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Clichés boxísticos

 

El momento tal vez sea el más apropiado, después de otro fin de semana de agitada acción boxística, para tocar un tema de importancia suprema.
Como de costumbre, cuando los medios reseñan tanta actividad promocional y cubren conferencias telefónicas, conferencias de prensa y ‘ones on ones’, a veces se topan con unos atletas que a menudo no están acostumbrados a hablar tanto y se ven obligados a hacerlo para ‘promover’ sus carteleras.
A menudo también se abstienen de decir algo que pueda incendiar la furia de su rival y prefieren repetir las frases más manoseadas e inofensivas posibles.
O sencillamente no son tan habladores.

Por consiguiente, no es raro que muchas veces sobren ejemplos de lo que yo llamaría ‘clichosería’ boxística.
O, para no ofender ni causarle un infarto a los miembros de la Real Academia, suplidores de “clichés boxísticos”.
Es decir, me refiero a las frases y expresiones dichas por los peleadores o sus representantes en respuesta a las preguntas de la prensa, y que la prensa luego repite en sus artículos sencillamente porque esas fueron las respuestas que recibieron en una conferencia de prensa.

Aunque su importancia periodística sea nula… y su lógica también esté en tela de juicio.
Examinemos algunos de estos ejemplos que se repiten una y otra vez.

“Estoy loco por que suene la campana”.
Desde tiempos inmemoriales, mi deseo cada vez que un boxeador dice esto -en especial si lo está diciendo varios días antes del día de la pelea-, es el de recomendarle que calme los nervios comprándose algún artefacto que pueda suplirle tan a menudo como lo necesite ese ansiado sonido.
Hace un tiempo le hubiese recomendado un buen ‘casette player’. Hoy en día hay muchos artefactos modernos que se consiguen muy baratos.

“Voy a dejar que mis manos hablen”.
Siempre me pregunto, ¿va a abandonar el boxeo para dedicarse a las marionetas?

“Estoy listo para pelear mañana mismo si hace falta”.
Don Félix Trinidad, padre, una de esas personas ligadas al boxeo que, al contrario de la mayoría, es muy ingenioso y simpático en sus comentarios a la prensa, hizo una vez uno muy acertado en torno a esta expresión tan trillada: “Si un boxeador te dice eso un mes antes de la pelea va a terminar con un ‘overtraining’ tremendo… Yo entreno a mi boxeador para que esté listo para el día de la pelea, ni siquiera para un día antes”.

“He entrenado bien fuerte para esta pelea”.
Claro está, prácticamente ningún peleador se atreve a decir que apenas se ha calzado unos guantes en los últimos tres meses, aunque, para ser justo, tengo que decir que algunos peleadores sí confiesan de antemano que su preparación no ha sido la mejor, en especial si lo han buscado como sustituto de último minuto.
Es la excusa ideal por si luego lo hacen papilla sobre el ring.
En algunos casos, claro está, una respuesta honesta sería: “He entrenado bien fuerte… desde ayer por la tarde en mi casa, cuando me ofrecieron la pelea”.

En fin, en mi larga carrera periodística, yo también he sido culpable de escribir entrevistas que contienen la fatídica frasecita, aunque admito que en la mayoría de las ocasiones he sentido unos insoportables retortijones estomacales al escribirlas… y deseos incontrolables de entrarle a cabezazos al teclado de mi compu cuando me he dado cuenta de que el titulista, buscando una frase corta con qué rellenar un espacio limitado, a su vez ha procedido a ponerla en el título.

Es algo que trasciende las décadas.
“Confiado Félix Verdejo”… “Confiado Tito Trinidad”… “Confiado Rocky Marciano”… “Confiados Caín y Abel”…

“Todo listo para la cartelera”.
Lo noticioso, naturalmente, sería lo contrario: que un peleador confiese que no se siente listo, o que un promotor admita que la cartelera pende de un hilo al caérsele uno de sus auspiciadores…

‘Confiado en que no lo noqueen’.
Nunca pierdo la esperanza de leer algún día este título más realista.

O, de la misma manera:

‘Fulanito no se siente listo para el combate’.

Claro, a través de la historia ha habido muchas excepciones.
Ha habido muchísimos peleadores ingeniosos que han divertido tanto a los periodistas como a los lectores con sus ocurrencias: Muhammad Ali con sus poemas mofándose de su rival de turno, Macho Camacho diciéndole a Rafi Solís “Yo no soy una Schaefer” para acusarlo de borrachón o Bernard Hopkins diciendo mil barbaridades, tanto para entretener a la gente en su papel de verdugo como para tratar de intimidar o hacerle perder la frialdad técnica a su oponente de turno.

Y también ha habido bastantes que, para variar, han respondido a las preguntas de los periodistas con respuestas sinceras y bien pensadas.
Nunca olvidaré una entrevista televisada con Michael Spinks, la noche antes de su pelea unificatoria de los títulos del peso completo con su tocayo, Mike Tyson.
Luego de analizar detalladamente su plan de pelea, recuerdo que dijo: “Voy a tener que hacer una pelea perfecta… pero va a ser difícil”.
Bien es verdad que Tyson lo noqueó en 90 segundos, pero por lo menos Spinks pudo vanagloriarse luego de tener un futuro ilimitado como analista boxístico.

 
El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.
(ceuyoyi@hotmail.com).
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