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La obra que se ve y se siente …

En días recientes he realizado el ejercicio tradicional que todo ciudadano debe de ejecutar cada cuatro años. Hablo de la compleja e insensata evaluación de la oferta electoral puertorriqueña. Más allá de la trivialización, y de los usuales vetos mutuos o dimes y diretes, en una sociedad con tantos problemas complejos como la nuestra, es un imperativo indispensable razonar sobre quienes habrán de asumir las riendas de nuestra fraccionada democracia.

Durante ese haber encontré, en ambos partidos de mayoría, un estribillo que suelen esbozar los incumbentes y que en mi análisis me resulta lastimoso. En esa magia que nace en la tribuna política, escuché varias veces: “la obra que se ve y se siente”. Confieso que la primera vez que lo escuché en un “live stream” en la página de Facebook de un político, me llevó a reflexionar si en realidad el electorado de mi país logra absorber y creer dicho estribillo. Es decir, Puerto Rico atraviesa por su más escabrosa y difícil situación fiscal y económica desde la Gran Depresión de los años 30’. Con ello, me parece que a raíz de los sucesos recientes, los políticos tradicionales recorren a obviar las realidades existentes y se adentran en una burbuja, producto de un espejismo que solo busca hacer creer al elector, que en su microcosmo todo está bien, y que a esos efectos la “obra se ve y se siente”.

Siempre he sido de la escuela de Tip O’Neill, de que “all politics is local”. Sin embargo, ante la cruda realidad que enfrenta Puerto Rico, llegamos a un momento en nuestra vida como país en donde, a mi manera de ver las cosas, el elector busca un candidato que pueda enfrentar y ante todo resolver los duros problemas fiscales y económicos del Gobierno de Puerto Rico. Es decir, los issues de campaña para estas elecciones rayan más en asuntos macros y generales que reducidos y específicos. El próximo gobierno tendrá que lidiar con los efectos de una Junta de Control Fiscal, así como el manejo del pago de la deuda pública del ELA y su eventual reestructuración.

Pretender crear un mundo paralelo ficticio, de que la crisis fiscal solamente afecta a un componente lejano y remoto llamado gobierno central, y que, por consiguiente, nada tiene que ver con el submundo que se pretende crear, no es algo que yo crea rentable políticamente en estos días. Todo el aparato gubernamental esta inter-conectado, y de una forma u otra el asunto de la deuda pública es responsabilidad de todos los oficiales del gobierno. Entiéndase con eso, a los oficiales electos y a los no-electos.

Creo que en todo esta crisis, que nos agobia y hasta nos humilla, existe un valor importante que se ha venido desarrollando llamado solidaridad fiscal. En otras palabras, por un asunto de prudencia pública, recurrir a elaborar falsas promesas de construir o realizar obra que claramente es irrealizable, o que si se llegaría a ejecutar sería fiscalmente adverso para el país, no creo que es lo que el país necesita y hasta en cierta manera quiere. En fin, por más que cada político pretenda crear su mundo paralelo, estamos todos en un mismo Puerto Rico. Responsabilidad electoral, es precisamente entender la magnitud de los problemas a los que nuestra isla se enfrenta y realizar que estamos todos navegando en un mismo barco, que aunque tal vez viejo, mohoso y con fallos mecánicos, es el que nos tocó usar y con el cual llegaremos a puerto, pues no existe otro modo real, salvo que usted decida creer los espejismos que algunos intentan vender.

La obra que se tiene que ver y sentir es más la de presentar vías y recursos para que, dentro de un pronunciamiento de solidaridad y comprensión, podamos sacar a Puerto Rico adelante con responsabilidad en el verbo y prudencia en la acción. 

#Equilibrio #Política #Juventud 

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