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Conversemos en el 2018

Hoy finaliza el 2017. Para Puerto Rico ha sido un intervalo agobiante en todos los sentidos de la palabra. Me parece que podemos reflexionar y concluir que, en el 2017 la vida de todo puertorriqueño cambio radicalmente. Desde el rico hasta el pobre, desde el joven hasta el viejo, en la montaña o en la costa, a todos nos cambio, a todos nos probó, a todos nos hizo sentir impotentes. El mero hecho de vivir en un país que quedó incomunicado por días, nos provocó un desespero social sin precedentes. María será un capítulo notable en nuestra historia moderna. A más de cien días de su paso, todavía hoy, último día del año, hay compatriotas que no tienen luz y lugares remotos en el centro de la isla donde las telecomunicaciones son inexistentes. Para ellos, en su mayoría gente pobre y con necesidades apremiantes, que se hacen llamar así mismos como los “olvidados”, son seres a los que los recuerdos del 2017 nunca se les borrarán.

No solo fuimos víctimas de una catástrofe natural. La aprobación de la Reforma Contributiva de los Republicanos nos ha puesto un reto económico enorme por delante. Los empleos de unos 70,000 puertorriqueños están en juego durante los próximos años. Es hora de librar una confrontación interna de lo que como pueblo mejor nos puede funcionar en una relación con los Estados Unidos. La incompetencia de la administración de Ricardo Rosselló, la ceguera ideológica de la mayoría del liderato del partido en poder y el agotamiento de un modelo político-económico creado en 1952, nos han dado una lección importante en el 2017. Resulta que el liderato político de los Estados Unidos no está para nada en sintonía con nuestro país. Podrán organizarse allá para el voto puertorriqueño, pero en los pasillos de Washington DC, ni la estadidad, ni el desarrollo político de Puerto Rico son prioridades en estos tiempos. El vacío de liderato dentro de las estructuras que nos gobiernan pondrá de cara al 2018 a mi generación a prueba, nos tocará demostrar nuestra madera; no hay espacio para ser espectadores.

Si de algo sirvió el año, es para entender que el poder de la madre naturaleza no encuentra límites. Hemos sido ingratos con ella y en consecuencia, enfrentamos un Calentamiento Global que es un asunto real y serio. El tema ha sido poco discutido en Puerto Rico y amerita análisis, estrategia y portavoces.

Puerto Rico necesita conversar. Es hora de dialogar con claridad y sensatez los asuntos que le competen con urgencia al país. ¿Qué vamos a hacer con la Autoridad de Energía Eléctrica? ¿Es factible sostener un monopolio público? ¿Cómo logramos reducir la dependencia económica? ¿Cómo volvemos a generar empleos? ¿Qué vamos hacer con el asunto de seguridad pública? ¿Cómo sostenemos la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo la hacemos más competitiva y autosuficiente? ¿Qué finalmente, haremos con el cannabis medicinal? La ley aprobada, ¿realmente es funcional y cumple con los propósitos, o es un obstáculo por una visión fundamentalista religiosa? ¿Cómo viabilizamos el cannabis recreacional? ¿Qué debemos hacer para ser un país más justo y con menos discrimen? ¿Cómo encausamos un proceso de autodeterminación para Puerto Rico que sea justo?

El 2018 debe ser el año de conversar como sociedad sin las estridencias sectarias tradicionales y sin la píldora partidista. El nuevo año puede ser o uno para crecer y madurar o, simplemente, para que en esta fecha, el próximo año, igual que hoy, nos estemos lamentando otra vez. De nosotros depende. Conversemos.

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