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El McSueño de los Arroyo

El 11 de junio de 1982-, en mi primer viaje a Las Vegas, me tocó cubrir la defensa que hacía Wilfredo Gómez de su cetro supergallo del CMB ante el mexicano Juan Antonio López, a quien enfrentaba por segunda ocasión.

Pero por carambola me tocó cubrir también la pelea estelar de ese programa que presentó el promotor Don King en el Caesars Palace: la tan promocionada defensa titular del campeón pesado Larry Holmes ante “la gran esperanza blanca”, Gerry Cooney, entrenado por el puertorriqueño radicado en Nueva York, Víctor Valle.

Se trató de la primera pelea de la historia en la que la bolsa de ambos peleadores fue de $10 millones, y Holmes, con razón, se pasó quejándose del tono racial que King le había inyectado a la promoción, además de argumentar que, de no haber sido blanco, Cooney -un invicto noqueador que en realidad no había peleado con casi nadie- jamás hubiese soñado con ganar lo mismo que un invicto y reputado monarca que ya llevaba 11 defensas en las costillas.

En fin, en el programa peleaba también el hermano menor de Larry, Mark, un invicto y cotizado peso mediano que, lamentablemente, nunca llegó a nada.

Pero sí me dio una cita que todavía atesoro como una de las más simpáticas y honestas que me han dado en mi carrera.

Al toparme con él a la entrada del hotel cuando, al parecer, regresaba del gimnasio, lo saludé y le pregunté que qué pensaba acerca de la pelea de su hermano.

En vez de soltarme alguna frase manoseada –“tengo plena confianza en su victoria”, etc.-, los ojos y el resto de la cara se le iluminaron en una sonrisa.

“¿Sabe qué?” me dijo, “Me la paso soñando con esa pelea. Y en todos los sueños pasa lo mismo: Larry le da un derechazo y la cabeza de Cooney sale volando…”.

En efecto, la realidad no fue tan cruenta, pero Holmes terminó?noqueando en el decimotercer asalto.

El recuerdo me salió a flote en la mente el viernes pasado cuando, en la Copa Alcalde de boxeo aficionado celebrada en el Coliseo Fernando ‘Rube’ Hernández de Gurabo, vi a McJoe Arroyo trabajando como entrenador-jefe de los peleadores del Gimnasio Fito Ramos, de Fajardo.

Claro que el McJoe sigue activo y apenas tiene 28 años, pero hace par de años, en vista de la poca actividad que estaban teniendo en el profesionalismo, el alcalde fajardeño Aníbal Melendez les dio a McJoe y a su gemelo McWilliams sendas plazas en el Fito Ramos como asistentes del entrenador de ambos, Anthony Otero.

Ahora, sin embargo, las carreras de McWilliams y McJoe han vuelto a entrar en cancha y McWilliams, con marca de 15-1 y 13 nocauts después de haber paticipado en las Olimpiadas de 2008 y de coronarse como campeón mundial aficionado en 2009, estará peleando el miércoles en Tailandia con Amnat Ruenroeng (13-0 y cinco) por el cetro mosca de la FIB.

Y McJoe, quien ganó bronce en el Mundial Aficionado de 2007 y estuvo junto a su hermano en los Juegos de Beijing en 2008, está clasificado segundo por la FIB en las 115 libras y probablemente también disputará la corona este año.

“Ese ha sido siempre el sueño de nosotros”, me dice. “Primero era ir a una olimpiada y, después, ganar un título mundial”.

Y, claro, no le molesta en lo más mínimo que McWilliams tenga la primera oportunidad de hacerlo realidad.

“El es el mayor”, sonríe, aludiendo al hecho de que McWilliams se le adelantó algunos minutos en llegar al mundo.

Lo que sí parece afectarle un poco a McJoe, naturalmente, es no poder estar junto a su hermano en Tailandia.

“En todas las peleas internacionales que él ha hecho yo he estado”, dice, “pero yo no podía ir para allá, porque tenía que continuar mi preparación aquí”.

Claro que se mantienen en comunicación continua y hablan todos los días: “Horita lo llamé y él se estaba levantando para ir a correr”, me dice cuando aquí eran las ocho de la noche.

Pero tanto McWilliams como McJoe conocen bien a Ruenroeng, quien peleó en la misma olimpiada de 2008 así como en el Mundial de 2007, donde ganó bronce como minimosca mientras McJoe lo ganaba en el peso gallo.

“Es un buen boxeador, un boxeador que boxea más de lo que se faja”, dice McJoe.

Y, aunque muchos consideran que su hermano hasta debiera ser favorito para destronar al campeón y el mismo McJoe cree que “tiene una posibilidad bien grande”, él también piensa que “no va a ir muy confiado: es muy difícil saber lo que un peleador va a hacer en una pelea a base de lo que ha visto en las peleas anteriores”.

“La clave para McWilliams va a ser no desesperarse”.

Es algo que McJoe parece estarse diciendo también a sí mismo: no desesperarse porque no va a poder estar junto a su hermano, para, si todo sale bien, celebrar juntos el sueño de toda una vida.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y publicó recientemente su primer libro, San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.

(ceuyoyi@hotmail.com).

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