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Drama humano en el Coliseíto

Parecía una escena montada por un escenógrafo con un gusto por lo melodramático.

En el ring del coliseíto Pedrín Zorrilla, dos peleadores estaban enfrascados a golpes la noche del sábado pasado, como parte de la cartelera en que se disputaban las finales del torneo Isaac Barrientos de boxeo aficionado.

Uno de ellos, un fuerte peleador zurdo llamado Luis Aponte, vestía el uniforme de la esquina azul, y dirimía el título nacional de las 178 libras con Fabián López, de Caguas. 

Un sector de las gradas estallaba en vítores y gritos de estímulo cada vez que Aponte colaba un puño. El sector tenía su particularidad: todos eran hombres jóvenes y todos vestían camisetas blancas.

En resumen, todos eran confinados de la cárcel de Bayamón y compañeros de Aponte, quien, gracias a un permiso especial -y gracias a los esfuerzos que el excampeón Luvi Callejas lleva haciendo durante 10 años para fomentar que los confinados puedan practicar el boxeo-, estaba gozando de algunas horas de contacto con la “libre comunidad”. 

Aunque fuera a puño limpio.

Además de poder vitorar a su compañero y de estar también en la “libre comunidad”, los confinados espectadores estaban disfrutando de otras cosas más: cerca de ellos se encontraban sentados muchos de sus familiares, alegres y fiesteros por estar cerca de sus seres queridos fuera de las intimidantes paredes carcelarias.

Incluso cuando los oficiales de corrección los bajaron en fila india para que fueran al baño, los familiares -incluyendo muchas madres- corrieron alegremente junto a ellos, con tal de no desaprovechar la más mínima oportunidad de estar cerca de sus querendones caídos en desgracia.

Más aún, Callejas me había asegurado que, de ganar Aponte la pelea, y convertirse en un serio aspirante a formar parte de la selección nacional de boxeo que representará a la Isla en los Juegos Centroamericanos de Veracruz en noviembre, él no dudaba que José R. Negrón, el secretario de Corrección y Rehabilitación, hiciera lo que hubiera que hacer para que el confinado viajara como parte de esa delegación.

“El secretario tiene muchas cosas en mente con el boxeo”, me dijo.

Una de ellas, me explicó, se estaba evidenciando en este torneo, donde, por primera vez, también se había permitido la participación de un confinado (Wesley Diez, de la cárcel de Guayama) en la categoría juvenil (menos de 19 años).

Al rato me percaté de que uno de los espectadores que se encontraba de pie junto a mí en las cercanías del ring, observando con gran atención la pelea de Aponte con Fabián López, era Alex de Jesús, mejor conocido como ‘El Pollo’.

Yo sabía que hacía poco él había salido de la cárcel de Bayamón luego de cumplir más de cuatro años por violencia doméstica y que, antes de eso, cuando seguía preso, en algún momento se le había permitido pelear en una cartelera, por lo que era lógico que se sintiera identificado con lo que estaba viendo.

Aunque no era exactamente lo mismo: al momento de entrar en problemas con la ley, hacía tiempo que el zurdo De Jesús había dejado atrás el aficionismo, donde había ganando la medalla de plata en los Panamericanos de 2003 y representado a la Isla en las Olimpiadas de 2004, y ya había amasado como profesional un récord de 19-1 con 13 nocauts peleando primero en el peso ligero y luego en las 140 libras.

Ante preguntas mías, con la precisión de fechas que me imagino que debe ser característica de todo aquel que ha estado contando el paso de los días, De Jesús, ya con 30 años de edad, me dijo que había salido de la cárcel el 21 de diciembre y que el 28 de agosto de 2010 le habían dado permiso para pelear en el Coliseo Mario ‘Quijote’ de Morales “cuando Iván Calderón perdió por primera vez” (ante Giovanni Segura).

En ese combate, De Jesús, residente del residencial Manuel A. Pérez, derrotó por decisión en seis asaltos a José Angel Román.

Cuando le pregunté por qué no había vuelto a pelear, pensando que tal vez Corrección no le había dado la oportunidad, él me explicó que no había sido así: “Yo mismo la desaproveché”, dijo. “No me sentía tranquilo… sicológicamente no estaba bien”.

“Después de aquella pelea, lo que más me frustró fue tener que regresar a la cárcel otra vez. Me dije, ‘¿Qué es esto? Otra vez a lo mismo”.

“Y no tuve deseos de volver a pelear”.

Entonces, De Jesús, quien actualmente entrena en el gimnasio de Parcelas Falú con la esperanza de reaparecer en marzo, compartió conmigo lo que parecen haber sido las dos grandes enseñanzas que extrajo de su estadía tras las rejas.

“En la cárcel hay mucho talento, no solo para boxear, sino en todo: cantantes, artesanos, jugadores de baloncesto… y todos se merecen una oportunidad”, dijo en primera instancia.

Pero entonces agregó: “El ser humano no está hecho para estar preso”.

De paso, aunque hizo un gran combate, Aponte perdió su pelea.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y acaba de publicar su primer libro, San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.

(ceuyoyi@hotmail.com)

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