vete! ‘¡Sal de aquí! ¡Fuera!”, para alentar el batazo.
Creyéndose que su amigo tenía a un ladrón metido en la casa, un vecino procedió a llamar a la Policía, que pocos minutos después se personó a la supuesta escena del crimen y se enteró que solo se había tratado de un jonrón.
Admito que todo esto me pasó por la cabeza en la madrugada del sábado, cuando, emocionado por el gran combate entre Angel ‘Tito’ Acosta y Kosei Tanaka por el título minimosca de la OMB, transmitido en vivo desde Japón a las tres de la mañana.
En determinado momento -o quizás hasta en cuatro o cinco ocasiones distintas-, mis aullidos, combinados por mis gritos de ‘¡síguelo! ¡síguelo!, muy bien hubiesen podido provocar en mis vecinos el temor de que yo tuviera a un pillo metido en mi residencia, o cuanto menos a un ratón de grandes proporciones.

Tito ataca a Tanaka.

 

 
Estos se produjeron en su máximo esplendor en el quinto asalto, cuando Tito, haciéndole honor a su apodo, se levantó después de sufrir una caída y le cayó٠ ferozmente encima al monarca japonés, amenazando con emular la célebre rutina de Tito Trinidad de volverse más peligroso y más agresivo que nunca después de una caída, como si la considerara una afrenta personal.
Lamentablemente, Tito Acosta no pudo consumar la victoria que casi siempre acompañaba a estos esfuerzos del Tito original y terminó sufriendo una derrota por decisión unánime en la que los tres jueces parecieron excederse a favor del campeón, con amplias puntuaciones de 117-110, 117-110 y 116-111.
¿Qué si la puntuación debió haber sido más cerrada? Por supuesto que sí. Para mí, incluso hubiese favorecido una puntuación de 114-113 a favor de Tanaka, dándole seis asaltos a cada uno y el punto decisivo a la caída.
De hecho, si hubiera existido un conteo de golpes al estilo de ‘punch stat’, no dudo que Tito hubiese tenido ventaja, puesto que me pareció que tiró y conectó bastante más y también debió haber tenido ventaja en lo que a golpes fuertes y claros se refiere.

 
Pero una derrota es una derrota y la verdad es que ponerse a protestar porque el fallo debió haber sido más cerrado es una pérdida de tiempo.
Tito y su grupo parecieron entenderlo así: “Hoy no fue el día de Tito, pero estoy bien seguro que regresará más fuerte que nunca”,  escribió su manejador, Juan de León, en las redes sociales.
Y el propio Tito no mostró inconformidad con el resultado: “Fue una pelea fuerte”, dijo. “Aprendí mucho esta noche. Me lastimó en varias ocasiones pero supimos trabajarlo, ahora un descanso y regresaremos”,
Al comienzo de la pelea, sin embargo, la pelea pintaba como un paseo para el peleador de Barrio Obrero, quien subió al ring con marca de 16-0 y 16 nocauts.
Empleando un jab excelente, utilizado para abrirse paso hacia el rostro de su rival, ganó con gran dominio los primeros tres asaltos.
Tanaka comenzó a emparejar la cosa en el cuarto y en el quinto se apuntó la caída con un par de golpes de refilón a la cabeza que parecieron combinarse con un traspié de Acosta para enviarle a la lona.
Pero lo cierto es que aunque Tito peleó con valentía en el resto de la pelea, y a veces estremecía a su rival con su magnífico gancho de izquierda utilizado como punta de lanza de sus combinaciones, Tanaka, (ahora con marca de 9-0 y cinco) quien a pesar de medir lo mismo (5’4”) exhibía un físico que parecía estar dos divisiones por encima que el del boricua, evidenció ser el más fuerte.
O tal vez que Tito estaba más débil que de costumbre, afectado todavía por el largo viaje desde Nueva York hecho apenas una semana antes.
Lo cierto es sus golpes de poder, habituados a enviar a la lona a todo el mundo en pocos asaltos, no tuvieron el mismo efecto demoledor en su rival de 21 años, mientras que los de Tanaka, no considerado un gran pegador, en ocasiones parecieron lastimarlo más de lo debido.
Han sobrado las opiniones en las redes de gente que sabe lo que está diciendo: hay quien dijo que Tito permitió que Tanaka le pegara demasiado al cuerpo desde el principio, y que eso le debilitó paulatinamente.
Por otro lado, Ricky Márquez, entrenador y manejador de Félix Verdejo, opinó que tal vez el propio Tito comenzó demasiado tarde el ataque al cuerpo de su rival, aunque su esquina se lo pedía.
Todo esto puede ser verdad, pero me imagino que en ese sentido pudo haber traicionado a Tito un exceso de confianza por la forma en que sus golpes le entraban tan fácilmente al rostro de su rival en los primeros asaltos y creyó que el nocaut era inminente, no haciéndosele necesario irlo preparando con metrallazos al vientre para ir ‘ablandándolo’, como dicen los entrenadores.
O quizá, según podría sospecharse de la votación emitida por los jueces, Tito solo hubiese podido ganar si se apuntaba un nocaut.
No importa: demostró que es un gran peleador, un peleador emocionante y digno en la derrota.
Y eso vale casi tanto como una victoria.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge Prez

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