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Sulaimán: polémico e innovador

El fallecimiento del líder boxístico mexicano José Sulaimán a la edad de 82 años ha provocado la catarata de lamentos y de elogios que suele haber al desaparecer una figura de gran magnitud. Pero junto a ellos, con la timidez propia de quien no quiere hablar mal de una persona que ya no puede defenderse, han surgido los señalamientos negativos sobre el largo historial del presidente cuasi eterno del Consejo Mundial de Boxeo.

Hablaré primero de lo positivo: Sulaimán es el responsable directo de algunas de las medidas tomadas en las últimas décadas en aras de proteger la salud y el bienestar físico de los peleadores… hasta donde es posible en un deporte que precisamente consiste en hacerse daño el uno al otro.

Entre estas se encuentran la reducción de los combates titulares de 15 a 12 asaltos y designar los pesajes para el día antes, y no la misma mañana del día de la pelea.

Ambas medidas vinieron respaldas por extensas investigaciones médicas y fueron, sin duda bien intencionadas. Más aún, poco tiempo después prácticamente todos los organismos de boxeo profesional siguieron las iniciativas del CMB.

En tiempos más recientes, sin embargo, Sulaimán, quien prácticamente en cada convención del CMB anunciaba su retiro a la presidencia que ocupaba desde 1975, solo para cambiar de opinion cada vez que el pleno del organismo le suplicara su permanencia por aclamación, tuvo menos éxito con otras iniciativas: por ejemplo, la de anunciar cada cuatro asaltos la votación de los jueces, con tal de controlar las decisiones más descabelladas.

Y muchos señalan que el CMB y Sulaimán fueron los gestores de la moda actual de crear títulos mundiales de todo tipo: interinos, en receso, diamante, plata, desvirtuando aún más la validez de tener un campeonato mundial.

Sulaimán decía que lo hacía por darles más oportunidades a los peleadores, pero sus críticos aducían que era más bien buscando más ingresos económicos, ya que los organismos cobran un porcentaje de las bolsas cada vez que avalan un combate titular y, con tantos organismos haciendo la competencia, la cosa estaba cada vez más dura.

Finalmente, para mí uno de sus principales logros fue el de darle al boxeo latinoamericano una figura rectora prominente y sólida, poniendo énfasis en el bienestar del boxeador mexicano en particular y del latinoamericano en general, al surgir poco después de que el boxeo mundial emergiera de la oscuridad del boxeo dominado tras bastidores por los manejos de la mafia norteamericana.

Claro que a través de los años fueron muchos los que cuestionaron la propia rectitud de Sulaimán, quien, según decían muchos comentaristas, por mucho tiempo se comportó como si fuera socio de otro maestro de la controversia: el promotor Don King.

Como escribió ahora Dan Rafael, de ESPN.com, uno de sus críticos más acérrimos, Sulaimán a veces ni se preocupaba en esconder un poco sus preferencias, “inventándose reglamentos a la carrera para proteger a algún amigo o entorpecerle el camino a un enemigo”.

Rafael recordó en particular cómo en uno de esos manejos, Sulaimán estuvo a un chin de declarar en quiebra al CMB al perder en una corte federal norteamericana la demanda por más de $30 millones que le entablara el peleador alemán  Graciano Rocchigiani, quien, luego de haber vencido a Michael Nunn por el trono de las 175 libras que acababa de dejar vacante Roy Jones, Jr., vio cómo el CMB le retiraba el campeonato y volvía a entregárselo a Jones cuando este cambió de opinión.

Y, según recuerda Rafael, el CMB, que incluso le había dado la faja campeonil al peleador, luego trató de zafarse del enredo argumentando que nunca había reconocido a Rochigiani y que la presencia de su nombre en los ‘rankings’ como nuevo campeón semipesado se había debido a un “error tipográfico”.

Para muchos, sin embargo, más espeluznante fue su participación en la trama para tratar de anular la derrota titular de Mike Tyson ante Buster Douglas en Japón, presionando abiertamente al árbitro mexicano Octavio Meyrán para que admitiera que había errado en su conteo a Douglas luego de su caída en el octavo asalto, y que, por consiguiente, el resultado debía ser alterado para reconocer un triunfo de Tyson por nocaut.

Dicho todo esto, sin embargo, también hay que decir que Sulaimán era una figura agradable, carismática, simpática. Cuando uno lo llamaba para hacerle una entrevista, era de los que primero preguntaba cómo uno estaba, y cómo estaba su familia.

Así, aunque en algún momento escribí que, junto a Yamil Chade –su amigo personal- y a Don King, Sulaimán formaba un triángulo de las Bermudas del cual difícilmente escapaba algún boxeador, ahora tambien quiero reconocer que, al igual que Yamil, fallecido ya  hace unos años, y el propio Don King, José Sulaimán era, por encima de todo, una figura que caía bien… y que uno sabe que no va a tener más remedio que empezar a extrañar.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y acaba de publicar su primer libro, San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad.

(ceuyoyi@hotmail.com)

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