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El béisbol botó la bola

No tenemos que irnos muy lejos para comprobar lo zángana que resulta la decisión de cancelar por la presencia del Zika los juegos de Grandes Ligas del 30 y 31 de mayo en el Hiram Bithorn entre Marlins y Piratas: el coliseo Roberto Clemente, justo al lado, será anfitrión del 20 al 22 de mayo del torneo de repechaje olímpico en el que Puerto Rico se enfrentará a Kenia, Argelia y Colombia en busca del último puesto disponible para el voleibol femenino de Río.

Que se sepa, nadie ha expresado un temor sobrecogedor por el mosquito.

Por otro lado, también para el 22 de mayo, y nada menos que para las 12 del mediodía -cuando supuestamente está campeando por su respeto el temible mosquito del Zika- está señalado un juego amistoso en el Juan Ramón Loubriel entre la selección boricua y la de Estados Unidos.

Tampoco ha habido gritos de pánico.

De hecho, desde hace meses se han venido jugando simultáneamente aquí las temporadas del BSN y el Voleibol Superior Femenino, ambos con numerosos refuerzos norteamericanos, y hasta ahora no ha habido indicios de ninguna epidemia en masa. Incluso, una refuerzo norteamericana –Diane Copenhagen, de las imponentes Criollas de Caguas- contrajo Zika a mediados de temporada, estuvo unos días fuera y luego regresó y el viernes en la noche estuvo celebrando el tercer campeonato seguido conseguido por las Criollas.

Todo esto me recuerda algo que dijo una vez el exigente y exitoso gerente general del béisbol invernal boricua Hiram Cuevas, cuando la MLB comenzó a invocar la famosa regla de la ‘fatiga extrema’ para impedir que algunos prospectos boricuas jugaran durante el invierno: “Fatiga extrema pueden tener aquellos que juegan en México y tienen que hacer viajes de ocho horas en guagua, pero están listos para jugar aquí desde el primer día de prácticas”. “¿Por qué? Porque tienen la necesidad de jugar para ganarse la vida”.

Pero, ¿quién podía llevarle la contraria a MLB, que era la dueña de los peloteros y podía hacer con ellos lo que le viniera en ganas? Los refuerzos del baloncesto y el voleibol no pueden darse el lujo de cruzar los brazos, elevar la bemba olímpicamente y decidir no jugar debido a que existe un .000009 de probabilidades de contraer el Zika, y me imagino que un miembro de una selección de fútbol que se niegue a jugar con su equipo nacional por esa razón puede ponerse a buscar rápidamente otra ocupación para este verano.

Lo demás, señores, fue una simple zanganada del béisbol en respuesta a meras rabietas de una unión muy poderosa, que ha obtenido grandes triunfos, pero que también a veces parece imponer su mollero por la exclusiva razón de poder hacerlo.

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El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.

(ceuyoyi@hotmail.com).

En twitter, 6418luis En Facebook, Jorge L. Prez

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