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Pelea mala, esa

Si para algo ha de servir la pelea de Mayweather contra Pacquiao, es para que todos los seguidores del boxeo lleguemos a un acuerdo definitivo: olvidarnos para siempre de interpretar la apariencia de los gladiadores, especialmente en el pesaje, para tratar de predecir el resultado de un combate.

Digo, ya hace bastante tiempo que yo he dejado atrás ese inútil pasatiempo, después de ver demasiadas veces como el peleador que lucía supremamente confiado al subirse a la báscula luego caía apachurrado, o cómo a aquel que en el pesaje parecía melancólico y nervioso luego no había nadie que lo detuviera dentro del ring, cual Testigo de Jehová a la entrada de una urbanización cerrada.

En este caso, mucho se habló antes de la pelea de la cara de preocupación que exhibía Mayweather, contrastada por la de pura alegría del filipino, quien, para continuar aquí la onda espiritual, tal parecía un monje budista que acababa de alcanzar su nirvana.

“La verdad es que no he visto nunca a un boxeador mas feliz que Manny Pacquiao”, ‘tuiteó’, efectivamente, el exmonarca Paul Williams, otro individuo que debe saber de eso puesto que se la pasa sonriendo todo el tiempo.
En respuesta a ese ‘tuit’, algunos de sus seguidores escribieron cosas interesantes:

“Durante el pesaje Floyd lució muy nervioso. Mucho. No parecía relajado. O está muy enfocado, o hay problemas. Espero que sea que está enfocado”, puso uno.

Otro dijo: “Me lució que Pacquiao estaba forzando (lo de la sonrisa). Floyd está en una onda asesina. Luce como que quiere darle una golpiza. Creo que va a venir súper agresivo y sorprender a mucha gente”.
Y otro agregó: “Floyd tiene toda la presión encima. Manny se nota listo y confiado”.

Al final, otro dijo: “Manny sencillamente está siendo el Manny de siempre. Está relajado y de seguro está durmiendo bien todas las noches, pero Floyd luce preocupado”.

No debe sorprendernos que no haya ocurrido nada de lo pronosticado: Pacquiao lució apático y falto de empuje durante gran parte de la pelea, y profundamente frustado cuando la cámara lo enfocaba en el minuto de descanso.
Mayweather, entretanto, hizo una de las peleas más conservadoras de su carrera, limitándose a sumar puntos con el jab y ocasionales derechazos sin moverse mucho, como para conservar energías.

Ah, y esquivaba las escasas acometidas del Pacman con suma facilidad.
De hecho, el Money hasta lució lento de manos, soltando sus golpes apenas de uno en uno. Dudo que haya lanzado cuatro o cinco combinaciones en toda la pelea.

Antes del combate, muchos expertos -como Al Bernstein-, predicaban el dogma de que, para tener opciones de triunfo, Pacquiao debía retomar su personalidad del Demonio de Tasmania (¿recuerdan ee personaje de los muñequitos que llegaba a los sitios girando como un tornado?) y lanzar entre 80 y 100 golpes por asalto.

Mayweather, decían entretanto, de seguro ganaría si lograba imponer su pelea a un ritmo mucho más lento.
¿Qué pasó?
Pues que Mayweather no solo conectó más golpes, según la consabida computadorita -148 a 81- sino que, increíblemente, hasta lanzó más: 435 a 429.

Dicho todo esto, reconozco que el título que puse allá arriba no es justo: no fue una pelea mala. Sencillamente fue una pelea regular, mediocre, tal vez debido a que Floyd y Manny llegaron a su súper combate siendo ya demasiado viejos y estando demasiado deseosos de proteger su legado y ecitaron correr los riesgos que pudieran conducirles a una derrota aparatosa.

Lo que la hace lucir peor es todo el andamiaje de grandeza que construyeron a su alrededor: la pelea del siglo, los dos mejores libra por libra frente a frente, la pelea más rica de todos los tiempos, la pelea que definitivamente volvería a encumbrar al boxeo.

No logró nada de esto y, de hecho, creo que hasta es posible que perjudique al boxeo a corto plazo. ¿A qué puede aspirar un deporte, cuando su pelea suprema no solo llegó, sino que pasó y siguió de largo sin pena ni gloria?

Por último, déjenme decir que no tengo dudas de que Mayweather debe pasar a la historia como uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, y que Pacquiao no debe estar muy lejos de él. Pero el Mayweather verdaderamente grande era aquel torbellino en las 130 libras que cogió a un invicto Chico Corrales y lo envió nueve veces a la lona, y el Pacquiao ‘Prime Cut’ era el que solito se dedicó a darle pesadillas a todos los mexicanos al liarse de tú a tú y a lo puro macho con los Erik Morales, Marco Antonio Barrera y Juan Manuel Márquez de este mundo, usualmente resultando victorioso.

Pero ninguno es o ha sido un gran peso welter.
Viendo la pelea de la noche del sábado, a cada rato me venían fogonazos que me hacían recordar las dos peleas de Leonard con Mano de Piedra Durán, y la verdad es que no había comparación posible.

En fin, eso es todo. Sigan durmiendo. Sé que fue una noche larga.

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.
(ceuyoyi@hotmail.com).
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