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Amor boxístico a primera vista

Hay muchos peleadores que a primera vista me han deslumbrado con su talento, pero solo un puñado de ellos lo ha hecho hasta el grado de que pienso que estoy en presencia de un posible superdotado.
A veces me equivoco y a veces no.
Uno de ellos fue Angel ‘Cuso’ Rosario, un supermosca de los años ochenta que en una de sus primeras peleas me impresionó con su velocidad, su pegada y su capacidad para pelear efectivamente a ambas manos.
Al principio no me hizo quedar mal cuando, debido a su récord poco envidiable de 5-2, Yamil Chade lo aceptó como rival de su prospecto Rafael ‘Baby’ Cabán (con 16-0) y Cuso procedió a noquearlo en cinco asaltos.
Pero, según recuerdo, Cuso luego fue propenso a lesiones, en especial de las manos, y aunque peleó por largo tiempo, terminó con récord de 22-22-1, según la página Boxrec.com.
Otro que también de impresionó desde que lo vi debutar como profesional fue Félix ‘Tito’ Trinidad.
Y ahí no fallé.
Bueno, pues acabo de tener otra apoteosis de ese tipo.

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Durante el fin de semana tuve la oportunidad de presenciar las carteleras del Torneo Orlando Piñero en las Parcelas Borinquen de Caguas y, aunque vi a muchos peleadores de talento, hubo uno que, al menos en esta presentación, pareció fuera de lo normal.
Su nombre es Amisael Jiménez, es semicompleto, y participó en el torneo como parte de un nutrido grupo de peleadores que trajo como invitado el entrenador radicado en Sacramento, Celio Jiménez, su padre.
En su único combate en la categoría de los 17/18 años, frente a Ezequiel Santiago, del gimnasio Singapur de Juana Díaz, Amisael probó que es uno de esos hombres grandes (más de seis pies de estatura) que, sin embargo, es rápido y ágil encima del ring. Y no hablemos de la forma en que tira los golpes: se especializa en relampagueantes ráfagas de combinaciones, incluso a distancias cortas.
El fanático boxístico puertorriqueño a veces produce un gemido alargado – “¡uuuuu!”- cuando un peleador constantemente conecta golpes sólidos y contundentes al físico de su rival, y eso fue lo que escuché varias veces durante esta pelea cada vez que Amisael disparaba sus bombazos.
Su rival trató y lo presionó, pero Amisael siempre le ripostaba con metrallazos de cuatro y cinco golpes cada vez que lanzaba uno. Y no fallaba.
Incluso en determinado momento al final de un asalto pareció dejar que su contrario asumiera la ofensiva, y Amisael eludió todos sus golpes con finos movimientos de torso, a lo Pernell Whitaker o Floyd Mayweather Jr.
En fin, al final del segundo episodio, el expeleador juanadino Félix Flores tiró la toalla en la esquina de Santiago.
Cuando consulté con el propio Orlando Piñero, que ha visto bastante boxeo en esta vida, este se limitó a decirme: “Impresionante”.
Sin embargo, cuando me acerqué al peleador ya medio soñando con una futura superestrella boricua, de primera instancia quedé decepcionado: a preguntas mías, una señora mayor, que resultó ser su abuelita, me dijo que el muchacho era mexicano.
Claro que entonces me intrigó que hubiese traído consigo a toda su familia desde tan lejos, porque la señora, que se llama Ana Maldonado, estaba acompañada por su esposo, Eusebio Jiménez, de 92 años, el abuelito de Misael, y otros familiares.
Pero entonces ella me explicó que eran de Arecibo.
Fue entonces que recordé que el entrenador Celio me había dicho que él era de la Villa del Capitán Correa y que como parte de su grupo de 12 peleadores -en su mayoría descendientes de mexicanos o afroamericanos- se encontraba su hijo.
Misterio resuelto: Misael era el hijo de Celio y su madre, Verónica, era mexicana.
Era la primera vez que él peleaba en Puerto Rico y sus abuelos tenían la oportunidad de verlo pelear, lo cual explicaba los abrazos llorosos en los que todos se fundieron después del combate.
“Ya otra vez yo había venido a un torneo, pero no pude pelear porque tuve una lesión en el hombro”, me dijo el peleador. “Pero siempre había querido pelear aquí”.
Entonces explicó que había nacido en Nueva Jersey pero que cuando tenía seis años su familia se mudó a California.
Los ojos se me iluminaron: al igual que ocurre con el baloncesto, en el boxeo aficionado boricua no proliferan los hombres grandes, especialmente los buenos, y se me ocurrió que Misael despuntaba como un prospecto de primera para el equipo nacional.
Aunque, claro, al contrario de como ocurre en el baloncesto, en el que si un directivo de la Federación oye que a un jugador extranjero le gusta el arroz con habichuelas ya inicia los trámites para reclutarlo, el presidente de la Federación de Boxeo, José Luis Vellón, le da prioridad al desarrollo del talento local y no busca activamente a los de afuera, aunque sí les da acceso a las eliminatorias si a estos les interesa.
En fin, le pregunté a Celio sobre esa posibilidad: “Tendríamos que mudarnos a Puerto Rico y eso podría ser, porque tenemos familia aquí”, me dijo.
Pero Verónica, la mamá de Misael, se interpuso.
“Bueno, para eso a quien habría que convencer sería a mí”, dijo sonriente, dejándome saber que su preferencia posiblemente sería que su hijo representara a la tierra de Jalisco.
O, claro está, Misael incluso podría aspirar a representar a los Estados Unidos.
Su padre descartó todas esas especulaciones, al menos por el momento.
“Estaríamos pensando en eso para el ciclo de las otras olimpiadas, las de 2020, no las de ahora”, dijo.
“Y lo importante es que estemos juntos”.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.
(ceuyoyi@hotmail.com).
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