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Boxeo “a lo mexicano”

Cada vez que veo una pelea como la del pasado sábado, en la que Brandon Ríos demolió en tres episodios a Mike Alvarado en el tercer combate de una trilogía a sangre y fuego, recuerdo a otros peleadores que, tristemente, se caracterizaron por brindar combates encarnizados que complacían a la fanaticada en general del boxeo aunque a ellos les acortaba la carrera y, sin duda, les provocaba daños irreparables en el cerebro.
Recuerdo, por ejemplo, a Johnny Tapia, objeto de un conmovedor reciente documental de HBO; a Arturo Gatti, a Chico Corrales, a Bobby Chacón -quien tenía que andar con un papel guardado en su bolsillo en el que aparecía escrita su dirección, porque nunca recordaba donde vivía-, y al peso completo Jerry Quarry, a quien un amigo tenía que peinar cuando iba a salir ya que él había olvidado cómo hacerlo.
Claro que muchos de estos peleadores no eran mexicanos. De hecho, predominaban entre ellos, al igual que Ríos y Alvarado, los estadounidenses de ascendencia mexicana, lo que tal vez podría dar pie a la teoría que aquellos peleadores que muchos no consideran mexicanos de pura cepa son los que, para compensar, optan por pelear con más salvajismo suicida, como para probar su mexicanidad.
Pero todos exhibían lo que con el tiempo se ha llegado a conocer como el “estilo mexicano”: un ataque frontal “a lo puro macho”, en el cual el atacante está dispuesto a absorber muchos golpes, con tal de conectar los suyos.
Recientemente, incluso campeones provenientes de la Europa oriental, tales como el kazajo Gennady Golovkin –quien ha subido al ring con un sombrero mexicano- y Evgeny Gradovich, conocido como el “ruso mexicano”, se han cantado fervientes seguidores de este estilo.
Y, por lo regular, los creyentes en el llamado “estilo mexicano” se expresan con repugnancia en torno a los peleadores que, por el contrario, prefieren boxear, pese a que México también ha tenido su cuota de grandes campeones que, si bien nunca reuhían el combate, no necesariamente peleaban siempre a lo puro macho: Salvador Sánchez, Finito López, el Marco Antonio Barrera de su segunda etapa… hasta el mismo Canelo Alvarez.
Puerto Rico, por el contrario, ha tenido numeroso campeones que en su momento han sido tildados de ‘correlones’, tales como Wilfredo Benítez, Macho Camacho, Iván Calderón y muchos más, pero lo cierto es que incluso los grandes pegadores boricuas –desde Wilfredo Gómez, hasta Edwin Rosario, Tito Trinidad y Miguel Cotto– han sido fajadores que también podían boxear, y que nunca o casi nunca atacaban frontalmente y descartando la defensa con tal de probar su machismo y complacer a ese sector de la fanaticada boxística que prefiere el tipo de boxeo que parece un pariente no muy lejano de las corridas de toros.
En fin, el sábado HBO presentó desde Broomfield, Colorado, el tercer duelo entre el multitatuado welter Brandon Ríos (natural de Lubbock, Texas, ahora 34-2 y 24 nocauts, excampeón ligero de la AMB y suspendido seis meses por dar positivo a una droga ilegal a raíz de su derrota ante Manny Pacquiao en noviembre de 2013) y el también multitatuado Mike Alvarado (natural de Denver, Colorado, ahora con 34-4 y 23 nocauts y excampeón interino de a OMB para las 140 libras).
Alvarado, de paso, fue arrestado tanto en septiembre de 2014 como a principios de enero -cuando se le halló un arma- y, según informes periodísticos, tal vez solo entrenó unas dos semanas para su combate decisivo contra Ríos.
Luego del encuentro, en el cual fue apabullado durante tres episodios y no pudo salir al cuarto asalto, Alvarado, ya con 34 años de edad y tres derrotas seguidas en las costillas, reaccionó a las múltiples recomendaciones de que se acoja al retiro diciendo que la derrota se había debido a que no había entrenado como habؙía debido.
“Esto es lo que saco por no haberme preparado bien”, dijo. “Una cosa es si hubiera dado lo mejor de mí y aun así hubiese perdido, pero sé que no fue así”.
Son las palabras de un hombre que estuvo dispuesto a quedar masacrado por una bolsa de $785,000 y que, de cierto modo, parece seguir los pasos de los Johnny Tapia y Arturo Gatti de esta vida.
Por otro lado, Robert García, el entrenador de Ríos, prefirió elogiar el buen boxeo demostrado por su peleador: “Hizo la mejor pelea de su vida: hizo que Alvarado fallara mucho, se mantuvo en la punta de los pies, tuvo buenos movimientos de cabeza…”.
Es decir, Ríos se convirtió en un digno exponente de la vertiente más inteligente del boxeo “a lo mexicano”.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.
(ceuyoyi@hotmail.com).

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