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Al Pueblo popular:

En los pasados días se ha verbalizado una gran discusión pública sobre lo que puede ser legal pero a su vez es inmoral. Los principios fundacionales de una organización política que hace exactamente un mes cumplió 80 años, chocan con el núcleo de lo que se ha discutido hasta la saciedad en los pasados días. Este dilema son los más recientes acontecimientos en el Partido Popular Democrático. Me dirijo desde esta tribuna al pueblo popular. Al que he visto en las buenas y en las no tan buenas, los que han estado cuando el partido ha necesitado. Pueblo que cuando hemos perdido en noviembre, ya en enero están disponibles para colaborar en diversas formas para reorganizar y levantar la institución que don Luis fundó.

Lo acontecido en los pasados días es inaceptable. La conexión que pueda existir –por más ínfima que sea- con la firma DCI group y algunos miembros de nuestro liderato es reprochable. DCI atacó a Puerto Rico y a nuestro Gobierno. Sus ataques frontales contra el gobernador Alejandro García Padilla y Puerto Rico se efectuaron mientras en el congreso de los Estados Unidos, tanto el Gobernador como el Comisionado Residente Pierluisi, buscaban alternativas de quiebra y reestructuración para nuestra deuda pública.

A la par que el liderato de entonces hacía hasta lo imposible por un obtener una estructura legal que le permitiese a Puerto Rico auditar y reestructura su deuda, en periódicos como en el New York Times, a página completa, DCI promovía mentiras sobre nuestro Gobierno. Ese tipo de manipulación pública fue más poderoso que cualquier reclamo justo y sensato que pudiesen hacer tanto el Gobernador como el Comisionado Residente. Las calumnias provocaron la aprobación de Promesa y con ello su estructura anti democrática e injusta para nosotros aquí en todo el País.

El lunes pasado se inició una conversación profunda en nuestra colectividad. Cuando mi partido cumplió 80 años el pasado 22 de julio, fueron muchas las opiniones sobre la relevancia del Partido Popular en nuestro círculo político. La situación de DCI ha sido un “jamaqueón” fuerte pero necesario. Hacía falta. Con el han salido a relucir los “true colors” de cada quien. He visto los que han justificado la existencia de esta conexión por mera conveniencia, he visto también los que la han criticado con oportunismo para adelantar sus candidaturas y también he podido ver y leer a los que han realizado una profunda reflexión sobre lo que institucionalmente debe representar el Partido Popular Democrático en pleno siglo XXI.

No puede existir espacio en nuestro partido para los buitres, ni de cerca. Los populares estamos claros de que nosotros representamos la fuerza política más sólida, que además de hacer un frente coherente contra la estadidad, reafirma sin miedo que somos una nación y que Puerto Rico como colectivo va siempre primero ante todo. Mi partido está con los servicios esenciales y la gente nunca de forma contraria.

Lo sucedido en la Junta de Gobierno tiene su cauce final en la próxima Asamblea General. El pueblo popular emitirá su veredicto en cuanto a este tema. Allí decidiremos si nos hacemos de la vista larga en este asunto, o si por consiguiente aprovechamos esta oportunidad para corregir lo malo, reenfocar lo positivo y ampliar las bases para un movimiento que esté a la altura de estos tiempos y que sea representativo de la pluralidad social de Puerto Rico.

El momento de rectificar y marcar un nuevo rumbo es ahora. Nos toca salvar el prestigio de nuestra institución, que a sus 80 años se lo ha ganado sirviendo bien a Puerto Rico. Cuando más nuestro País ha necesitado, el Partido Popular Democrático no ha titubeado en decir presente. De esta crisis estoy convencido que saldrá una gran oportunidad. El País nos observa cautelosamente, ahora le toca al Pueblo popular actuar.

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