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La perspectiva de género en la lucha feminista

Equidad de género es un concepto que empecé a escuchar para el año 2013. Para ese entonces en la Asamblea Legislativa se debatía el proyecto del Senado 238 y el proyecto de la Cámara 488. Por meses en Puerto Rico se libró una confrontación entre liberales y conservadores sobre los derechos a la comunidad LGBTT. Gracias a la valentía del liderato de entonces y al cabildeo ciudadano, prevaleció el amor y la razón.

Para ese entonces fungía como asesor en la Cámara de Representantes, la discusión del tema provocó primeras planas en todos los periódicos y me llamó la atención que el concepto “equidad de género” se convirtió en algo relacionado únicamente a la comunidad LGBTT. Mi generación, que creció en un Puerto Rico machista y patriarcal, no recibió una educación con perspectiva de género adecuada y por consiguiente se le hace complicado entender que el hablar de equidad de género, es hablar de todos los géneros incluyendo a la mujer.

La lucha por el reconocimiento igualitario de la mujer está lejos de llegar a una meta social victoriosa. Todavía en nuestro país la mujer se encuentra rezagada del hombre. Hay generaciones en Puerto Rico donde el machismo existe de forma cruda e imperdonable. El acto es reprochable y ese germen ha contaminado hasta a las propias mujeres. Sí, existen hombres machistas y mujeres machistas. Las segundas al igual que los primeros son víctimas de sus circunstancias y de una visión de mediados del siglo XX, en donde la mujer asumía un rol de conformismo y sumisión con muy pocas excepciones a la norma.

Me produce una satisfacción enorme el saber que mi generación, criticada muchas veces en otras circunstancias sociales, está creando conciencia social en el tema feminista que generaciones anteriores decidieron obviar. Haber soslayado ese tema es lo que ha provocado que el machismo todavía tenga latidos de vida en Puerto Rico. Si hubiésemos atendido este tema de forma vanguardista hace tres décadas, no me cabe la menor duda de que seguramente mi generación para el 2013 hubiese sabido que la lucha por la equidad de género involucra igualmente a la mujer y, en el 2017 con mucha probabilidad, tampoco hubiesen en La Fortaleza personas de mi generación encubriendo los casos de acoso sexual de la Compañía de Turismo.

En el andar, queda mucho por conquistar en la brecha de la desigualdad social boricua. Nos queda reconocer que el hecho de que un si niño varón llora no es indicio de ser afeminado, y que si una niña juega con niños varones no significa que ella es menos femenina que otras niñas que no lo hacen. Eso son los estereotipos absurdos impuestos por la sociedad y que de cara al futuro tenemos que extinguir.

Ningún rol debe de existir para ningún género, más allá del que haga a una persona feliz al momento de asumir alguno.

El respeto a la intimidad y a que la mujer decida que hacer y como vivir, debe ser un principio respetado por todas y todos. La mujer puertorriqueña y la mujer, desde una visión más humanista global nunca debe de estar por debajo de nada ni de nadie. El rol de la mujer tiene y debe ser el que ella decida, ninguna fuerza debe limitarle los sueños a una niña de aspirar a emprender de forma imponente en la sociedad. La lucha no es solo de ellas, nosotros, que vemos, actuamos y reflexionamos, tenemos una obligación de ser solidarios y abrir paso.

Continuemos la conversación en Twitter: @mcalderoncerame

 

 

 

 

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