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Puerto Rico: Una quiebra de posibilidades

Para mantener nuestro sistema político, el gobierno decidió tomar prestado durante las últimas décadas sin identificar fuentes de repago. Pero la papa caliente termino de pasarse y nos hemos quemado las manos.

El primero de mayo se unieron miles de personas en un reclamo en contra de las medidas de austeridad propuestas por el gobierno. Las medidas de austeridad, incluyendo la eliminación de beneficios sindicales, recortes a la educación (más de 5o0 millones a la educación superior y cierre de escuelas) han sido propuestas como la medicina para la crisis. Vimos un pueblo cansado e indignado pero dispuesto a unirse para reclamar que un cambio político es indispensable.  Si algo es evidente en el Puerto Rico del 2017 es que un cambio contundente requerirá una reevaluación de todos los caminos económicos, sociales y políticos que nos han llevado a este punto. Se requerirá que reevaluemos si continuaremos los mismos caminos de los últimos 60 años.

En esencia, nuestra condición territorial nos trancó el juego de dominó. Con solo un botón bastó para observar en qué posición se encuentran los que defienden los intereses de los puertorriqueños. Por un lado, el gobernador Roselló se reunió en Washington DC con el fin de resolver el problema del acceso de Puerto Rico a los fondos federales de Medicaid y por el otro lado, el presidente Trump se mostró indignado, advirtiéndole a los estadounidenses de la mala idea de los demócratas en querer aprobar medidas en el Congreso para ayudar a la crisis de Puerto Rico. Ayer, como gota que colma el vaso, el gobernador anunció que Puerto Rico se acogería a la quiebra ante demandas por parte de los acreedores y que la Junta de Supervisión Fiscal (siete miembros no elegidos por los puertorriqueños) serán nuestros “defensores” en los tribunales.

Cuando se habla mucho de que el “status no es el problema sino los administradores” se entra en el debate sobre los relativos beneficios y costos del status quo actual y contrarrestarlo con el nivel de corrupción e incompetencia de nuestros líderes. Sin entrar en este debate sobre esta frase que considero errónea, una cosa es indiscutible. Cualquier logro y desarrollo que produzca un sistema (irrespectivo de costos y beneficios) tan sujeto a cambios fundamentales sin su consentimiento como es la condición actual territorial, carecerá de una base que podamos llamar confiable o duradera.

Algún Nazareno no habrá hablado sobre la diferencia entre el que construye su casa atope de la roca y el que la construye sobre la arena. La contestación debe ser una. O nos movemos hacia una nueva forma de hacer política, una plataforma de status donde se defienda los intereses del pueblo por encima de los vaivenes coloniales. Sin duda, la soberanía es una decisión que debemos considerar como pueblo. Reconsiderar nuestra situación y estudiar las alternativas es sinónimo de tomar las riendas del futuro de Puerto Rico en nuestras manos. Otras jurisdicciones a nivel internacional han pasado por situaciones similares por las que Puerto Rico hoy atraviesa, sin embargo, han contado con herramientas esenciales. Herramientas provistas por el Banco Mundial y por el Fondo Monetario Internacional.

Por ejemplo, el caso de Grecia en donde el Fondo Monetario Internacional (FMI) defendió el país ante la Unión Europea. Más aún, el FMI le prestó a Grecia 30 billones de dólares a través de préstamos de emergencia a bajos intereses.  Incluso para no irnos tan lejos, el Fondo Monetario Internacional otorgó un préstamo de $17.5 billiones a Ucrania de donde es oriunda la directora ejecutiva de la Junta de Control Fiscal, Natalie Jaresko.  El plan de rescate del FMI a Ucrania se otorgó a razón de cuatro años, liberando los fondos en cuotas, a condición de que el gobierno avanzara en las reformas económicas y anticorrupción.

En fin, en todos estos países como requisito de estas ayudas se les exigen muchas medidas similares como planes fiscales, análisis de sostenibilidad de la deuda y análisis de liquidez. Pero, a diferencia de Puerto Rico estos países gozan de soberanía que le permite tener la oportunidad de fondos externos para inyectarlos en la economía y préstamos de organismos internacionales. Es decir, tienen la oportunidad de negociar. En cambio, a nosotros nos acostumbraron a jugar en un tablero que siempre se nos cambia sin nuestra voluntad. Basta de jugar en un tablero que se mueve sin nuestro consentimiento, la soberanía representa la manifestación sumamente concreta de la voluntad de un pueblo cuyo marco de acción se dicta por su propio tablero.

 

 

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