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La importancia de trascender

Nacen estas letras cuando me he tomado más de un mes para reflexionar sobre el acontecer político local e internacional. Mientras nos perdemos de forma prácticamente narcisista en nuestras crisis locales, allá afuera hay un mundo que constantemente nos va dando lecciones de cambios en los estilos de hacer política. Yendo un poco más allá de las redes sociales y los nuevos vehículos de comunicación, la realidad es que el denominador clave para la existencia de los movimientos políticos tradicionales es trascender. La acción de trascender no es negar lo que uno es, o al movimiento político al que uno pertenece, sino que nos obliga a hablar más allá de las fronteras políticas tradicionales. Con un auge en los movimientos populistas tanto de derechas como de izquierdas, los movimientos políticos de centro enfrentan un reto enorme en la manera y forma de cómo estructurar un mensaje y comunicarlo.

La política es una ciencia que no es exacta, cambia a raíz de circunstancias históricas, sociales y económicas. Estas tres variables son usualmente aspectos determinantes para poder formular un mensaje político coherente y que reciba oído. La crisis financiera y política mundial ha traído como remanente varios aspectos nuevos e interesantes que nos obligan a pensar. En primer lugar, el auge populista se da a raíz de las comunicaciones rápidas y constantes. Ante lo agobiante que pueda ser la crisis y lo denso que pueda ser comunicar las razones y las alternativas a la misma, en las democracias modernas los mensajes simples y rápidos han ocupado un espacio generacional que preocupa mucho, el fenómeno ha llegado a occidente, a modo de ejemplo tenemos la debacle institucional en los Estados Unidos.

En segundo lugar, los movimientos tradicionales han sido víctimas de su propio ombliguismo y les ha costado mucho trascender sus fronteras electorales. En Puerto Rico, resulta que más allá del asunto ideológico, la crisis ha obligado que se hable más de los asuntos cruciales momentáneos; no es para menos, vivimos una crisis financiera y política sin precedentes.

El agravante está en que, mientras los movimientos políticos no trasciendan su mensaje, habrá quienes ocupen el espacio de cientos de miles de electores que sintieron el llamado de las candidaturas independientes, donde claramente su protagonistas abrieron un nuevo capítulo en la historia electoral puertorriqueña. En Puerto Rico hay algunas vertientes populistas pero no necesariamente han emergido como en otras partes del mundo, debido a que aquí es bien complejo estructurar la política partidista entre izquierdas y derechas, hay populares de derecha y penepés de izquierda. El asunto está en la urgencia del electorado por un cambio en los estilos y formas. Ese precisamente fue la razón del éxito de esas candidaturas que también fuerno salpicadas con algo de populismo.

Hemos presenciado varias lecciones para la política tradicional. Desde el boicot al pasado plebiscito del 11 de junio, hasta la misma primaria del PNP en Guaynabo el sábado pasado, que nos dio una lección de que por más maquinaria que tenga el Presidente del Senado, el pueblo PNP en Guaynabo decidió un cambio total en los estilos y en los círculos de poder en la alcaldía de Guaynabo.

Mientras el partido de poder recibe lecciones, el principal partido de oposición parece que no entiende la importancia de trascender más allá de su espacio político, y más aún tratándose de un partido de centro. Es urgente para el Partido Popular Democrático reconocer su pluralidad ideológica para así poder coexistir como un partido de mayorías en el espacio político puertorriqueño. Es menester para volver al poder lograr estructurar un mensaje que trascienda demás sectores político más allá de las fronteras tradicionales de nuestro partido, pues el mensaje de fiscalización al PNP y de que voten por nosotros porque únicamente somos la oposición ya dejó de ser suficiente. Hay que hablarle a las nuevas generaciones, hacernos relevantes en su que hacer social.

El país reclama un estilo coherente de unión de voluntades y que persista más allá de las elecciones. Que el punto de partida de esa gran unión sea la elaboración de programa de gobierno realizable y realista, que propende una agenda de transformación social y económica dirigida a atender necesidades básicas y esenciales para la gente como lo son: trabajo, salud, educación e infraestructura.

Ese objetivo para nada nos haría negar nuestra condición primaria de populares ni de nuestra tradición muñocista de servicio al país, ni mucho nuestro deseo de querer sostener una relación de asociación con los Estados Unidos en la naturaleza actual o en una vertiente no territorial que aspire al reconocimiento de nuestra soberanía.

El Partido Popular Democrático tiene una oportunidad histórica de poder ser un partido de centro que trascienda sectores y que dirija una unión de voluntades que realmente defiendan los principios de un gobierno honesto, transparente y en sintonía con la realidad social de nuestro país. De lo contrario, estaría mi partido, al que tanto amo y defiendo, jugando con un fuego que no es el “fuego popular” y, por consiguiente, apostando a su desaparición.

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