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Nueva vida para Angela Magaña

 

Hace dos años, Angela Magaña era una celebridad de televisión, al ser una de las participantes del ‘reality show’ de FoxSports, The Ultimate Fighter.
Allí, la especialista en artes marciales interactuaba con las demás participantes en la típica rutina de choques de personalidades y deseos de supervivencia, y al final de cada programa una retaba a la otra, las dos combatían y la perdedora quedaba eliminada.
O por lo menos así me cuentan.
Durante su estadía, Angela, nacida en Los Angeles pero criada y desarrollada en Nuevo México, se convirtió en una de las participantes más populares… y también una de las más odiadas: se hacía apodar Su Majestad y era agresiva y abusiva con sus compañeras.

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“Tenía que hacer de la mala”, explicó recientemente con una sonrisa nada maligna.
También, naturalmente, contaba con una creciente fanaticada, ayudada en parte por su personalidad ‘sexy’ y las páginas de internet en las que se promocionaban y vendían sus posters más atrevidos.
Me imagino que era una vida bastante agradable para una joven que, de acuerdo a su biografía oficial en las páginas de la principal compañía de artes marciales, UFC (Ultimate Fighting Championships), a la cual ella está afiliada ahora, había atravesado por una niñez de pesadilla: vivió literalmente en la calle en Los Angeles hasta la edad de cinco años, comiendo lo que apareciera en los zafacones, como hija de una mujer adicta a la heroína que eventualmente murió de una sobredosis cuando ella tenía 17 años.

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Endurecida por esta existencia, halló un desahogo en las artes marciales, aunque su vida siguió marcada por la violencia y el infortunio: cuando ya era una peleadora de Mixed Marcial Arts (MMA), donde comenzó saltando inmediatamente al profesionalismo, sufrió un accidente al caer por unas escaleras y llegó a estar par de días en coma, por ejemplo.
En fin, todo eso está en el pasado.
El presente, y el motivo para este artículo, es el hecho de que Angela, quien actualmente cuenta con 33 años de edad, se encuentra ahora viviendo en Puerto Rico.
No solo eso, está entrenando en el célebre gimnasio Bairoa, de Caguas.
Y no solo eso tampoco: trajo consigo a su hija de 14 años y ambas están viviendo tranquila y felizmente en La Perla, en el Viejo San Juan.
Y Angela tiene planes de que sea una estadía a largo plazo.

“Sé que La Perla antes tenía la reputación de ser un sitio peligroso”, dijo Angela, quien, aparte de haberse criado en las calles de Los Angeles, estuvo a su vez viviendo dos años en las barriadas más pobres de Tailandia, así que debe saber algo acerca de sitios peligrosos.
“Pero ha cambiado mucho”.
“Para mí es algo ideal: tengo un apartamento buenísimo y muy barato, mi hija está entrando en contacto con una cultura muy diferente y estamos en un ambiente paradisiaco”, agregó. “Cuando voy a hablar por el celular tengo que alejarme de la ventana porque el ruido del mar no me deja oír”.
La forma en que todo esto se ha producido sería digna de otro programa de TV.
En junio pasado, cuando Angela –que es madre soltera- tenía a su hija en un campamento de verano de corte religioso, ella halló que estaba sola y podía irse de vacaciones por un par de semanas a donde quisiera.

 

Buscó información en internet y pronto descubrió que los pasajes aéreos a Puerto Rico, de ida y vuelta, estaban muy baratos, posiblemente debido a que las aerolíneas confrontaban problemas para atraer a turistas a la Isla en medio de la llamada crisis del zika.
“Costaban menos, incluso, que ir a Los Angeles o a otros estados cercanos”, recordó Angela.
Durante esa estadía, conoció a alguien que la encarriló hacia el gimnasio Bairoa, explicándole que allí trabajaba, entre otros, Gabriel Lamastús, un joven entrenador que no solo conocía de boxeo, sino que también trabajaba las artes marciales.
La relación prosperó satisfactoriamente y, hace unas semanas, Angela regresó para quedarse, trayendo esta vez su hija consigo.
“Llevo un tiempo sin pelear porque he estado enfrascada en una batalla legal por la custodia de mi hija”, explicó. “Ya la gané, pero tengo otra cita en corte en diciembre”.
“Mientras eso no se resuelva totalmente, voy a seguir concentrada en la batalla por mi hija”, dijo. “Sigo viniendo al gimnasio para mantenerme en condición, pero para pelear una tiene que tener de ocho a 12 semanas de entrenamiento intenso y todavía no estoy para eso”.
Entretanto, sin embargo, ella sigue aprendiendo: su récord como peleadora de artes marciales es de 12-8 y, propiamente como peleadoras de UFC, de 0-2.
“He ganado unos títulos, pero no eran títulos de verdad: eran unos títulos creados por los promotores”, dijo Angela, quien ha peleado siempre entre las 115 y 125 libras pero asegura que tiene la intención de bajar a las 105 libras.
En fin, ella espera volver a pelear, tal vez, a principios del próximo año.
“Y cuando lo haga”, aseguró, “lo haré representando a Puerto Rico”.

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez

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