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La Reforma Contributiva Federal y su efecto en Cupey

Los republicanos amenazan nuevamente con la actividad empresarial de Puerto Rico. La discusión de la Reforma Contributiva de Trump en Washington DC ha tomado un giro peligroso para el sector manufacturero local. En la misma se discute la posibilidad de incluir un arancel de un 20% a las exportaciones de Puerto Rico a los Estados Unidos. Erradamente, desde pequeños nos dicen de forma semántica que la economía de Puerto Rico depende en su mayoría del turismo. Eso es falso. El 47% de Producto Interno Bruto de nuestro país es producido por el sector manufacturero.

La amenaza del arancel de un 20% es real, que sobre la mesa están en disputa unos 60,000 empleos directos y otros 250,000 empleos indirectos. La imposición de este arbitrio haría a Puerto Rico menos competitivo y a su vez le añadiría una carga contributiva a un sector industrial importante para nuestro país. La Ley Núm. 154-2010 conocida comúnmente como el “impuesto de las foráneas” le aporta al Fondo General del ELA, unos 2,000 millones de dólares cada año fiscal. Además, el conocido impuesto aporta un 30% de la liquidez que recibe el Departamento de Hacienda para confeccionar el presupuesto de nuestro país.

El tema, a mi juicio no ha cobrado la importancia que amerita en Puerto Rico. Los medios lo han reseñado muy poco y la verdad es que de aprobarse la Reforma Contributiva de los republicanos, el efecto adverso lo sentiríamos todos bien de cerca. Hace unos días el Representante Jesús Manuel Ortiz reseñó en un comunicado de prensa, que de aprobarse la Reforma Contributiva federal tal y como esta propuesta, provocaría la pérdida de empleos en pueblos retirados de la zona metropolitana. En su señalamiento, advirtió que por cada municipio donde están establecidas estas corporaciones foráneas, con la aprobación del arancel, miles de mujeres podrían quedarse sin trabajo. Más allá de ser un golpe devastador para nuestra fuerza laboral femenina, piense por un momento: ¿cuántas de estas féminas que actualmente están trabajando son madres jefas de familia? A cualquiera se le recrudece el corazón de solamente pensar en semejante atrocidad.

El sentido de urgencia y conciencia social me ha llevado a reflexionar sobre la zona en donde crecí. Cupey es un área residencial y comercial indispensable para el espacio común de San Juan. Conocida por ser un área urbana donde reside mucha gente de clase media. Mientras revisaba las estadísticas de los empleos de la manufactura en Puerto Rico, observé que una cantidad considerable de la gente que reside en Cupey son empleados de estas corporaciones manufactureras que mayormente se dedican a la creación de medicamentos y de equipo médico sofisticado. El golpe que recibiría nuestro entorno social y económico seria uno incalculable. La pedida de estos empleos y el efecto cascada que tendría en nuestra zona afectaría la actividad comercial de locales que con mucho esfuerzo y sacrificio hoy día se sostienen pese a los altos costos de electricidad y la contracción económica en general.

Nuestros pequeños y medianos comerciantes no pueden estar sujetos a que su actividad comercial se reduzca aún más. Luego del paso del huracán María, he podido ver de primera mano cómo entre solidaridad y aplomo se han unido para ayudarse, ya sea consiguiendo diésel para sus respectivas plantas o simplemente velando en cómo se pueden ayudar en colectivo. De igual forma, los residentes de esta zona y que trabajan o están relacionados con alguien que trabaje en el sector de la manufactura no deben de ser víctimas de este genocidio económico que se apresta hacer Donald Trump y la mayoría republicana en Cámara y Senado.

El llamado a la acción es necesario y para ello nuestros compatriotas en la diáspora son indispensables. Si tienes a algún familiar o amigo que resida en los Estados Unidos y vote, es importante que te comuniques con él o ella para que llame a la oficina de su senador y que pida que se enmiende el proyecto de la Reforma Contributiva para que se elimine el arancel de un 20% y que por consiguiente se le conceda a Puerto Rico un trato contributivo particularizado.

No es hora de discursos político-ideológicos, es momento de defender a la gente. La espina dorsal de lo que nos queda de economía está en jaque y se requiere valentía y verdadero patriotismo para ir en una sola voz ante el congreso federal. La falta de coordinación de la actual administración para presentar un discurso coherente allá es un atraso en cualquier agenda aglutinadora de voluntades. El tema requiere pragmatismo y seriedad para encontrar un cauce favorecedor a los intereses de los puertorriqueños.

Decían que María nos había unido como pueblo. Aún no recuerdo el día que nos desunió. Que en Washington no se materialice la separación, pues no habrá luz para nadie, ni para los que tienen planta.

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