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Golpes bajos

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Los expertos a veces se equivocan

Cuando recientemente se anunció la cartelera del 9 de agosto en el Barclays Center de Brooklyn, en la que el descendiente de boricuas Danny García expondrá por primera vez sus cetros de las 140 libras después de su cerrada victoria del 15 de marzo en Bayamón ante Mauricio Herrera, la reacción de varios de los principales cronistas boxísticos de Estados Unidos vino acompañada de los gemidos propios de un ataque de nauseas.

Por ejemplo, Sean Crose, de Boxing Insider, se quejó de que el peleador anunciado para retar a García, Rod Salka, no tan solo no aparecía ni remotamente en los ‘rankings’ de ningún organismo, sino que apenas cuenta con tres nocauts en su récord de 19-3.

Y Dan Rafael, de ESPN.com, emitió un ‘tuit’  calificando de ‘basura’  esa cartelera de la Golden Boy Promotions que incluirá, en la transmisión de Showtime, una defensa del campeón junior welter de la FIB, Lamont Peterson, ante Edgar Santana.

“Como si la gente necesitara de este tipo de peleas de presentación para luego interesarse en una pelea unificatoria entre Peterson y García”, escribió.

Bueno, no seré yo quien defienda los méritos de Salka -de hecho, se dice que es probable que consigan a otro retador y se ha mencionado el nombre del neorrican Gabriel ‘Tito’  Bracero– pero sí puedo hablar un poco de Santana.

Apodado El Chamaco, Santana, nacido en Manatí, llegó a Nueva York con su familia cuando tenia ocho años de edad y creció en Spanish Harlem, donde comenzó a boxear a instancias de unos amigos para escapar del asfixiante entorno de drogas y criminalidad.

Como profesional, comenzó a hacerse un nombre desde principios de la década pasada, cuando también estaban surgiendo buenos peleadores neoyorquinos de sangre boricua como Luis Collazo y Jeffrey Resto.

Y en 2008, de hecho, Santana consiguió la victoria más importante de su carrera, cuando superó dos caídas para derrotar por decisión unánime en Miami al californiano Josesito López, quien para entonces tenia récord de 22-2 y 12 nocauts y luego vencería a Víctor Ortiz y retaría a Canelo Alvarez por la corona junior mediana.

Con ese triunfo, Santana, considerado un buen pegador, mejoró su marca a 24-3 con 14 nocauts y parecía encaminado a una oportunidad titular.

Donde terminó, sin embargo, fue en la cárcel: cumplió cuatro meses en la notoria prisión de Rikker’s Island luego de que se le vinculara con una ganga que supuestamente utilizaba el correo para entrar drogas al país.

Aunque salió de la cárcel deseoso de proseguir su carrera, Santana, quien ahora cuenta con 35 años,  encontró que muchas puertas se le habían cerrado y no fue sino hasta 2011 que reencontró la actividad, amasando desde entonces un récord de 5-1 con cinco nocauts.

Mi viejo amigo Víctor Machado, el entrenador boricua radicado en Nueva York al que yo siempre consulto acerca de los peleadores boricuas de la gran urbe, me dijo sobre la pelea: “Ese Peterson no tiene quijada… si Santana le conecta bien lo puede noquear”.

La teoría de la supuesta falta de quijada de Peterson (32-2-1 y 16 nocauts) posiblemente tiene su base en la aparatosa derrota por nocaut en tres asaltos que sufrió en su penúltima pelea ante el argentino Lucas Matthysse.

Entretanto, el también veterano entrenador boricua radicado en Nueva York, Nelson Cuevas, quien pertenece al grupo de trabajo de Santana en el Mendez Boxing Gym de Manhattan, también se expresó con positivismo.

“Es una pelea fuerte, una buena pelea, pero creemos que tenemos un chance ahí”, me dijo. “Santana tuvo sus problemas en el pasado y estuvo un tiempo sin pelear, pero ahora esté de regreso y, como decimos, está que corta”.

“Pero lo más importante de todo es que es un buen hombre”.

Aún faltan varias semanas para la pelea, pero desde ya estoy deseando que Santana gane… aunque solo sea para probar una vez más que hasta los grandes expertos en boxeo a veces meten la pata… hasta home.

LA DERROTA DE GAMBOA

Por otro lado, uno de los temas constantes de los narradores de la transmisión sabatina de la dramática pelea de Yuriorkis Gamboa con Terence Crawford fue que los peleadores cubanos, de larga trayectoria en el aficionismo, donde se pelea a tres asaltos, luego como profesionales suelen desinflarse cuando sus peleas pasan de esa distancia.

Y lo utilizaron hasta la saciedad para explicar c?ómo, luego de dominar claramente los primeros cuatro asaltos, Gamboa, un excampeón olímpico, cayó a la lona en el quinto y fue un peleador totalmente diferente hasta que perdió su invicto al caer por nocaut en el novenoepisodio.

Es una teoría interesante… pero falsa. Por lo menos yo recuerdo a ese mismo Gamboa dándole leña a Orlando Salido en el duodécimo asalto de una de sus defensas como peso pluma. Y, en combates más recientes, a Erislandy Lara superando dos caídas para noquear al Perro Angulo en el décimo episodio o al peso completo Mike Pérez fajándose durante 10 fogosos episodios con el invicto Magomed Abdusalamov y a Guillermo Rigondeaux paseando durante 12 episodios a Nonito Donaire.

Y, yendo más atrás, recuerdo a Diosbelys Hurtado intercambiando caídas y fajándose durante 11 asaltos con Pernell Whitaker antes de sucumbir en el undécimo episodio de otro clásico combate.

No, Gamboa no decayó frente a Crawford por ser cubano o haber hecho demasiadas peleas en el aficionismo, sino porque estaba peleando con un verdadero peso ligero que, para colmo, no carecía de recursos boxísticos ni de inteligencia sobre el ring y frente al cual no tenia más remedio de atacar y arriesgarse en todo momento.

Si no puede regresar a las 126 libras, su mejor opción es bajar a las 130… y rápido.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y publicó recientemente su primer libro, San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.

(ceuyoyi@hotmai.com).

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